Nabarralde MUNDUAN BARNA  

Adolfo Yáñez
La España de Chikilicuatre
Noticias de Alava


Coincidiendo casi con las últimas elecciones generales, una cadena de televisión ha sometido a plebiscito popular la persona y la canción que representarán a los españoles en el próximo festival de Eurovisión. Entre los aspirantes había mujeres con talento y chicos ilusionados por triunfar en el difícil mundo del espectáculo. Algunos hubiesen hecho un excelente papel en cualquier escenario, pues cantaban bien y sus melodías eran simpáticas y pegadizas. Pero ganó Rodolfo Chikilicuatre. Ganó lo bufo, lo grotesco, lo caricato. Ganó un chikichiki bailado (si hacemos caso al propio intérprete) por mulatas con las bragas en la mano . Y es que, para reivindicar sus preferencias ese día, a uno le asalta el temor de que se movilizara en bloque la España de las salsas rosas y el culo codo, la España de lo zafio y el voyerismo televisivo desvergonzado, la España de lo cutre que se deleita con la sal gorda de ciertas películas o programas que están en la mente de todos.

A la democracia le debemos la grandeza de no pesar los votos, sino de contarlos. Y vale igual el voto del yonki que el del padre de familia que no conoce otra droga que la del trabajo para sacar adelante a los suyos. Vale igual el voto del analfabeto que el del doctor, el del vago y maleante que el de aquéllos que se esfuerzan por vivir con dignidad. Idéntico valor posee en las urnas la decisión del asesino que la del que sirve a sus semejantes en una ONG. Porque la democracia acoge la voluntad general con el fin de que nunca olvidemos que a nuestro lado existen analfabetos que desean cultura, y yonkis que necesitan atención, y maleantes a los que hay que neutralizar.

Sin embargo, para otras representaciones nacionales, ¿conviene recurrir a las masas de telespectadores atraídas por empresarios ansiosos de vender publicidad y de engordar sus cuentas de resultados? ¿Los gustos de la mayoría nos dejarán mejor a los españoles en una ventana abierta al mundo, como es Eurovisión, que la opinión de los entendidos? No creo. Respeto la decisión de mis conciudadanos y, si no mediaran las finanzas de algunos y no me produjera repelús el cutrerío, hasta es posible que me sentara a ver actuar a Chikilicuatre en la noche de marras. Trataría de olvidar que ese hombre (respetable también como persona) ocupaba el sitio de muchachos con talento y con ganas de ser verdaderos cantantes. Postergaría mis prevenciones y manías, pero, al verle inmerso en su peculiar estilo, estoy seguro de que acabaría sintiéndome incómodo. Y no le veré. Será la forma de pasar por alto que miles de compatriotas míos le regalaron la magnífica oportunidad de representar a un país que es mucho más que chikichikis y caretos de bufón.