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¿SOY
COLABORADOR DE E.T.A.?
Roldán
Jimeno Aranguren (Historiador y colaborador de Euskaldunon Egunkaria)
Soy
colaborador bimensual de Euskaldunon Egunkaria desde junio de
1998, escribiendo principalmente artículos de opinión sobre
diferentes aspectos culturales e históricos de Navarra. Mi última
colaboración, dedicada al poemario del poeta tudelano del siglo
XII, Yehudah ha-Levi, hacía el número 24, pero no se ha podido
publicar, ya que estará siendo analizada en la Audiencia Nacional.
Estos artículos, además, son remunerados, por lo que imagino
estar en el punto de mira del Juez Del Olmo. Mi presunción de
culpabilidad se acrecentará cuando el Sr. Juez se percate de
que también soy suscriptor de la revista Argia y que tengo dos
artículos publicados en la revista Jakin. Asimismo, la luneta
trasera del Opel Corsa de mi mujer luce sendas pegatinas de
Egunkaria y Argia, por lo que deduzco estar casado con una apologista
del terrorismo. Ante las noticias vertidas por los medios de
comunicación de Madrid -e incluso algunos más cercanos-, me
pregunto: ¿Soy colaborador de E.T.A.? Evidentemente no. En más
de una ocasión he expuesto públicamente mi repulsa hacia la
banda armada -incluso en el propio Egunkaria-, pero ahora no
es el momento de hacer el juego a los intereses de quienes han
montado toda esta farsa mediática.
La
experiencia del cierre de Egin auguraba, con la clausura de
Egunkaria, una gran movilización social que generaría un viraje
de las cámaras de televisión hacia el siempre recurrente País
Vasco. La posición del Gobierno español en la guerra de Irak
y la catástrofe del Prestige necesitaban de un golpe de efecto.
En este caso, se ha ido contra tres pilares que sustentan el
edificio cultural del euskera: el único periódico escrito íntegramente
en esta lengua, una de las revistas de divulgación con más arraigo
en el país, y una de las revistas que más han contribuido al
desarrollo del euskera en las ciencias humanas y sociales. Tampoco
parece casual que la intervención judicial haya incluido a la
Federación de Ikastolas, justo en el momento en el que nos hayamos
inmersos en la campaña de matriculación escolar, con todos los
centros afanados en captar a los escasos niños y niñas escolarizables
en un territorio con la tasa de natalidad más baja de toda Europa.
El golpe judicial en Herri Irratia ('Radio Popular') también
ha servido igualmente de toque de atención a la díscola Iglesia
vasca.
Entre
todas las detenciones me ha sobrecogido la de Joan Mari Torrealdai.
Presidente del Consejo de Administración de Euskaldunon Egunkaria,
Director de Jakin y miembro del Patronato de la Fundación Euskalgintza
Elkarlanean Fundazioa es, ante todo, uno de los intelectuales
más comprometidos con la cultura vasca. Licenciado en Ciencias
Sociales (París), Teología (Toulouse), Ciencias de la Información
(UPV/EHU) y Doctor en Sociología y Ciencias Políticas (Deusto),
ha desarrollado una importante labor en el impulso del euskera.
Es uno de los cronistas más acreditados en el conocimiento de
las letras vascas, merced a sus voluminosos libros Euskal idazleak
gaur (1977), XX. mendeko euskal liburuen katalogoa (1990-1996),
y Euskal Kultura gaur (1997). Tampoco podemos obviar su estudio
dedicado al euskera en Euskal Telebista (1985), su imprescindible
El libro negro del Euskera (1998), ni sus dos aportaciones sobre
la censura en los libros vascos, fruto de su tesis doctoral:
La censura de Franco y los escritores vascos del 98 (1998),
y Artaziak. Euskal liburuak eta Francoren zentsura, 1936-1983
(2000). Paradógicamente, el estudioso de la censura sufre en
sus propias carnes la censura institucional de principios del
siglo XXI, enmascarada ahora de un ropaje democrático perfectamente
parapetado por los medios de comunicación al servicio de una
causa única e incuestionable. Esperemos que esta censura no
alcance a otros medios díscolos como el que esta carta alberga,
y que ya ha sido objeto de vilipendios por parte de las autoridades
locales. Entre tanto, sólo queda invocar la memoria histórica
del periodista pamplonés Basilio Lacort y mostrar nuestra solidaridad
y cariño a los trabajadores de Euskaldunon Egunkaria.
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