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[ Ollara y Hitler (1) ]


OLLARRA Y EL 36 (2)

Víctor Moreno. Escritor y crítico literario

"Mal síntoma es querer volver sobre la guerra del 36, ¿No sería mejor olvidarse de una vez de la guerra, que casi nadie ha conocido?" (Ollarra, Diario de Navarra, 23-III-2003).

Artículos como éste de Ollarra son de los que más contribuyen a que esta sociedad jamás olvide lo que pasó en la guerra del 36. Curiosamente, él se lamenta de que sea así, y no se da cuenta de que nadie como él ha contribuido a que el tema del 36 siga más fresco que un cogollo de Siberia. Y es que la ciudadanía de Navarra tiene una suerte envidiable por disponer de un sujeto como Ollarra, director del Diario durante treinta años.

Ollarra es la memoria en activo de lo que fue la derecha fascista de Navarra. Y cada vez que escribe un artículo es motivo de alegría, porque siempre revela alguna clave más de su torticera ideología que en muy poco se diferencia de quien fuera su mentor, Raimundo García, alias Garcilaso.

Hable de lo que hable, escriba de lo que escriba, no puede evitar sacar a relucir sus particulares fantasmas que no son otros que los derivados de sus íntimas y profundas convicciones, más que franquistas, facciosas. Porque Ollarra se considera a sí mismo un sujeto fuera de la historia; de ahí que se permita todo tipo de comentarios, considerando que él, sólo él, es el depositario único de la historia, de la verdad y del ser de Navarra. En este sentido, jamás se ha permitido que las aguas tolerantes de la democracia le acariciaran tan sólo el cogote. Por mucho que lo niegue, sigue mirando la vida con el chip ideológico de 1936. No hay quien lo saque de esa fecha. Hable de lo que hable, siempre regresa a ella de modo obsesivo. Su última colaboración ­fechada el 23 de marzo de 2003- se trasladaba, ahí es nada, de la guerra del Irak al 36, proporcionándonos unas comparaciones la mar de rocambolescas entre los que se manifiestan en la calle contra la guerra de Irak y los que lo hacían en 1936. Si se cotejan los reportajes que Garcilaso escribiera en abril y mayo de 1936 contra quienes se manifestaban en Madrid, en la huelga de abril y el 1º de mayo, se verá que Ollarra no se ha inventado nada en el 2003. Sigue con la misma fijación maniquea que adornara el cerebro reaccionario de Garcilaso.

El 36. Hablemos de él. Leyendo a Ollarra y todos los artículos que han ido saliendo en su periódico, uno, ya no sabe si los asesinados en 1936 deberían levantarse de sus tumbas y cunetas y pedir públicamente perdón por haber sido víctimas y asesinados en nombre de Dios. Leyendo el Diario, parece que quienes los asesinaron impunemente les hicieron un favor. Por otro lado, asegura Ollarra que lo que se busca no son responsabilidades, sino revancha. ¡Retorcido Ollarra! ¡No pensaba que fuera tan hábil describiendo sus más íntimos sentimientos!

Hablando de responsabilidad. Se ha hablado y bien de la responsabilidad de la Iglesia, pero mucho más grave que la participación eclesial fue la del periódico del sr. Ollarra. En realidad, tendría que ser el Diario el primero en pedir perdón por lo que hizo, cosa que está en su propia hemeroteca. Y tendría que hacerlo porque fue el primero en llamar a la depuración física del adversario (26-VIII-1936); el primero en pedir la depuración de los maestros nacionalistas (26-IX-1936); el primero en pedir la depuración de los trabajadores con ideología republicana (27-IX-1936); el primero en rendir homenaje público a los muertos en el frente del mal llamado bando nacional, serán los mártires de la Cruzada (2-VII-1937), mientras que calificará de ratas a los otros muertos (20-IX-1936) y masones siniestros (8-X-1937). Recordemos que a Azaña le llamará el Monstruo, que "parece más bien la absurda experiencia de un nuevo y fantástico Frankestein, que fruto de los amores de una mujer" (16-VIII-1936). En fin, para qué seguirŠ

Fue gracias al Diario de Navarra, como el propio Ollarra reconocerá en 1962 (24-X-1962) glosando la figura Garcilaso, como se pudo perpetrar con premeditación y alevosía la barbarie que se hizo en Navarra. Dejémonos de paños calientes: Garcilaso no sólo fue un simple correo entre los militares Mola, Conde de Rodezno, Sanjurjo y Franco, sino su gestor ideológico fundamental.

Y lo llaman una y otra vez levantamiento popular, pero, ¡qué, coño, iba a hacer un pueblo si estaba Navarra llena de militares hasta las cachas! Al único militar que tuvo agallas para hacerles frente, se lo cepillaron vilmente.

Lo más insultante de todo es que el Diario no muestre signo alguno de arrepentimiento o propósito de la enmienda, sino que se pavonee orgullosamente de haber sido el instrumento/portavoz de la guerra, y gestor de la preparación de la misma, como una y otra vez ha reconocido ufanamente el propio Ollarra. Sólo por esta razón, la Iglesia, comparada con el Diario, fue una hermanita de la Caridad, a pesar de los Ona y compañía.

Que Ollarra haga alardes en pro de la democracia ­en este artículo se lamentará cínicamente de que "no hayamos asimilado aún la democracia"- resulta hiriente, porque Ollarra jamás ha sido un demócrata. Es más. La democracia en su periódico ha tenido siempre muy mala prensa; lo mismo que los partidos políticos y la sindicación obrera, fuera roja o libre. Ollarra, en este campo, es hijo putativo espiritual del decimonónico Garcilaso, y no ha dado un paso adelante.

En reciente entrevista confesaba lo mucho que le hizo sufrir Fraga con la censura. Pobrecito Ollarra. Daban ganas hasta de llorar. A ver si es valiente y nos cuenta en su próxima entrega el duelo que le hacía tirar a la papelera artículos con sabor a liberal.

Iba a decir que lo mejor sería para él que se cortara de una vez para siempre la cresta de gallo de bronca periodística y se dedicara a lo que realmente le gusta: investigar cómo blasfemaban los pecheros en la Edad Media o lo bonito que es Ujué cuando le pega el sol de la tarde de mayo. Pero, pensándolo bien, no. Mejor que siga escribiendo. Nos basta ver su firma para saber que el periódico, por muchas moderneces tecnológicas con que se adorne, sigue varado en las aguas inmóviles de la reacción.

2003 abril