Nabarralde NABARMENA  

Patxi Lázaro
Erabaki en 'stand-by'
Deia


El pasado 10 de febrero celebró su puesta de largo en el Kursaal la plataforma ciudadana Erabaki, la cual aboga por el derecho a decidir en un número de temas que se suponen esenciales para el futuro del pueblo vasco. Examinando la lista de firmantes, en la que figuran nombres señeros de nuestra vida política, cultural y deportiva, se podría pensar que los promotores de Erabaki han conseguido poner en marcha un vector social clave para articular la Euskadi del siglo XXI. Buenas noticias, entonces, para todos los que se ven extraviados e inermes dentro del confuso laberinto en que ha terminado por convertirse el escenario político vasco, como consecuencia de los intereses creados, las posturas de exclusión y la violencia de ETA.

Los hechos, o mejor dicho, la falta de ellos, ponen de manifiesto que todo aquel optimismo no estaba justificado. Erabaki supone un elogiable esfuerzo por superar los empates que mantienen paralizada a la sociedad. Cuando esas ochenta personas firmaron el manifiesto por el derecho a decidir no lo hicieron con el fin de significarse. Cuando el lehendakari y otras personalidades institucionales le prestaron su apoyo no lo hacían simplemente por oportunismo, sino también con cierta dosis de visión histórica. Lo que Erabaki persigue no es la afirmación de un independentismo descafeinado à la quebecois, y tampoco un disimulado espaldarazo a eso que llaman consulta. Erabaki quería propiciar la aparición de un espacio plural accesible a personas de todas las tendencias para un debate en libertad, donde los medios fueran más importantes que las finalidades.

En tal aspecto sí que cabe considerarla innovadora, útil, e indudablemente necesaria: el ser de la democracia no consiste tanto en una coexistencia civilizada como en la disponibilidad de cauces efectivos para la misma. La democracia no es batiburrillo, sino infraestructura; no feria de vanidades ideológicas, sino recinto ferial: partidos distintos utilizando los mismos palacios de congresos y los mismos platós de televisión. Quien piense aún que lo importante es imponer su opción particular por métodos no violentos, vive instalado mentalmente en la época de los cursos de retórica para directivos.

¿Qué ha sido de Erabaki, después de tan pregonado lanzamiento? Ya nos gustaría saberlo. Posiblemente sigue en órbita, pero desde hace un mes no transmite señales de ningún tipo, ni en los medios, ni en mesas redondas, ni tan siquiera en su propio blog de Internet, que carece de dominio propio, y donde la última entrada data de mediados de enero. Nos encontramos ante una de esas ideas que podrían dar resultado y movilizar a la ciudadanía, pero que por una serie de circunstancias no termina de cuajar.

Lástima, sobre todo en una época en la que comienzan a vislumbrarse las ventajas de las plataformas plurales. A todos -incluyendo a Ibarretxe- nos gustaría ver cómo prospera, pero nos vamos a quedar con las ganas. La incapacidad para sostener el entusiasmo inicial, perentoriedades electorales u otras causas han hecho que Erabaki se encuentre ahora en stand-by. Después de un comienzo prometedor, existe el riesgo de escuchar un delicado finale en diminuendo similar al de Aldaketa y otras iniciativas sociales que, cada una dentro de su legítima y muy respetable visión del mundo, aspiraron al noble fin de lograr que la gente se sacudiera el ronzal del conformismo, exhortándola a que viva como piensa para impedir que acabe pensando como vive.