Nabarralde NABARMENA  

Txolo Landaluze y Txema Landa (*)
La necesaria nueva estrategia
Nabarralde


Solamente hay que mirar hacia los últimos acontecimientos del año 2.007, para que afirmemos unánimemente que es necesario salir de la espiral de acción reacción, buscando un cambio que algunos diríamos que es imprescindible.

El fracaso del proceso vivido entre E.T.A. y el estado español, con la colaboración de Batasuna, P.N.V. y P.S.O.E., nos sitúa ante la necesidad de realizar una reflexión seria, que nos permita descubrir las formas de cambio necesarias.

La reflexión que a continuación exponemos, a de entenderse desde el respeto a todas las posiciones de los que entienden a Euskal Herría como un pueblo con derecho a decidir libremente su futuro, y considerando que existen formas de lucha que no compartimos y creemos que tienen que ser cambiadas..

Tenemos que comenzar situando al estado español, como el heredero de la voluntad imperialista ejercitada durante siglos, y que tiene un exponente máximo con el franquismo. A partir de 1.936 especialmente, todo vale contra lo vasco; matar, robar, encarcelar etc, son métodos habituales, que pretenden de una vez y para siempre hacer desaparecer todo vestigio de vasquidad, y además con la colaboración de algunos que ahora también se dicen vascos, y que en aquellos años se situaron del lado del dictador, para medrar y mandar.

Nuestra gente a pesar de todo, ha demostrado a lo largo de la historia, que no se rinde, y con un gobierno en el exilio, marginado por las circunstancias internacionales, y un P.N.V. que nos transmitía la imposibilidad de hacer nada hasta la muerte del dictador, nace E.T.A., y lo hace de la no aceptación de miembros de E.G.I. de las formas de lucha que el nacionalismo tenía en marcha.

Sobre todo durante la década de los sesenta y setenta, la confrontación con el estado tuvo a E.T.A. como elemento más desestabilizador, pero la muerte del dictador, que había diseñado la perpetuación de su régimen, nos pilló con el paso cambiado. Para algunos parecía que la "apertura democrática" abría un nuevo camino, y que podría ser posible un cambio en el estado español más en la línea de una Euskal Herría mucho más libre, para otros sin embargo era momento de plante a la transición, y una vez más en la historia nos faltó visión de nación y unidad de criterio.

Y hoy podemos asegurar que herramos en el cálculo, para los españoles el problema vasco es cuestión de estado, y sobre todo después de las últimas actuaciones, nos queda muy claro, que nos utilizan para sus planteamientos electorales, y su concepto de una única España es cuestión trascendental; sus posturas intransigentes antidemocráticas, y la violación de nuestros derechos, les dan votos en el resto del estado.

Pero no podemos olvidar que sobre todo en los últimos años, toda su estrategia está soportada en la existencia de E.T.A.. Tanto dentro del estado como a nivel internacional, son capaces de conseguir apoyos a sus decisiones antidemocráticas.

De la corriente antiterrorista que circula en el mundo sobre todo a partir del atentado del 11-S en New York, la mezcla intencionada de nacionalismo-islamismo, ha permitido a muchos gobiernos en el mundo actuar sin ningún pudor para conseguir sus objetivos, y el español navega en esas aguas muy cómodo, y seguro de que aguantar la existencia de una lucha armada descafeinada y sin futuro es lo menos malo que le puede pasar. Su estrategia de que todo es E.T.A. es un claro síntoma de lo que les preocupa.

Por otro lado, hay que afirmar que la sociedad vasca está más concienciada que nunca, en cuanto a su desarrollo como pueblo sin imposiciones externas, aspectos coma la Autodeterminación o el derecho a decidir, e incluso la Independencia, alcanzan hoy porcentajes ni tan siquiera soñados en las décadas anteriores.

Está claro que nuestro conflicto con los estados no se solventará mientras éstos no reconozcan nuestro derecho a constituirnos como nación, y parece obvio que dada la falta de voluntad por su parte, tal reconocimiento tendrá que ser peleado y arrancado.

Pero lo que advertimos en nuestra sociedad, es coincidencia de planteamientos en torno al método que tiene que seguirse. No hay ninguna duda de que el soberanismo no tiene ninguna posibilidad de éxito a no ser que se plantee por métodos absolutamente democráticos y de respeto absoluto de los derechos humanos. Tampoco será posible que pueda plantearse sin una opción consensuada por todos los partidos de disciplina vasca, y dinamizada con la participación activa de la sociedad civil.

Ningún grupo puede arrogarse la representatividad de todo un pueblo, y menos cuando tiene constancia que sus prácticas no son aceptadas por la sociedad. La sacralización de determinados instrumentos no nos lleva a ninguna parte.

Ninguna opción política puede tener las miras puestas en sus intereses de poder y beneficios, a costa del interés general de todo un pueblo.

Nadie puede denunciar con la boca pequeña las injusticias y luego pasar olímpicamente de enfrentarse a ellas.

Lo que para nosotros sería un cambio de estrategia se soporta en dos peticiones que hoy queremos trasladar:

1.- Exigimos a todos los partidos políticos: El cambio de estrategia que tanto escuchamos en los medios recientemente, pero para olvidar los cálculos de poder que pueden obtener a corto plazo y diseñar un plan soberanista de integración de toda Euskal Herria, sin descalificaciones previas y aceptando a todos y cada uno de los grupos como colaboradores necesarios.

2.- Exigimos a E.T.A.: El abandono de la estrategia armada, mediante una decisión unilateral de tregua indefinida, en todos los frentes, incluida la kale borroka.

Somos conscientes de las dificultades que existen para que nuestras exigencias sean escuchadas, pero sabemos que es posible, y debe ponerse en marcha cualquiera de ellas aunque sea unilateralmente; querer es poder, y digamos alto y claro, EUSKAL HERRIA LO QUIERE Y LO NECESITA.

Volver al espíritu de Lizarra-Garazi, aspiración compartida por una parte importante de nuestro pueblo y expresada de forma reiterativa por toda clase de agentes sociales, sindicales y políticos para poner en marcha un plan soberanista, sería situar a los estados en la posición donde más nerviosos demostraron estar, será sin duda iniciar un proceso imparable para lograr un estado vasco independiente en el mundo.

(*)Euskaria Fundazioa