| Nabarralde | NABARMENA |
Patxi Zabaleta y Ion Abril |
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| Bakea y paz se llaman jau kaya | |
| Noticias de Navarra | |
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TRAS el atentado de ETA de Madrid el 30 de diciembre pasado, es preciso reflexionar lo más sensatamente posible y sacar con toda crudeza las consecuencias que dimanan de tal hecho. La primera consideración es la humana. Es la de compartir el dolor y solidaridad con las familias de las personas que se hallan, al parecer, apresadas dentro de los escombros en que convirtió la explosión de la bomba buena parte de los aparcamientos del aeropuerto de Barajas-Madrid. A esos dos ciudadanos desaparecidos dedicamos el título de este artículo con el nombre de paz en lengua quechua y utilizando el giro que emplean muchas veces los alumnos/as de las ikastolas, cuyos padres no saben euskera, cuando vuelven a casa después de los primeros días de clase: La paz se llama bakea. Bakea y la paz se llaman jau kaya. La segunda consideración es que la palabra de ETA se ha devaluado. Este atentado se ha cometido estando vigente la tregua. Una tregua que se había anunciado como permanente y que ha resultado rota, sin previo aviso. Si este atentado no es expresamente desautorizado por la dirección de ETA, ¿qué valor tendrán de aquí en adelante sus compromisos? La gravedad de esta consecuencia para la consideración política de un movimiento armado es evidente. Un movimiento armado origina dramas y tragedias humanas irreparables, por lo que su consideración de político o no depende de su relación con la sociedad. Hasta ahora la sociedad creía en la palabra de ETA y hasta políticos antagónicos, como Mayor Oreja, Sanz y compañía han recurrido en más de una ocasión a la credibilidad de esas palabras. Sin ir más lejos, Sanz con ocasión del último Zutabe y de su desafortunada mención a la quema del negocio del concejal de UPN en Barañáin. Es imprescindible que la dirección de ETA responda al requerimiento que Aralar le efectuó en su comunicado: ¿asume o no asume la dirección de ETA la responsabilidad de la comisión de ese atentado? No bastan excusas ni explicaciones de contextualización. Sí o no. La tercera consideración es la del aprovechamiento político, que con la voracidad de gusanos, están efectuando los peperos y upneros en la carroña y en la podredumbre política provocada por esta explosión. Apenas pueden disimular su alegría política. No dejan de repetir las frases fatxas que tanto les gustan, como la de que ya lo decían ellos o que las víctimas siempre tienen razón, invocando una y otra vez la excluyente unión de los sedicentes demócratas. La cuarta reflexión es la falta de valentía de los dirigentes de Batasuna. Falsean la realidad al decir que el principal deseo de la sociedad es el éxito del proceso, por cuanto el primer deseo, la primera necesidad y la obsesión de los ciudadanos y ciudadanas de Euskal Herria y de todo el Estado es la paz. Paz, que en quechua se llama jau kaya. Es por conseguir la paz, que están a favor del proceso y del diálogo y de la reconciliación. Y es en ese contexto y con esa jerarquía de objetivos -y no con otra- como los ciudadanos/as comprenden y se comprometen a favor de la profundización democrática, a favor de los derechos de los presos y de la reparación de las víctimas. No por uno u otro proceso, no por una ni por once mesas de partidos. Primero que nada, la gente está por la paz. Hay una quinta reflexión, que se nos ha tornado dolorosa y dramática, que es la devaluación de la reivindicación del diálogo. Hemos defendido y luchado a favor del diálogo, a pesar de muchas incomprensiones en la convicción tenaz de que constituye el camino democrático y eficaz para la resolución de los problemas políticos y en concreto el de la violencia; y más en concreto el contencioso vasco. Ahora nos hallamos con que una organización como ETA, que estaba calificada como una organización de palabra, ha faltado a su compromiso con la sociedad vasca de alto el fuego permanente. El diálogo carece de sentido y de virtualidad con quien no tiene palabra, con quien no cumple sus compromisos. No hay razones ni excusas para incumplir una palabra dada a la sociedad vasca como fue la tregua de marzo de 2006. Era una palabra sin condiciones. Una palabra que podía abrir y estaba abriendo ya, poco a poco, muchas puertas. Podrán ser muy insatisfactorias las actuaciones de Zapatero desde el pasado marzo, debería haberse corregido la infame política penitenciaria, debería haberse derogado la antidemocrática Ley de Partidos. El PP y los medios de comunicación fatxas no hubiesen podido bramar más de lo que ya lo han hecho. Todo ello es el debe del gobierno Zapatero. La paz no puede depender de que el presidente del Gobierno español sea poco audaz, como dicen unos, o de que mire de reojo demasiado a las encuestas electorales de la España profunda, como dicen otros. El atentado de Madrid ha roto el alto el fuego y parece significar una vuelta a la lucha armada, a esquemas del pasado ya agotados que no conducen a nada en la lucha por los derechos de este pueblo. Ha roto la esperanza de paz de este pueblo. Ése es el debe de ETA. Al contencioso vasco le corresponde una paz vasca. Paz vasca, que se tiene que basar en la palabra dada a la sociedad vasca; precisamente porque ETA dice y repite su reivindicación de la decisión de esa sociedad. Palabra de vasco, hemos oído decir con orgullo a nuestros mayores. La palabra ha sido ley y más que ley entre los vascos. ¿Qué valdrá en el futuro una tregua o un alto el fuego de ETA, si no se desautoriza por su dirección el atentado de Madrid-Barajas del día 30 de diciembre, realizado estando vigente el alto el fuego permanente? La organización ETA, su dirección, tiene que elegir entre el atentado de Madrid-Barajas o tener palabra. Firman este artículo: Patxi Zabaleta y Ion Abril, miembros del Comité Ejecutivo de Aralar; y Lucho Blanco, peruano y militante de Aralar en Bera |
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Gara Editorial |
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| Hay un conflicto que requiere solución | |
| Gara | |
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El contencioso vasco es un conflicto histórico de origen y naturaleza política en el que se ven implicados el Estado español y el Estado francés y su resolución debe ser necesariamente política. En los periodos de "tranquilidad" es decir, cuando las consecuencias más dolorosas del conflicto las padece únicamente la izquierda abertzale, sin que ello llame la atención de los grandes medios de comunicación ni produzca declaraciones de la mayoría de partidos casi todo el mundo admite que dicha solución debe buscarse por medio del diálogo. Pero cuando se producen atentados como el del pasado sábado con trágicas consecuencias como la confirmada muerte de Carlos Alonso Palate, una buena parte de la clase política y de los generadores de opinión mediática pierden la perspectiva y comienza una cascada de reacciones meramente coyunturales, en las que incluso parece abrirse una suerte de competición para ver quién se presenta públicamente como más duro con la izquierda abertzale, previamente demonizada y declarada única culpable de todos los males. Afortunadamente, siempre hay excepciones. Pero digan lo que digan quienes pretenden siempre acomodar sus posiciones al último acontecimiento y a la corriente mayoritaria de opinión en el Estado español, el conflicto sigue estando ahí y no hay más solución que la dialogada. ¿Cuál es la alternativa que ofrecen a la sociedad vasca y a la española quienes hoy pretenden dar por liquidado un proceso cuyo mayor defecto fácilmente subsanable es que nunca terminó de arrancar convenientemente? ¿Van a volver a los tiempos del Pacto de Ajuria Enea, a la división de la ciudadanía entre "demócratas" y "violentos"? ¿No han aprendido ya que aquello no resolvió el problema, sino que lo enquistó? ¿Y que tampoco la radicalización de la represión hasta el paroxismo de los tiempos de Aznar sirvió para acabar con el independentismo vasco? En más de una ocasión, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha señalado que el mejor homenaje a las víctimas de este conflicto aunque él habla únicamente de las "víctimas del terrorismo" es que no haya nuevas víctimas. Para ello es preciso ir a las raíces del problema y encararlas con decisión, con la decisión que a Zapatero le ha faltado en los últimos nueve meses. Esa debe ser la tarea que todos los agentes implicados en el conflicto han de afrontar con mayor acierto que el demostrado hasta la fecha, en cuanto pase la actual oleada de declaraciones vacuas y propaganda. |
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Salvador Cardús i Ros |
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| Una debilitat explosiva | |
| Avui | |
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Fa molts anys que ETA ha perdut el contacte amb la realitat. Primer, amb la realitat social del país pel qual creu que lluita. Després, amb la realitat política de l'Estat contra el qual lluita. Per això no és capaç d'actuar amb consciència de quines són les conseqüències de la seva acció. I també per això ja fa anys que els seus cops de força no tan sols són inútils des del punt de vista dels seus objectius, sinó que afavoreixen els interessos dels seus adversaris. Ara ETA acaba d'actuar tal com esperaven, en un típic cas d'autocompliment de profecia, els qui desitjaven que fracassés el procés de pau. No és menys cert que si el PSOE, i particularment Rodríguez Zapatero, creien que el procés de pau era una via desitjable per acabar al més ràpidament possible amb la violència armada d'ETA, haurien d'haver estat tan agosarats com exigia aquest camí. Sempre dins de la legalitat, s'havia d'haver produït l'acostament de presos polítics, haver indultat De Juana Chaos i haver garantit la presència a les eleccions municipals de l'esquerra abertzale. I si tot no era possible en aquest breu temps d'alto el foc, doncs calia haver-los presentat un calendari aproximat. No moure ni un dit, fins i tot donar per feta la irreversibilitat del procés era, a ulls d'ETA, una provocació. ETA ha volgut seguir els passos marcats per l'IRA, en un comportament mimètic que sembla no tenir en compte que Espanya no és el Regne Unit. Efectivament, l'IRA va apressar el govern britànic, ja en ple alto el foc, amb un atemptat gravíssim el febrer de 1996 a l'estació de South Quay, a Canary Wharf, el llavors nou flamant cor econòmic de Londres. El resultat fou de dos morts i gairebé 130 milions d'euros de destrucció. Però el procés de pau al Regne Unit era -i és- un afer d'Estat, al marge de la confrontació partidista i amb un suport unànime de la societat britànica que, òbviament, incloïa els mitjans de comunicació públic i privats. I, per tant, al Regne Unit l'Estat va ser capaç de resistir l'envestida i seguir endavant. Fins i tot va pair el sanguinari atemptat de 1998 a Omagh, amb 31 morts, que cap partit no va utilitzar en contra del govern de torn. ETA, en canvi, sembla que no s'ha adonat d'aquesta diferència que explica que el pas més gran que de moment podia fer el govern del PSOE era el d'acceptar la mateixa retòrica de la pau i el diàleg. Tota una heroïcitat, si es té en compte el context mediàtic espanyol i l'oportunisme polític del PP. És lògic que ETA no entengués l'alto el foc com una mera rendició, però és senyal d'estupidesa que no veiés que no podia exigir que el PSOE i Zapatero se suïcidessin políticament per salvar les seves presses. Que la posició de Zapatero era dèbil, ho demostra no tan sols el ferotge oportunisme partidista del PP, sinó el fet que la mateixa posició del govern socialista n'era, de partidista. Zapatero no portava l'Estat darrere: no el seguien el poder judicial, ni el principal partit de l'oposició ni una bona colla de poders fàctics que han jugat un paper ben actiu en tot el procés, com ara algunes associacions de víctimes del terrorisme o la mateixa Conferència Episcopal Espanyola. I, tan bon punt ETA ha atemptat, s'ha vist que tampoc no comptava amb el suport ideològic en el qual el PSOE sempre s'ha recolzat: el diari El País. Zapatero comptava fer de l'èxit del procés de pau el seu propi èxit polític. Massa ambició per a tanta debilitat. Com molt encertadament assenyala el sociòleg basc Ander Gurrutxaga, tot es complica encara més per una dada que no se sol tenir gens en compte: el terrorisme d'ETA, per bé que causa dolor, a hores d'ara s'ha mostrat totalment irrellevant des del punt de vista de la prosperitat econòmica del País Basc i d'Espanya, i fins i tot per a l'estabilitat polític basca i espanyola. A diferència d'altres casos, on al dolor per les víctimes s'hi afegeixen conseqüències econòmiques greus i capacitat per fer trontollar els governs i el mateix Estat, el sistema polític espanyol ha après a viure amb el terrorisme d'ETA amb una notable comoditat. Més comoditat, en tot cas, que la que ha mostrat per viure amb un alto el foc que tornava a fer trontollar el consens bàsic dels dos grans partits espanyols. Pot molt ben ser que, a partir d'ara, l'Estat cregui que és més racional, des del punt de vista dels seus interessos, deixar morir ETA, per llarga que sigui l'agonia i per dramàtics que siguin els seus espasmes finals, que no pas negociar-hi res. La paradoxa podria ser que, després de l'atemptat, gairebé sigui ETA l'única que reclami amb insistència la continuació del procés de pau. I pot ser que ara, quan ja sigui massa tard, Batasuna es desmarqui d'una ETA a la qual també acabi considerant un mort vivent. Però també és clar que caldrà esperar un nou cicle polític per saber si l'Estat espanyol serà capaç, amb Zapatero o sense, d'assumir la represa d'un procés de pau des d'una perspectiva no partidista, després de fetes les sumes i restes dels costos i els beneficis que li pot comportar. Mai tanta potència explosiva havia posat en evidència tanta debilitat negociadora. |
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Pablo Beldarrain |
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| Batasuna y el rechazo a la violencia | |
| Deia | |
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"Con el atentado de Barajas se viene abajo el espíritu de Anoeta. ETA ha arrebatado de la mano de Otegi aquella rama de olivo que exhibiera éste en el velódromo" En Junio de 2001, Batasuna saltaba a la arena política como un nuevo proyecto de la izquierda abertzale, fruto de la refundación de HB tras quince meses de debate. El nuevo proyecto político presentaba, además, algo que para mí resultaba novedoso y esperanzador al mismo tiempo. Hablaban de "elaborar un proyecto que permita alcanzar una solución democrática al conflicto y que debería tener como premisa básica el reconocimiento de todos los derechos que corresponden a todos los ciudadanos vascos". Esto era muy importante. Si para Batasuna iba a ser una premisa básica el reconocimiento de todos los derechos que corresponden a todos los vascos, entendía yo, que Batasuna se posicionaría en contra de quienes conculcaran cualquier derecho que perteneciera a cualquier vasco o vasca y, por extensión, a cualquier ciudadano o ciudadana, fuera de donde fuera. Pero no pasaría mucho tiempo, para que ETA les pusiera en evidencia. A los pocos meses de la presentación de Batasuna con aquella premisa básica del reconocimiento de todos los derechos de todos los ciudadanos, ETA volvía a actuar superándose a sí misma en crueldad y bestialidad, truncando unas vidas inocentes, llevando la desgracia a sus familias y ensuciando el nombre de Euskadi. Un coche bomba en Madrid, el asesinato del juez Lidón y de los ertzainas Javier Mijangos y Ana Isabel Arostegi. Una cadena de horrores, y Batasuna seguía sin posicionarse en contra de aquellos que conculcaban el primero y más importante de los derechos humanos, el derecho a la vida. Batasuna se pasaba por "la entrepierna" su propio principio fundacional. Tres años y medio más tarde y en un velódromo de Anoeta repleto de público, el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, presentaba la propuesta "Orain Herria, Orain Bakea", un esfuerzo más de la izquierda abertzale para alcanzar la paz y la normalización de nuestro pueblo. Los siete compromisos que Batasuna hacía públicos en Anoeta, iban desde el primero "ir a las raíces del conflicto con el objetivo de buscar una solución democrática" y terminaban con el punto séptimo que decía: "En el acuerdo de paz final se recogerán y regularán los derechos que están recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, así como en los Pactos de los Derechos Económicos, Civiles y Políticos de la Organización de las Naciones Unidas". Estos dos compromisos, primero y último, de siete, recuerdan aquella otra propuesta de Batasuna en su primera aparición pública de junio de 2001 (mismo espíritu y parecida letra) y, como en aquella ocasión, la respuesta de ETA a la propuesta de Batasuna no se hacía esperar. En 2001 los asesinatos de Lidón, Mijangos y Arostegi, tras la propuesta de Anoeta de noviembre de 2004, las bombas en las gasolineras de Madrid y las colocadas en distintos puntos de España en el puente de la Inmaculada. La reacción de Batasuna, idéntica a la que tomaron en 2001, seguían sin pronunciarse en contra de aquellos que conculcaban los Derechos Humanos, se pasaban por "la entrepierna" sus propios principios fundacionales y también el espíritu de Anoeta. El atentado de Barajas nos ha dejado sin palabras, por eso, aquello de que una imagen vale más que mil palabras, dice mucho de quienes se ven reflejados en la foto -Otegi, Barrena, Goirizelaia y Permach- en la comparecencia que hicieron el 30 de diciembre. Apesadumbrados y preocupados, así comparecieron ante la prensa, como apesadumbrados y preocupados estuvieron aquel 11-M de triste recuerdo, cuando aún se desconocía la autoría de aquel atentado y todo apuntaba hacia ETA. En aquella ocasión y, tras desmontarse el tinglado construido por el Gobierno del PP, nos volvía la relajación a muchos, también a los dirigentes de Batasuna, que sólo entonces condenaron aquel monstruoso atentado. Con el atentado de Barajas el espíritu de Anoeta se viene abajo. ETA ha arrebatado de la mano de Otegi aquella rama de olivo que exhibiera en un Velódromo de Anoeta abarrotado y que estallaba en la ovación más cálida y prolongada, cuando se afirmaba que las vías a utilizar para la resolución del conflicto serían, exclusivamente, políticas y democráticas. Así como el Sinn Féin condenó el atentado de Omagh, Batasuna debería hacer lo propio y alzar su voz contra ETA, sólo así se haría creíble esa premisa básica que Batasuna enuncia en sus grandes solemnidades y que dice que para alcanzar una solución democrática al conflicto hay que reconocer todos los derechos que corresponden a todos los ciudadanos. No hagan, pues, más demagogia y prediquen con su propio enunciado, reconozcan todos los derechos que corresponden a todos los ciudadanos y condenen a quienes conculquen esos derechos. Es el mejor servicio que pueden hacer a Euskal Herria. |
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Txema Montero Koldo Mediavilla |
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| La muerte, lo único irreversible | |
| Deia | |
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"ETA ya advirtió en su segundo comunicado tras el alto el fuego que éste no era irreversible, y que lo único irreversible era el proceso en sí mismo considerado" DEBATÍAMOS el pasado 16 de noviembre la irreversibilidad del proceso de paz formalmente iniciado con la declaración de Alto el Fuego Permanente hecha por ETA el pasado mes de marzo. Preocupaba a la Fundación Sabino Arana, muy en consonancia con la opinión pública, la situación de estancamiento del proceso y las condiciones que deberían darse para que tal pudiese tener un punto de no retorno hacia lo conocido: el asesinato político, la destrucción de bienes, la conculcación de derechos; la normal anormalidad, en suma, de lo hasta ahora vivido por todos los vascos vivos. Los ponentes invitados: Meyer, Hottinger y Zuppi vinieron a coincidir en que nunca se puede asegurar la irreversibilidad en un proceso de paz, aunque sí existen hitos en el mismo indicativos de avances con difícil proceso. Tal fue el caso de la liberación de Mandela porque, según Meyer con el líder del Congreso Nacional Africano en la calle, la imposibilidad de su reingreso en prisión se sostenía con la imposibilidad del CNA en volver a las armas; una fianza personal, podríamos decir. En la mayoría de los procesos de paz, tan distintos entre sí, las treguas, los intermediarios garantes, las técnicas negociadoras, los pactos de silencio y/o de transparencia informativa producen desigual resultado. Y el azar, la torpeza o la mezquindad superan los marcos convenidos y llevan defectiblemente a que alguna de las partes se represente los acontecimientos que se producen como consecuencia del engaño de la otra. La cuestión se vuelve mucho más compleja en los procesos de paz que se desenvuelven en el ámbito de una sociedad democrática. La observación externa por los medios de comunicación en muchas ocasiones consigue desviar de su cauce el proceso iniciado; la intervención de los partidos de oposición otro tanto; incluso la operativa judicial, en algunos casos insertos en la "justicia creativa", o dicho de otro modo, aplicando una mala ley con inflexibilidad, sin acomodo a las circunstancias de los hechos. Una lectura de tal cúmulo de confluencias: medios incitantes, oposición beligerante, y justicia vindicatoria, efectuada desde la incomprensión del funcionamiento democrático, lleva, ha llevado a ETA, a la conclusión de que "el Estado" es un todo uno redondo, liso y sin fisuras, cual bola de billar, y que se opone al proceso. Bien es cierto que, dentro del MLNV, existen quienes conceden que el Gobierno lo intentó pero, luego, producto de su contrastada "política demoscópica", aquella que se hace con un ojo puesto y el otro también en los sondeos y editoriales de la prensa afín, acabó arrugándose e iniciando una puja por elevación con el PP acerca de quién cedió más y quién es más duro con los terroristas. La consecuencia es que el proceso de paz ha descarrilado y sólo falta que ETA, quien ha marcado desde el inicio los tiempos informativos, publicite su final. La propia organización ya advirtió en su segundo comunicado tras el alto el fuego que éste no era irreversible, y que lo único irreversible era el proceso en sí mismo considerado. Tal percepción de la sociedad vasca y española como permanentemente dispuesta a respaldar un proceso de paz que ETA tenga a bien proponer cuando lo considere oportuno, supone enorme desconocimiento del hartazgo social que ETA genera, de que en cada nueva tregua que se declara la base de los creyentes es más reducida que en la anterior y de que el crédito público se le agota a la izquierda abertzale por su inconsistencia y falta de paciencia democrática, y, en fin, de que un nuevo asesinato, una nueva muerte intencionada o colateral, de suyo hechos irreversibles, hará imposible el actual proceso y cualquier futuro que se fundamente en el acuerdo y la transacción. Txema Montero y Koldo Mediavilla, codirectores de la revista "Hermes". (Este artículo está incluido en el número especial sobre las jornadas "El proceso de paz hoy. Condiciones para que sea irreversible"de la Fundación Sabino Arana. Fue escrito y enviado a imprenta el pasado 4 de diciembre) |
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Ramón Zallo |
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| La supuesta permanencia del alto el fuego | |
| Izaro News | |
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Con más de dos centenares de kilos de explosivos en Barajas ETA ha quebrado el "alto el fuego permanente" y lo ha convertido en efímero. Daños Primer damnificado: unas instalaciones públicas y, posiblemente, dos ciudadanos ecuatorianos que se han topado con una violencia que no esperaban en El Dorado, incorporándose a la larga nómina de daños colaterales creada por los responsables de los daños colaterales. Segundo damnificado: la palabra de ETA. Al parecer, solo vale para nueve meses, el tiempo de una gestación que por el momento termina en aborto, y toca volver a empezar para que renazca la esperanza. En el futuro será necesario el arbitraje. Tercer damnificado: la sociedad. ETA ha querido que la uva se nos quede en la garganta y que sepamos que aún hemos de soportarla por intereses más tácticos que estratégicos y que sigue tutelando cualquier proceso. Cuarto damnificado: el Gobierno Zapatero. Queda en entredicho, un día después de la pomposa comparecencia del Presidente mientras se desmentía su supuesto control del proceso y toda su etérea línea de actuación. Quinto damnificado: ahora mismo la acción de ETA pone en peligro el proceso de incorporación de Batasuna al proceso político institucional. El Gobierno español tendrá pocos alicientes para ser proactivo. Asimismo, visto lo que hay, la huelga de hambre de Iñaki de Juana se convierte así en una huelga sin esperanza. Responsables El primer responsable es de una obviedad sin paliativos. ETA es la autora y responsable material e ideológica. Pero también es responsable, por omisión, el Gobierno Zapatero con su pasividad basada solo en comunicaciones -gestión de la opinión pública- y no en hechos que generaran dinámicas de confianza en la otra parte. Zapatero ha jugado a encantador de serpientes pero la que tenía enfrente era una vieja pitón con hacha que le ha cortado su vacuo discurso de tranquilidades que no tenía detrás nada, salvo contactos. No sé quien le asesora pero, hasta ahora, no ha tenido una percepción correcta de lo que tenía entre manos, ni ha hecho movimientos animadores del proceso que, encima, le están llevando al suicidio en beneficio del PP. Elkarbide ya lo avisó. Hipótesis No cabe ponerse en la cabeza de un pensamiento militarizado, que no es el del común de los mortales, pero este atentado es una de dos cosas: o el final de la tregua y del proceso de paz con el resultado de seguir con la espiral de más daños, más dolor y más deterioro democrático (una salida sin esperanza); o una gran acción de aviso al Gobierno Zapatero -como la que hizo el IRA en la City- para indicarle que no había entendido un proceso que consistía en gestos recíprocos que no se estaban produciendo. De primeras, el Gobierno Zapatero no ha dado por terminado el proceso, no lo rompe, pero lo paraliza todo. Entiende que el atentado, como es natural, es incompatible con un proceso de paz, pero también suspende las iniciativas para el dialogo, por lo que no es de esperar que mueva ninguna ficha en meses, salvo indirectamente. En los próximos meses puede hacer dos cosas: o echarse en brazos de la absurda y dolorosa estrategia del PP; o tomarse más en serio un proceso que nunca ha sido de rendición ni de armisticio por parte de ETA, sino de búsqueda de puentes de plata para el último foco de lucha armada en Europa. Ciertamente no está roto el proceso de paz pero sí en suspensión de pagos y al borde de la quiebra. Se entiende que ahora le toca al siguiente comunicado de ETA: o bien ofrecer confirmaciones y nuevas garantías situando en un plano más realista el proceso, o bien dar por finiquitado para una temporada este proceso, llevándose por delante a Batasuna. Nadie lo sabe. Toca movilizarse con consignas propias, que no puedan capitalizar ni ETA ni el Gobierno Zapatero, exigiendo de cada cual su responsabilidad. Habrá que ponerse manos a la obra para no perder la pizca de ocasión que, pesar de todo, aun queda. |
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Javier Ortiz |
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| Dos mesas (segunda parte) | |
| javierortiz.net | |
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En las actuales condiciones, y al margen de los deseos que cada cual pueda evidenciar -me temo que más de uno sigue confundiendo sus deseos con las realidades-, sólo queda una vía por la que podría propiciarse el fin de la violencia de ETA: la demostración práctica de que esa violencia no tiene sentido porque las aspiraciones mayoritarias de la población vasca, en lo relativo al reconocimiento y a la expresión de su identidad nacional, pueden ir obteniendo satisfacción por métodos pacíficos. Ahí es donde debería cobrar toda su importancia la otra mesa, de la que tanto se ha hablado en general, como pieza clave del proyecto de pacificación y normalización de Euskadi, pero de la que tan poco concreto se ha sabido a lo largo de los últimos meses. Si ese foro, abierto en principio al conjunto de las fuerzas políticas vascas, avanzara en el establecimiento de un amplio consenso con respecto a lo que convendría que fuera el futuro de Euskal Herria como colectividad nacional, el despropósito de la actividad de ETA se iría haciendo patente también para el conjunto de su propia base social. Sin embargo, el avance por ese camino tropieza con obstáculos de todo tipo, tanto circunstanciales como estratégicos. Los circunstanciales son bastante obvios: el atentado de la T-4 va a dificultar, si es que no a impedir -de momento también a impedir-, que esa mesa, en la que la presencia de Batasuna es tan imprescindible como la del PSE-PSOE, pueda siquiera funcionar. Tal como se han puesto las cosas, las posibilidades de que Batasuna encuentre reconocimiento oficial y reciba un trato normalizado son nulas. Es posible que los socialistas sigan reuniéndose con los dirigentes de la izquierda abertzale, pero a buen seguro que lo harán a escondidas, evitando como sea la foto. Las dificultades estratégicas son también muy grandes. Porque cualquier intento de llegar a un acuerdo con el poder central del Estado relativo al reconocimiento político de la personalidad nacional de Euskal Herria va a chocar frontalmente no sólo con la tradicional cerrazón españolista de los sustentadores de ese poder, sino también con la hostilidad, renovada y ahora aumentada, de buena parte de la propia población española, que tiene en sus manos un instrumento decisivo, de potencialidades devastadoras: el voto. He estado a punto de escribir: "No quiero ni pensar lo que sucedería si, a raíz de todo esto, el PP regresara al Gobierno central". Pero tanto da lo que yo quiera o no quiera pensar: esa posibilidad no sólo existe, sino que ha ganado muchos enteros en las últimas horas. Y con el PP en la Moncloa, los progresos en el plano estrictamente político se harían todavía más difíciles. Hace tres meses escribí un artículo para el foro internacional Safe Democracy (Por qué puede fracasar la paz en el País Vasco, lo titulé) en el que apelé a la tópica imagen del choque de trenes para expresar que, tal como veía las cosas, no podía descartar en absoluto que el proceso de paz saltara por los aires, gracias a la cerrazón combinada de los unos y los otros. No menciono ese augurio para hacer gala de lucidez, como algún amigo me ha recriminado, sino para subrayar los peligros que presenta el optimismo infundado. Un colega muy majo, al que tengo gran aprecio, suele decir mucho: "Quiero creer que...". Eso es voluntarismo, sin más. No le veo las ventajas. Ponerse en la mejor de las hipótesis puede ayudar a las personas a sufrir menos, pero lo más útil, no a efectos subjetivos sino sociales, es evaluar siempre qué posibilidades hay de que sea la peor de las hipótesis la que realmente se verifique. El certero Alberto Piris me señaló en cierta ocasión que esa querencia mía a prepararme para lo peor, que no sé de dónde me viene, es un principio básico de la ciencia militar. Lo que pasa es que hay mucha gente que se apunta sin pensárselo dos veces a la gracieta aquella de Groucho Marx según la cual hablar de inteligencia militar es incurrir en una contradicción in terminis. Ni por el forro. Los militares han estudiado mucho y muy bien a lo largo de la Historia en qué consiste eso de ganar y de perder. Y qué hay que hacer para lograr lo primero y evitar lo segundo. Parece mentira que una organización que se hacía llamar "ETA militar" haya demostrado tan poca pericia en ese arte. Ahora, en todo caso, estamos en la situación provocada por la peor de las hipótesis. ¿Qué se puede hacer? Regreso a las cuestiones de filosofía. Primer punto: aceptemos que hay problemas que, cuando están irremediablemente mal planteados, no tienen solución. Segundo: recordemos que ningún realismo justifica la pasividad. Hay que seguir intentándolo. Por imperativo moral, ya que no por esperanza. |
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