Nabarralde NABARMENA  

Iñaki Uriarte
Concierto Rojo del Primero de Mayo
Izaro News


La víspera del Uno de Mayo, cuando el día acababa su turno y era relevado por la noche, se celebró el Día Internacional del Trabajo con la interpretación del Concierto Rojo del Primero de Mayo. Una creación metropolifónica para voz, luz y memoria.

Se realizó por la Ría de Bilbao, escenario de la metamorfosis metropolitana, donde desde hace más de 150 años suena la más bella música que ha compuesto nuestro pueblo: el trabajo. En un pequeño barco, a lo largo de este espacio fluvial desde el Puente del Ayuntamiento hasta su desembocadura en el Abra, se crearon secuencias sensoriales de semántica laboral, desarrollándose en una triple expresión: visual, sonora y evocativa.

Se trata de una intervención en la penumbra concebida con premeditación social, alevosía cultural y nocturnidad cómplice para, de modo provocativo proporcionar estímulos estéticos de sensibilización y evocación industrial a través de paisaje, el paisanaje y el patrimonio.

Los peregrinos fluviales fueron conducidos, y quizá seducidos, por este prolongado vía crucis industrial repleto de épica laboral y poesía social. Una antorcha en la proa ilumina el periplo, evocando las emisiones de los altos hornos, acompañando una liturgia de pensamientos y mandamientos, expresados en modo de reivindicaciones y últimas voluntades ante unas orillas que agonizan memorando una vitalidad ausente.

Mediante una iluminación fugaz e itinerante por un potente cañón de luz, desde la embarcación, interviene en modo insistente, apuntando con precisión, penetrando y presentando momentos y elementos singulares de un paraje metropolitano e industrial que permanece, en la clandestinidad de la noche, discretamente presente. Un acompañamiento musical sumamente intuitivo de temática fabril y evocación laboral, en dinámica cadencia rítmica de una tonalidad cambiante, con momentos incluso frenéticos procura producir en el asistente estímulos compositivos reclamando su memoria y otorgando otra dimensión sensitiva a la percepción visual.

Ambos recursos se intercalan y simultanean con una narración alegórica a través de profundas miradas en la oscuridad que atravesando el tiempo a lo largo de este gran apagón industrial, simbolizado en la noche, insinuarán otra forma de ver. Se percibirá en lo que fue un espacio repleto de riqueza laboral, la angustia de este inmenso vacío actual, territorio de la derrota contestado por el olvido y abandono, pero amenazado por la especulación. Aquella potencia, testimonio de tantas gestas, se ha convertido en un entorno emocional impregnado por la poesía del desencanto.

El concierto de una atonalidad específica, está compuesto por los siete movimientos siguientes: la voz de la conciencia, la oscuridad visible, la luz de la memoria, el viento de la historia, el sonido de la noche, el silencio del tiempo y la identidad del agua.

La hazaña de una civilización industrial y todo su legado se pierde y sólo la memoria es capaz de recogerla. La idiosincrasia e imagen laboral y productiva de la Ría de Bilbao está en traspaso total. Una alocada y especuladora transformación por destrucción, bautizada de regeneración, nos conduce a no se sabe dónde. Pronto, mañana por la mañana, después de esta dura y larga noche casi no sabremos quiénes somos ni qué queremos ser. ¡Ondo ibili!

La fábrica es el gran teatro del mundo del trabajo. Un auditorio fabril con un escenario amplio y austero donde cada día miles de veces, sin pausas, en sesiones continuas se desarrolla con un lenguaje universal, el más grande concierto jamás escrito sobre una sistemática partitura proletaria, irremediablemente memorizada: la sinfonía de la industrialización.

Una composición para física, mecánica y hombre. Un sincronizado concierto de cuerpos, manos y máquinas en total sincronía de ingenio y esfuerzo, sin ensayos ni improvisaciones, con pasión y precisión, ritmo y rigor, soltura y solemnidad. Interpretando todos los movimientos de la sintonía productiva con los recursos compositivos de los instrumentos del repertorio laboral emitiendo las más bellas notas del ritmo de la producción, induciendo sonidos reiterados con insistentes estruendos, persistentes percusiones, zumbidos agudos y vibraciones graves.

En este altar de la memoria Dolores Ibarruri (1895-1988), Pasionaria, bendita mujer fue recordada y elevada a los altares de la dignidad y la libertad. Una voz universal, un recuerdo inmortal, de una personalidad vasca cuya alma, que nos recuerda que no se puede vivir muriendo, ni morir sufriendo, todavía resuena en esta zona que si no hubiese existido ría también hubiera sido margen izquierda.

Anticipado el argumento, los nueve tiempos del recital de acuerdo a la sucesión de diversos cuadros de la composición recorrida por la Ría, son: Preludio, Precipitato, Allegro molto apasionato, Moderato in modo di marcia fúnebre, Adagio sostenuto, Largo e Lento, Andante caloroso, Fantasia y Finale maestoso.

Ya en la desembocadura, los asistentes, en un sublime silencio, permanecieron sumergidos en un emocionado éxtasis final.