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La sociedad Aranzadi desentierra y trae a Euskadi los restos de Cándido Saseta Izaro news El pasado sábado expertos de la sociedad Aranzadi trajeron los restos del Comandante Cándido Saseta de vuelta a Euskadi junto a algunos objetos encontrados cerca de su fosa localizada en la localidad asturiana de Areces. Natural de Hondarribia, fue comandante en jefe de varios batallones de gudaris que lucharon contra las tropas franquistas, intentando recuperar Oviedo para la República. Murió en 1937, junto a muchos de sus hombres y las tropas franquistas lo enterraron en una cuneta. Se cree que en ese mismo prado puede haber entre 80 y 100 cuerpos más. Sus restos fueron encontrados en unos terrenos del Palacio de Areces donde estaban enterrados entre 80 y 100 cadáveres de gudaris vascos, en un lugar conocido como Pradón de los vascos. El testimonio de un vecino de la localidad de 86 años, Ramón Valdés, fue definitivo para localizar el lugar exacto donde fue enterrado Cándido Saseta. Su identificación se produjo porque era el único que llevaba uniforme militar. En 1937 el periódico del PCE escribía sobre Saseta: "Ha muerto Saseta. Ha muerto un soldado nuestro. Nuestro. De todos los antifascistas que dentro o fuera de Euzkadi vivimos y luchamos para exterminar al enemigo de la paz y de la libertad de los hombres y de los Pueblos" ("Euzkadi Roja", 1937). Cándido Saseta nació en Hondarribia el 12 de diciembre de 1904. Del Instituto de San Sebastián pasó a los 15 años a la Academia Militar de Intendencia de Ávila. Al producirse el golpe militar de julio de 1936 era capitán de Indentencia de la guarnición de Vitoria. Fiel a la legalidad republicana, se sumó a la columna que, al mando de Pérez Garmendia, partió hacia Vitoria. Nombrado jefe militar de la Comandancia de Azpeitia, intervino activamente en la creación del "Euzko-Gudarostea" o Ejército Vasco. Fue uno de los creadores de la línea que, desde Lekeitio hasta Otxandio, logró frenar el avance de las brigadas nacionales. En enero de 1937 fue nombrado Comandante de "Euzko-Gudarostea". En febrero de este año fue enviado al frente de Asturies como jefe de la expedición vasca. En este frente, en la localidad de Areces (Trubia), murió el 23 de febrero cuando atacaba con sus gudaris una posición enemiga. Uno de los batallones nacionalistas vascos llevó su nombre. Kandido Saseta Eduardo Renobales Gara Saseta estaba muy vinculado a ANV, a su ideología, y valoró el empeño de sus batallones en defender las ideas ekintzales. El fue uno de los ejemplos de lo que la frase "Euskadi libre, gizon libreentzat" quería expresar Cuando a Kandido Saseta se le ordenó desde el Gobierno Vasco que tenía que encabezar la expedición para ayudar a levantar el cerco que los fascistas mantenían sobre Oviedo, tuvo un negro presentimiento. No veía clara aquella aventura de un ejército, el vasco, que luchaba exclusivamente por mantener sus posiciones, ante la superioridad de equipamientos y organización que comparativamente, mantenían los rebeldes a la legalidad establecida. Pero, como buen voluntario de la resistencia vasca, obedeció la orden y se hizo acompañar por varios batallones nacionalistas y socialistas y, entre ellos, no podían faltar varias compañías del Eusko Indarra de Acción Nacionalista Vasca al mando del Comandante Ramón Laniella, verdadero escuadrón de choque y, llamémosle así, la niña mimada del Comandante en Jefe del Eusko Gudarostea. De esta forma partieron el 7 de febrero de 1937 hacia un incierto futuro que se torció casi desde el inicio. Una adversa climatología propició que el río Nalón bajara salvaje y caudaloso, imposibilitando la tarea de los ingenieros de construir un pontón seguro para cruzarlo. Habría que hacerlo en precarias condiciones y, ante la oposición del enemigo, Saseta ordenó al Eusko Indarra que cruzara en primer lugar para consolidar una inestable cabeza de puente en la otra orilla. Y el Eusko Indarra cumplió lo encomendado, a pesar de sufrir un duro castigo de las ametralladoras facciosas que dominaban el vado desde un alto. Vencida la inicial dificultad, el batallón ekintzale, secundado por el jelkide Amaiur, lograron penetrar en el pueblo de Areces, pero la tardanza de un batallón cántabro que debía acudir para asegurar la posición, hizo que los franquistas pudieran contraatacar poniendo en grave peligro la seguridad de los gudaris. Saseta, avisado del apuro, acudió a primera línea con la intención de estudiar la forma de sacar a sus hombres de la ratonera que se había formado alrededor de Areces. Un francotirador tuvo la oportunidad de encontrarle en su línea de tiro y aprovechó la ocasión. Saseta cayó en una posición avanzada y su cadáver no pudo ser recuperado. Perdidos sus restos, quedó sin embargo la memoria de su nombre en el recuerdo de los gudaris y de todos aquellos que luchaban por la libertad. Saseta era una persona sencilla, pero recto y capaz. Su buen hacer propició que todos le respetaran y quisieran como algo más que un simple jefe militar. Saseta soñó con una Euskal Herria libre, y ese sueño le acompañó durante el corto año que le tocó encabezar la resistencia de los vascos ante Franco. "En menudo fregado nos hemos metido por los asturianos", comentó a su ayudante poco antes de caer; pero, a pesar de todo, en Saseta prevaleció un sentido del deber para con su pueblo y su gente, algo que le hizo estar por encima de acciones puntuales, por encima de la coyuntura que acabó con él. La imagen y el ejemplo de Saseta prendieron en el corazón y el ánimo de todos los que lucharon a su lado. Flotaba en sus conciencias la frase que salió, de sus labios cuando se hizo cargo de Ejército Vasco: "El Gobierno Vasco me ha llamado para una cosa independentista, no para algo autonomista". Saseta estaba muy vinculado a ANV, a su ideología, y valoró el empeño de sus batallones en defender las ideas ekintzales. El fue uno de los ejemplos de lo que la frase "Euskadi libre, gizon libreentzat" quería expresar. |
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