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La
Importancia de la Palabra
Xabier
Armendariz. Escritor
Construcción:
Fabricar, edificar, hacer de nueva planta una obra de arquitectura o
ingeniería, un monumento o en general cualquier obra pública.
Quede
constancia de antemano que el arriba firmante no es, ni de lejos, el
artífice de esta definición, ni de las que utilizaré
en adelante. Han sido fielmente reproducidas del diccionario de la Real
Academia Española, edición electrónica de 1995.
No
tendrían mayor importancia las definiciones si no fuese por el
sentido evidente e intrínseco que las conforman. Y últimamente
se viene utilizando profusamente el término construcción
aplicada al ejercicio de recuperación de la soberanía
originaria de Euskal Herria. Puede parecer rizar el rizo, pero he de
afirmar categóricamente que la semántica tiene su importancia
cuando una acepción es utilizada de manera interesada o por simple
dejadez, con un significado contrapuesto e incluso incompatible con
lo que se quiere transmitir al vocalizarlo.
Trataré de ser conciso, y diré que utilizar el término
construcción en aras a las aspiraciones políticas de Euskal
Herria, es confundir los términos y minimizar la carga razonable
de una reivindicación legítima. Desde que los vascos tenemos
memoria y desde que otros foráneos recogieron esa memoria conservándola
para el futuro, Vasconia y con posterioridad el Reino de Navarra, han
sido dos realidades políticas, más o menos homogéneas
a lo largo de los siglos. Emanada de aquellas, sobre todo de ésta
última, convive una realidad cultural denominada Euskal Herria
y que en absoluto ha sido término de reciente acuñación
y mucho menos de creación por parte de ningún sector político.
Por
una simple deducción -de aquellas que son capaces de realizar
nuestros tiernos infantes auxiliados del complejo mecanismo de un chupete-,
utilizar el término construcción aplicado a una realidad
política y/o cultural perenne a lo largo de miles de años
es, cuando menos, paradójico. Si alguien a estas alturas se siente
tentado a seguir pensando que cojo el rábano por las hojas, que
haga memoria y vea la cantidad y calidad de la perversa eventualidad
y de la capacidad de distorsión de la realidad que llevan implícitas
las palabras. Ejemplos: Se denomina Incorporación (voluntaria)
a entrar a sangre y fuego en Navarra e incorporar a su ejército
y civiles al ciclo natural de la transformación de la materia
en abono para la nueva provincia, incorporada, naturalmente. Se denomina
Restitución (foral) al conjunto de libertades, nunca restituidas,
y que se parecen a las originales de Navarra como la Ley de Partidos
a la Democracia. Se denomina Autonomía a la capacidad
que tiene el sujeto autónomo, sea ente individual o colectivo,
para agachar las orejas cuando tiene que hacer aquello que no le gusta,
pero le mandan. Se denomina Libertad de expresión
a la capacidad de clamar en el desierto cuando a uno le cierran el periódico
en el que no se expresaba de manera adecuada o el txoko cuando no cocina
al gusto de unos pocos. Y para no prodigarme más, aunque se podría
seguir, se denomina Euskadi al conjunto del proyecto de co-soberanía
de un país que nunca existió, si no fue en el ansia de
un político cien años atrás y que sin embargo oculta
una realidad histórica y expatría a la mayoría geográfica
de una nación a la que se ha despojado hasta de su nombre.
Sin
embargo, siempre estamos a tiempo de enmendar nuestra dialéctica
y utilizar los siguientes vocablos: Reconstrucción: Perteneciente
o relativo a la reconstrucción. De Reconstruir: 1. -Del
latín. reconstru_re. Volver a construir.
Veamos
qué tal somos capaces de expresarnos con ellos:
Reconstrucción,
de la dignidad de un pueblo. Reconstrucción, de la paz basada
en la libertad de las personas y los colectivos. Reconstrucción,
de los derechos lingüísticos de una parte importante de
una nación. Reconstrucción, de la educación cultural,
para que no valga infinitamente más un zortziko vizcaíno
que una jota ribera, ni un alegre mutiko más que un muete o un
garçon, o un paisaje verde adornado de caseríos a un amanecer
sobre las lomas y los bosques de la Valdorba. Reconstrucción,
de la justicia, para que los ciudadanos de un país al que se
le ocultó su historia, es decir, su ser, esencia y alma, pueda
reconstruir sus historias y viejas leyendas y reconstruir una tradición
de padres a hijos que algunos han conseguido construir sobre la base
de la imposición y la mentira. Reconstrucción, de la lógica
democrática, para que la mayoría no renuncie a sus sueños
de reconstrucción porque la minoría no quiere construir
nada que no sea, claro está, lo que se les manda desde Madrid
en detallados planos.
Si
la clase política de este país cuidara más la semántica
y llamara a las cosas por su nombre, verían con sorpresa cómo
las palabras tienen una importancia infinitamente superior de la que
sospechamos. Y si no, siempre se puede hacer una prueba; por ejemplo,
se me ocurre, que los señores portavoces de los partidos del
arco abertzale investiguen y se asombren del cambio de tono y de la
multiplicación de los vientos de allende el Ebro, si cambian
en sus declaraciones de intenciones y de futuro, la palabra construcción
por reconstrucción a la hora de referirse a este país
que les votó, precisamente, para que explorasen todas las posibilidades,
incluidas las semánticas.
A
veces es que somos muy burros y es menester realizar acto de
contrición y humildad. A veces, asimismo, los españoles
nos dan el trabajo hecho y además, verbigracia, nos muestran
el camino. Tanto es así que en la acepción Reconstruir,
en su segunda entrada, en aquella que me he guardado para el
final, no sólo nos iluminan el camino, sino que lo fijan,
lo limpian y le dan esplendor: 2. -Unir, allegar, evocar
recuerdos o ideas para completar el conocimiento de un hecho
o el concepto de una cosa. ¿Se referirá la
Academia, con el conocimiento de un hecho, al hecho evidente
de nuestra memoria histórica como Navarra-Estado Vasco?
¿Será perentorio unir, allegar voluntades, evocar
recuerdos con ánimo de llevar a buen puerto una justa
reconstrucción nacional? ¿Será una definición
trampa? Si hasta ellos lo califican de esa guisa, por una vez,
y sin que sirva de precedente ¿No deberíamos hacerles
caso?
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