| Nabarralde | EGUNEKOA |
Josu Sorauren |
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| Ritos profanos | |
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El templo rebosaba de calas, azucenas y enjambres de lámparas. Las bancadas eran una exposición de modelitos y de peinados donde lo más estrambótico podía competir con la exclusividad y la arrogancia de las firmas más chic. En los varones predominaban los cortes serios y encorbatados. En torno al altar, las jóvenes doncellas con sus conjuntos de espuma blanca y los aprendices de almirantes con toda su quincallería y entorchados. La amalgama del vaho de las azucenas, con el desparpajo de tan diversos perfumes casi resultaba atosigante. Llegué a pensar que solo faltaba el protagonismo del incienso para entrar en un colocón… ¿Elucubración poética? Ni hablar, para eso hay que valer. Cruda descripción ambiental. El llanto de aquella muñequita rubia, con vestido de organdí me rescató de mi abstracción. El cura con fingido paternalismo seguía encadenando el viejo, críptico, archisabido, aburrido discurso… de "su palabra de Dios". La verdad es que aún queda mucha gente que por diversas causas mantiene la pantomima: Es que los abuelos…, es que los amigos del chico… ya sabes, luego, en "la ikas" se comenta todo… No olvidemos, por supuesto, "la ilu", que supone para muchos aitas ver a sus pipiolitas/os, con sus floripondios de virginales noviecillas o de apuestos almirantes… Alguna de estas razones tuvo que mover a mi pariente para meterse en este berenjenal. Yo sabía perfectamente, que tras aquella mirada perdida en la linterna de la bóveda, se enfurruñaban sus cavilaciones… Estaba un poco harto del coñazo que había supuesto todo el montaje de la ceremonia… Por si era poco la movida del fútbol, música y algún otro paripé, ahora el rollo de la catequesis… dos años de correveidile para el hijo… -Vais a recibir en vuestro cuerpo a Jesús, y la hostia es su carne aunque sepa a pan- La niña nupcial sonreía a la amatxo… Mi sobrino -como los demás neocomulgantes- con una sonrisa de circunstancias a leguas de la palabra del ministro…contando los regalos: la playstation, la cámara de fotos, la lluvia de Euros… Para mi pariente lo de la hostia, le remitía al restaurante. - La que me van a dar a mí… 80 euros el cubierto… A ver quien me apoquina los plazos de la casa y del coche… y aun me dice la parienta que este año tendremos que conformarnos con una semana de vacaciones en algún camping modestito… con lo que se ha gastado en ese conjunto incomprensible y en ese peinado estratosférico… Este año no nos va a llegar ni para un finde…- El celebrante se la tenía jurada a un fotógrafo… - ¡Pare usted con sus fogonazos que no sólo me interrumpe a mí, sino a los niños y a la palabra de Dios!- - Este cura… -me comentó por los bajines el pariente- yo creo que pierde aceite… Mira la cara de los chavales… ¡No entendemos nosotros su rancio galimatías como para que lo cojan los críos! Y si por lo menos se hubiera encargado de estos rollos la ikastola… Yo la hice allí… ¡Algo mas sencillo fue aquello!- - Y sobre todo más económico -le sonreí- - ¡Eso…eso! Los ritos han pautado la existencia del hombre. Han escenificado los mitos y los momentos importantes del devenir humano: Ingreso y participación en la comunidad religiosa, en el grupo de guerreros, iniciación sexual, purificación, bodas, óbitos etc… En muchas religiones, por iniciativa expresa del chamán o del gurú, la esencia del rito era críptica, puro enigma o tabú. Quedaba al exclusivo alcance de la casta religiosa el poder desentrañarlo o interpretarlo. Viejo sistema para atontar y dominar al personal. El cristianismo, como cualquier otra religión planteaba sus símbolos, evidentemente. Sin embargo, y sobre todo a partir de Nicea, los Padres de la iglesia, tomistas, tridentinos y la futura peña vaticanista armaron el tinglao. Hoy, el conglomerado de misterio e inaccesibilidad que presenta su teología, más parece el parto de los "doctores" de la institución, que desarrollo del mensaje evangélico. Si algo quedaba claro en la simplicidad del ceremonial primigenio, era la celebración del amor y de la palabra, sin ningún asomo de boato u ostentación; y la participación espontánea de la comunidad. El rito era el pentagrama de la palabra y la palabra el vehículo de la solidaridad y de la fraternidad… Por lo menos hasta que Constantino se entusiasmó con los grandes templos y palacios y sobre todo con el esplendor de las ceremonias… El cristianismo se masificaba, se institucionalizaba, y se jerarquizaba con vertical solidez… Uno, siempre tentado por ese agnosticismo que no sabe si es pasotismo, hartazgo de ritos rutinarios y descontextualizados o vacíos, ceguera o "frío raciocinio", acaba irritándose con ciertas ceremonias eclesiales. Tener que asistir a ciertas comuniones, o bodas de compromiso -Sisy y el príncipe, no está mal para un bello y breve sueño- es como decía un buen amigo: "peor que una multa de 400 E. y seis puntos… del carnet de circulación" . Y no tendría que ser así. Al menos si se trabajan otros contextos, donde, al margen de creencias, la celebración de la fiesta mantenga su encanto, sencillez, ¿jolgorio?... Tratándose de eventos dolorosos aún puede ser peor, porque la parafernalia fúnebre se aproxima más al terror y a la desolación que al consuelo. -¡qué decir de ciertos funerales…!- La iglesia oficial siempre tuvo especial predilección por el teatro de la muerte... Son momentos en que bastaría el simple acompañamiento, el apoyo humano o simplemente el silencio. Pero la Jerarquía eclesial, no parece o no quiere enterarse… y ahí anda aferrada -estancada en Trento- a los viejos ceremoniales… -¿donde está el tan cacareado "aggiornamiento"?- quizás tenga que trancar la empresa. No voy a divagar, a lo que estamos. -¡Pero si dentro de cuatro días -me susurraba el pariente- ningún crío de estos va a volver a pisar una sacristía! - Hombre, no es que a ti y a tu mujer os vaya a pillar la bóveda, -le sonreí-. -¡Qué cosas dices… ¡ A mi el incienso… Bueno, ya sabes lo que pienso… - Claro. Y el celebrante - ridículamente meticuloso, no se si por viejo, aburrido o paranoico- que se empeñaba en ordenar el tráfico de los fieles comulgantes. -Señora, ¿cuántas veces lo he de decir…? Venir por la derecha y volver por la izquierda… Pero ya con el joven mutil no se contuvo. Le agarró de las solapas y con cajas destempladas y sin mediar palabra, le zarandeó hacia la protocolaria izquierda. Meneó su cenizosa testuz con cierta exasperación y el consabido suspiro, se enfrascó de nuevo en su copón y retornó al tajo del santo racionamiento… ¡vaya convite! Entre los asistentes las miradas y gestos eran de todos los colores: extrañeza, cabreo, juerga comedida etc… -No te digo yo que se le va la olla… -el aguante de mi pariente se tambaleaba y le así por la muñeca- -Calma, no merece la pena… ¡Para lo que queda de función…! De todos modos, pensaba para mi coleto, bastaría una pizka de sentido común para ver que aquel ceremonial como poco era irracional. ¿Cómo un adulto en su sano juicio puede encandilar a un niño, dándole la murga hasta la saciedad con el dichoso banquete divino que va a celebrar? Un banquete para un niño -no hace falta que sea divino-, es un pequeño desmadre festivo, donde puede hartarse con sus amigos hasta de chucherías. Y gritar y moverse y hacer las judiadas competentes… De ningún modo aquel ceremonial encorsetado, donde un cura con malos humos mandaba levantar las palmas al cielo, ponerte de pie o de rodillas o dar la mano a gente que no habías visto en tu vida… ¡Buen reclamo para el futuro! Seguro que hay adultos y doctores de la madre iglesia que lo podrán entender… ¡pero un niño…! ¿Por qué la iglesia no acomoda los ritos a los signos de los tiempos para dotarles de un contenido más humano y comprensible? De alguna forma, toda actividad humana grupal necesita sus ritos. Y por supuesto la religión, cuya expresión esencial se desarrolla en la colectividad. Pero, a mi entender, la religión, se puede vivir de dos formas: como mera ceremonia o peaje social y como un compromiso personal con la búsqueda de la verdad y de la justicia. En el primer caso es pura falacia y fariseísmo. Prácticamente toda la virtualidad de la religión comienza y acaba en un complejo puñado de ritos. Así concebida, la religión ha supuesto una rémora para el desarrollo humano y sobre todo, ahí está la historia, una agresión contra la conciencia y la libertad del individuo. En el segundo -para quien cree y se involucra- un compromiso solidario con la justicia y con la redención de los pobres… El creyente se encarna en los problemas humanos: Vive a la orilla de su miseria luchando con él hasta emerger, denuncia al opresor exponiendo su propia vida, se involucra en las demandas de libertad y justicia…etc… Ahí están los innegables e innumerables testimonios de muchos creyentes, con cuya creencia y metodología podremos estar o no de acuerdo, pero que son un aldabonazo para nuestras conciencias. Eran alguna de las reflexiones que tras la ceremonia y muy en síntesis -no era el sitio adecuado, pues el barullo era monumental- trataba de enlazarle al familiar. - No me elucubres, estate a lo que estamos y no me vengas ahora con filosofías… -enfatizaba mi pariente- Nace cordero y muere pastor, Dios entra en tu corazón, enciéndele una lamparita, ábrele la puerta y no se la cierres nunca… Y como buen ex-seminarista me endilgaba toda una esa vieja letanía de símbolos eucarísticos, que si a los durante largos años confesos, llegó a resultarnos patética, no quiero ni pensar el revoltijo indigesto que puede armarse en la mente de un niño. Y claro, antes, la vara de la doctrina, la policía clerical, la terrorífica obsesión del pecado mortal y el infierno y el propio "quedirán", nos hacían tragar inacabables y aburridas horas de "tabernáculo"… Pero afortunadamente, son otros tiempos. Felizmente todo esto se extingue y va pasando a peor vida… Nadie duda que una gran parte de esa sociedad que de cuando en vez frecuenta esos ritos, ya no percibe su carácter "sagrado"… Han pasado a ser puros protocolos profanos. Pero siempre me queda un interrogante. Cierto que nos hemos liberado de unas estructuras religiosas alienantes, esclavizantes, atosigantes…o como se las quiera llamar. Pero acertadas o equivocadas, con la excusa de esas vivencias religiosas poseíamos muchas concepciones éticas válidas y nada despreciables. Es bueno que una sociedad se defina laica y aconfesional y que las distintas confesiones abandonen los escaños de la política y ciertos privilegios "inconfesables". ¿Pero no resulta inquietante -y esta es mi preocupación- que sin el soporte de una vivencia religiosa mucha gente no sea capaz de articular en su conciencia una concepción moral básica? Mínimamente básica. Lo imprescindible para comprometerse con los derechos humanos y ciudadanos, con la exigencia de una justicia retributiva y solidaria con el mundo de los desheredados, con la denuncia de la explotación del hombre y muchos etc… Es muy probable que la "Iglesia oficial", de haberse fajado con estos temas hasta la extenuación, no se vería misereando en estos ridículos, cuando no absurdos ceremoniales con fecha de caducidad. Claro que nunca se sabe, hay colores para todos los gustos y siempre como última instancia le queda la alternativa de reconvertirse en secta, caso de que no haya emprendido ya el camino… |
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