| Nabarralde | NABARMENA |
Pablo Antoñana |
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| Envío | |
| Noticias de Navarra | |
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Remito este envío a los ilustres difuntos, Ángel María Pascual y José Antonio Iturri, que fueron cronistas devotos de la ciudad de Pamplona, su ciudad. Yo, como vecino estante, y sin más mérito ni derecho que el que a mí me atribuyo, les voy a contar, en voz sigilosa, con cautela, las últimas ocurrencias. Sé que ya no tenéis oídos para oír, ni ojos para ver, pero por si acaso. La cosa es que la alcaldía, estos días, ha invitado a los vecinos a que, por votación popular, elijan el cartel de San Fermín, es que estamos en democracia, dicen. Me ha sorprendido el interés por la consulta, ya que antes de construir el aparcamiento de la Plaza del Castillo 25.000 ciudadanos firmamos para pedir un referéndum sobre el caso pero el consistorio contestó "no ha lugar". Con el trivial motivo de los carteles, ahora sí, qué democracia. Los tribunales y sus tardanzas no llegaron a conocer de la razón de los firmantes, Iturri, ya sabes. En la excavación salieron esqueletos de moros mirando a la Meca, es decir, infieles, termas romanas, restos de castillos, y quienes debieron protestar y oponerse, catedráticos, intelectuales, los viejos pamploneses de toda la vida, no lo hicieron, callaron, ellos sabrán por qué, yo no. Los restos arqueológicos aparecidos, ellos sabrán donde están, y las teselas que solaban la plaza, con las flores de lis de los tiempos de la guerra del 36, reemplazadas luego por losetas, que se quiebran y el "entendido" del consistorio, a su vez las rellena con pelladas de cemento. Os digo que he contado más de veinte a la espera del albañil que venga con la paleta, la gamella, y la pellada a repararlas. Os digo de la profanación de la muralla, con ese armatoste mecánico, que conduce del esplendor de la Rochapea a lo patético de la calles viejas, mal adecentadas de la ciudad vieja. Han arrasado las huertas destinadas a parque, sin consultar al mismo pueblo al que se le pide su voluntad para los carteles de San Fermín. Y ese desenfreno de agujerear la ciudad, levantar sus suelos, recuerda los tiempos del general cuando González de la Mora, decía "esto es un Estado en obras". Los tiempos no cambian, sólo las gentes. Y el cemento, como expansiva riada de fango, deja sin campos a los pueblecillos de la Cuenca, a los que oyen o no, ni ven las campanas de la catedral, y los trigales pasan a ser bloques, volúmenes, inmensos, como cuarteles, cárceles o conventos, como se ve en Zamora o Logroño. Cunde la nueva arquitectura de Moneo, la del Baluarte, que parece mausoleo babilónico, los consultorios, servicios múltiples, son cajones-cubo, cajones-paralelepípedo, con rendijas o agujeritos por ventanas, un bunquer alemán, nada mas. El Euskal Jai, joya única de frontón "art nouveau", desmontado a golpe de porras de policía, donde alzan un adefesio minimalista o así. Y en proyecto, amigos difuntos, el Museo de los Sanfermines, la Biblioteca fuera puertas, otros atropellos. Que bien estáis vosotros, en el reposo del tiempo quieto, sin enteraros de lo que aquí pasa. Pero qué bien. Un saludo. |
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