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De géneros apocalípticos
Pedro
Esarte Muniain (Historiador)
La
vida no para de darnos sorpresas. Resulta chocante ver erigido
a J. I. Del Burgo en un reciente artículo en paladín y juez
de la moralidad, con acusaciones tales como que la guerra de
Irak fue un "filón" político para quienes se mostraron contrarios
a ella, por según el autor- ser manejada contra el que la provocó.
Esta maquiavélica tesis, no obstante, nos permite desnudar a
su autor, que no es precisamente ni un demócrata ni un antiviolento.
Y
es que su aceptación tácita de los bombardeos de Serbia, donde
"nuestros" militares efectuaron "daños colaterales" al bombardear
impunemente desde alturas que no alcanzaban a distinguir los
objetivos militares, o el desprecio hacia los muertos civiles
iraquíes porque no se contaron "por cientos de miles...",
porque la economía no ha entrado en recesión, porque no se ha
hecho trizas "la tradicional amistad con los países árabes..."
etc. constituye un apoyo tácito, no solo a la guerra como
ya lo expresó en el Congreso, sino a los daños de la misma y
a la impunidad futura.
Y
es que afirmar que "el mundo es más seguro desde la liberación
de Irak" y que "los dictadores tienen también motivos
para temblar...", es un ejercicio rayano en el cinismo y
una tergiversación propia de un maestro de ellas. Jaime Ignacio
Del Burgo ya proclamó falsedades como la de que "Cuando la
independencia de la patria estuvo en peligro... Navarra luchó
sin descanso. En 1932, Navarra demostró su inquebrantable adhesión
a la unidad de España, con su repulsa al Estatuto vasco-navarro
y ratificó plebiscitariamente una vez mas, el régimen
de autonomía administrativa nacido del Pacto foral de
1841".
Aunque
Navarra se hubiera posicionado en contra del Estatuto vasco
(lo que ya desmintió Jimeno Jurío), y la ley de 1841 hubiera
sido un "pacto", el autor faltó además a la verdad, diciendo
que hubo repulsa al Estatuto, que fue un acto plebiscitario
(que no lo fue), que nunca hubo posicionamiento diferente (ni
diferente ni igual, fue falso). Tampoco hubo nunca en Navarra
ningún plebiscito. Y sólo 12 años antes(1920), la ley de 1841
fue rechazada por la práctica totalidad de los ayuntamientos,
entre ellos el de Pamplona, por unanimidad.
Posteriormente
Del Burgo Tajadura trató el tema de la guerra civil y sus consecuencias
en Navarra, con los aproximadamente 3.000 asesinados por los
sublevados, y un número mucho mayor de exiliados ("victimas
no iguales"), que si hubieran podido votar, es casi seguro que
él no hubiera llegado a los cargos políticos conseguidos, asumiendo
como suya la proclama de aquella Diputación:
"Por
la fe religiosa, por el respeto a la libertad de nuestra conciencia,
por la enseñanza y efigie de Cristo, que anhelamos ver pronto
presidiendo nuestras escuelas; por la paz material, conturbada
bajo el imperio de la más desenfrenada anarquía; por nuestras
libertades forales, respetadas en sus características, sin fórmulas
exóticas; por todo ello lucha Navarra en este histórico momento.
La Diputación Foral y provincial, íntimamente compenetrada con
el pueblo de estos ideales, le dice a Navarra entera: ADELANTE".
Los
ideales de recuperación del fuero perdido, de muchos de los
asesinados, fueron pues, la justificación para una condena a
muerte sin juicio, solo por pretender fórmulas exóticas.
Y Del Burgo sin valorarlo.
En
otro de sus libros obvia también la sangre de los asesinados.
Sólo existieron los caídos por el lado de los sublevados, dándoles
la representación de todos los navarros: "La contribución
de sangre de Navarra en la última guerra civil española es,
finalmente, prueba más que suficiente de que el amor a España
no es incompatible, sino inherente al amor al fuero".
Pero
para saber cuál es el pensamiento de este demócrata de toda
la vida, lo mejor es aportar frases de su artículo "Crisis de
la Democracia", cuando vivía el régimen del Caudillo: En el
mismo afirmó que "En un reducido número de países se puede
afirmar que la democracia basada en los principios del liberalismo
goza de estabilidad. En los restantes países, debido a esta
«democracia», impera la mediocridad, cuando no la catástrofe
y la anarquía política y social... No es por tanto exagerado
concluir que la democracia, entendida como gobierno del pueblo,
no existe. La democracia imperante ‹y basta echar una rápida
ojeada a los acontecimientos internacionales‹ está en crisis".
Y
añade: "En 1926, Thomas consideraba como «anormalidades»
en el desarrollo constitucional del mundo civilizado, el bolchevismo
ruso, el fascismo italiano y las dictaduras imperantes en Hungría
y España. Su opinión no era original, se trataba de la que pudiéramos
llamar standars. En 1960 lo que para Thomas era anormal se ha
convertido en normal, y la crisis ya no es un estado de excepción,
sino un modus vivendi habitual en las democracias occidentales.
La frase «crisis de la democracia» no es. pues, un tópico más
o menos repetido. Es una realidad evidente.
Recordamos
las palabras pronunciadas por Georges Bidault, ex-Presidente
del Consejo de Ministros y ex-Ministro de Asuntos Exteriores
de Francia, que rubricaron las bochornosas escenas acaecidas
en la Asamblea el pasado 20 de octubre: «Este espectáculo es
lamentable, y acusa la decadencia de un régimen». ... Para nosotros,
en cambio, encierra una significa-ción profunda ... Pero el
argumento aducido por el liberalismo se vuelve contra él. Desde
su implanta-ción, los cambios producidos en la sociedad han
sido mucho más radicales que los habidos en el periodo absolutista.
Y sin embargo, los mismos principios que sirvieron para una
determinada situación postrevolucionaria siguen im-perando en
el mundo".
Las
frases ideológicas son expresiones de una ideología determinada:
"El liberalismo levantó la bandera del individualismo y organizó
a partir de este principio indiscutible la convivencia social.
Al hacer esto firmaba su sentencia de muerte, porque en su misma
esencia llevaba el germen de su destrucción".
A
partir sobre todo de la primera Guerra Mundial el hombre-ciudadano
mera abstracción individual, comenzó a ser sustituido por el
hombre-masa. ...Los partidos «políticos», por otra parte, entraron
en un período de descomposición ante la aparición de los llamados
partidos «sociales» que irrumpían, a veces violenta-mente, en
la escena pública.
¿Serían
capaces las democracias liberales de dar cabida a las nuevas
necesidades sociales? ¿Podrían armonizar el crecimiento progresivo
y necesario de la. autoridad del Estado para resolver las nuevas
situaciones sociales, con el respeto absoluto a la libertad
individual? ...
Pero
el socialismo no es una solución, sino una tragedia para la
sociedad. Es la peor de las esclavitudes. Por el contrario en
los países occidentales la democracia social intenta imponerse
sin destruir el orden establecido. Naturalmente, esto es imposible
y por eso surge, inevitable, la crisis.
No
basta lamentarse y pregonar por todo la crisis. Es preciso recons-truir
la sociedad, herida de muerte por el ensayo liberal. Y en este
em-peño creador, España tiene una importancia trascendente.
«Si España tiene una hora ‹la frase es de Vicente Marrero‹,
una «horas suya en el porvenir de Occidente, en esta segunda
mitad de siglo, tiene que ser una hora eminentemente constructora,
creadora, así como su primera hora, el 18 de Julio de 1936,
lo fue preparadora».
Mella es actualidad siempre. Por eso, concluimos con una frase
suya, profética y llena de épica poesía, pero no precursora
de la gran alborada: «Aun no ha muerto la tradición, todavía
no se ha extinguido la raza; aún queda en el hogar de la patria
el rescoldo que una brisa celeste o el viento de una catástrofe,
puede convertir en magnífica hoguera que calcine las osamentas
de extrañas tiranías y alumbre los horizontes, como la aurora
de una nueva edad y de una vida nueva!»
Es
el mismo político que decía no ha mas de un año, a una con V.
M. Arbeloa y A. Aguirre Baztán, una sentenciadora frase que,
llamando a la convivencia, pronosticaba un futuro incierto,
lo que dejo a la interpretación del lector: "Porque la autodeterminación,
en este sentido puede ser una agresión contra los demás, comenzando
por los demás dentro del mismo pueblo. Éstos últimos y los pueblos
vecinos estarían legitimados a intervenir en su defensa, para
restaurar el equilibrio perdido". Todo un manual político
actualizado.
Mayo
2003
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