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| Manifiesto del Aberri Eguna 2008 | |
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ELA aprovecha el Aberri Eguna para actualizar su reflexión sobre el proceso nacional. Lo hace desde su vocación de responder a las aspiraciones nacionales y de clase del mundo del trabajo. Este empeño constituye la aportación del sindicato a la construcción nacional, con la cual quiere renovar su compromiso. Este día apunta a una voluntad política –Zazpiak Bat–, al deseo de mantener la identidad como pueblo y de dotarnos en libertad de los instrumentos para nuestro desarrollo. Voluntad que compartimos con otras naciones europeas, algunas de las cuales van alcanzando la soberanía: 18 ya han logrado la independencia en los últimos años (Kosovo, hace escasas semanas); 6 ya están en la UE, y otras, como Escocia, podría hacerlo en un futuro próximo. Esa voluntad es entorpecida, en nuestro caso, por dos estados, y por ello este día es una llamada a la unidad y al consenso básico que debería hacerla posible. Un consenso no para difuminar la identidad de las distintas organizaciones favorables a la soberanía, sino para hacer posible lo que esa diversidad puede compartir: un futuro de progreso y libertad para nuestro pueblo. Un consenso, por tanto, capaz de ilusionar a las bases militantes de las respectivas organizaciones. En la actual coyuntura constatamos una falta de entusiasmo en las bases del movimiento abertzale. ELA asume la parte de responsabilidad que pueda corresponderle en la generación de ese sentimiento. Su origen, cree, se sitúa en la falta de unidad y, como consecuencia, en la vulnerabilidad que padecemos. La expresión más visible de ésta es, sin duda, la manera con que los estados español y francés acentúan sus perfiles centralizadores, antidemocráticos y represivos. El ataque al sistema fiscal de la CAPV (más allá de su utilización antisocial), el pacto antivasco de gobernabilidad en Navarra o la acometida administrativa y penal contra iniciativas como Laborantza Ganbara en Iparralde son sólo unos ejemplos de la vocación centralizadora, jacobina, de esos estados. Desaparece asimismo la separación de poderes, reducidos a funciones del consenso de estado. Asistimos a procesamientos insólitos de medios de comunicación, de políticos… Se ilegalizan listas y partidos, además de encarcelar a sus líderes, vulnerando los derechos de participación política a miles de personas… Se extiende la acusación y condena por pertenencia o colaboración con banda armada a militantes de lo social y de la cultura… Se detiene sin más motivo que la búsqueda de publicidad... Hemos de citar asimismo la oposición de amplios sectores judiciales, políticos, eclesiales y sociales españoles al proceso de paz y la posterior ola represiva liderada por los gobiernos español y francés tras el fracaso de las conversaciones, con cientos de detenciones, incomunicaciones, torturas… Persiste asimismo la dispersión y la violación de derechos fundamentales de las personas presas… Son todas ellas, junto a otras muchas, anifestaciones de la falta de consolidación de un régimen de garantías políticas y judiciales. Y esto con un agravante: ambos estados gozan de impunidad internacional para abordar, como crean conveniente, “sus problemas internos”. Estas derivas totalitarias deberían acelerar una reflexión en el mundo abertzale. Más aún si tenemos en cuenta la esterilidad en que se sitúan hoy, a nuestro entender, sus principales referencias estratégicas, que aparecen cada vez más amortizadas, pues los estados las utilizan para su propia legitimación y para el recrudecimiento de sus perfiles represivos. Nos estamos refiriendo, en primer lugar, a la decisión de ETA de romper el alto el fuego, decisión que socava la convivencia y promueve valores opuestos a los que necesita el proceso nacional (sociedad civil, suma, ilusión, militancia…). Es cierto que Zapatero administró la tregua de modo cicatero, sin revisar un ápice el pacto antiterrorista y priorizando la gestión de la opinión pública, pero no es menos cierto que es preciso abandonar el círculo en que esta estrategia ahoga al movimiento abertzale. El reciente asesinato de un militante socialista en Arrasate, además de un tragedia humana y social inaceptable, es una muestra fehaciente del yermo político al que este pueblo no puede estar por más tiempo condenado. Acciones de esa traza soliviantan a la sociedad, enturbian la dimensión histórico-política del conflicto -en el contexto del cual sus autores pretenden además justificarlas inicuamente-, y socavan el ánimo de los abertzales que apuestan honestamente por un cambio político respetuoso con la pluralidad del país. ELA cree que el proceso de conversaciones frustrado debería aprovecharse para sacar dos conclusiones fundamentales: la primera, asumir como definitivo que el PSOE, como el PP, no va a abordar una revisión del sistema constitucional; y la segunda, que no se puede simultanear la finalización de la dinámica armada y la resolución del conflicto. Ambas requieren ritmos, sujetos, itinerarios y códigos distintos. Por ello, para ELA, hay que situar la mirada en las posibilidades civiles y políticas que abriría el abandono definitivo de la actividad armada. En segundo lugar, como referencia amortizada, hay que citar la propuesta realizada por el lehendakari. Una propuesta cuya credibilidad, para ELA, es inseparable de una gestión de gobierno frustrante en lo social, además de antidemocrática, toda vez que se han roto las reglas del juego mediante pactos con la minoría sindical en la negociación colectiva en el sector público así como en el ámbito institucional. Este ejecutivo presenta, además, un balance lamentable en relación con el autogobierno: no ha mantenido una posición política firme con respecto a la revisión unilateral de competencias ya transferidas; puso plazo al estado y amenazó con el desarrollo unilateral de las no transferidas, y su posterior cargo al Cupo, pero no cumplió la amenaza; o anunció, y no realizó, una consulta sobre la propuesta de nuevo estatuto político aprobada en sede parlamentaria. Valga como ejemplo ilustrativo de lo que sucede con el autogobierno el capítulo vivido este año con Hobetuz: el gobierno vasco ha desistido de su posición política histórica a favor de la recepción íntegra de la competencia y ha ninguneado posteriormente a la mayoría sindical abertzale. Se trata de un episodio que revela la ausencia de tensión política de este ejecutivo, la renuncia a un modelo eficaz de formación y el mercadeo financiero de los fondos a favor de la patronal vasca y los sindicatos españoles, un diseño que nada tiene que ver con los intereses del mundo del trabajo. ELA sigue apostando por la consulta. Cree asimismo que un proceso soberanista es más robusto si goza también de una proyección institucional. Pero es evidente que el lehendakari no busca fortalecer las alianzas sociales y políticas que le permitirían confrontar con un estado hostil a ese ejercicio. Antes al contrario, su gestión política ordinaria hace gala de un entendimiento notable con los sectores empresariales y políticos que más se oponen al cambio político. En ese contexto, el discurso “soberanista” del nacionalismo gobernante se hace funcional para el estado, toda vez que alimenta allí la retórica patriótica española mientras en el día a día sólo se discuten los cotos tasados de gestión. Creemos que el soberanismo no puede ser por más tiempo una bandera de conveniencia para la pugna electoral, sin relación alguna con la política real. Mención expresa merece también, en este Aberri Eguna, el episodio protagonizado por el Departamento de Hacienda que ha exigido a los sindicatos, a través del Servicio Vasco de Defensa de la Competencia, que remitamos una gran cantidad de información en relación con la campaña que venimos realizando a favor del descanso en domingos y festivos. Se solicita, en concreto, actas de reuniones de órganos de los sindicatos, informes verbales, descripción de acciones, acuerdos, negociaciones… y ello bajo amenaza de sanción y sin posibilidad de recurso. La solicitud, inquisitorial, utiliza fraudulentamente la ley de la competencia -promulgada para otros menesteres- y pretende fiscalizar una acción sindical que goza de protección específica como derecho fundamental y libertad. Dicho de otra manera, el gobierno vasco pretende utilizar sus potestades administrativas para finalidades no amparadas por el ordenamiento jurídico. ELA entiende que se trata de un ataque en toda regla a la libertad sindical y así lo ha denunciado en la Confederación Europea de Sindicatos. En conclusión, ELA cree que ambas estrategias citadas, la armada y la neoestatutista-antisocial, siendo de naturalezas muy diferentes, provocan en el plano político una polarización estéril, y en el plano social, una gran desmovilización de las bases populares del nacionalismo. Por eso creemos que es urgente alcanzar acuerdos básicos en relación con el proceso nacional. Este año van a cumplirse diez desde la Declaración de Lizarra-Garazi. ELA tiene la convicción de que aquella es la única referencia estratégica capaz de concitar todavía hoy la ilusión de la mayoría. Sabemos, además, que la recuperación del horizonte de suma soberanista, estrictamente civil y democrática, es la única hipótesis que desarma a los estados. Los estados español y francés fueron beligerantes con esa hipótesis hace diez años, y así ha sido también en el año 2007. Baste recordar por ejemplo la respuesta inflexible que ha recibido por parte del PP y PSOE la mera hipótesis de participación de una fuerza vasquista en el gobierno foral navarro. En la misma línea hay que situar los ataques al movimiento abertzale de Iparralde, que impulsa iniciativas compartidas incluso con las bases sociales y electos de fuerzas políticas francesas. La hipótesis civil y democrática, con base en unos mínimos compartidos, no sólo es nuestra mejor opción, sino también la única para poder hacer un proceso a favor de la soberanía. Tenemos que hacerla posible. ELA invita a toda su militancia a renovar su compromiso nacional y de clase. Contribuir a la formación de un tejido social promotor de valores de solidaridad y justicia es la aportación más importante a realizar por este sindicato a la construcción nacional. Gora Euskal Herria askatuta! Aberri Eguna 2008 |
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