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Noain 2003

Luis Maria Martínez Gárate. Ingeniero. Pamplona

Navarra, nuestra nación, es un Estado secuestrado por otros estados. El proceso de constitución y creación de las naciones y los estados constituye un bucle de realimentación positiva. Una realidad social, lingüística y cultural se organiza políticamente en un Estado. El Estado recrea, reconduce y refuerza las características nacionales de esa sociedad. La realidad de los vascones constituyó el soporte de nuestro Estado pero, sobre todo, es la existencia del Estado navarro quien ha conformado, históricamente, la nación vasca. Navarra, con el concepto de reino, es sinónimo de Estado. Es nuestro Estado, es el único Estado que hemos tenido los vascos en nuestra historia. El Estado ordena territorial, jurídica, cultural y políticamente la nación al hacer uso de los instrumentos que le proporciona su propia soberanía, concretada en la estructura administrativa y jurídica necesaria para la gestión de sus recursos. Se puede afirmar que el Estado (re)construye efectivamente la nación.

La conquista y consiguiente minorización a la que hemos estado, y seguimos estando, sometidos nos ha conducido a un proceso normal entre los países colonizados: el olvido o menosprecio de nuestra lengua, historia real, patrimonio y señas de identidad en general y su sustitución por las dictadas por las potencias ocupantes. Una vez más hemos de denunciar el menosprecio sangrante que sufre el Euskara por parte de quienes nos gobiernan con el beneplácito de los conquistadores. La culminación de la destrucción de toda seña de identidad histórica en la Plaza del Castillo constituye uno de los más graves atentados contra el patrimonio de un pueblo perpetrados en Europa en los últimos tiempos. El derribo de los pueblos que van a ser anegados por el tristemente famoso pantano de Itoitz es, por ahora, su último atropello.

Al cierre de periódicos no se puede responder sólo con la constitución de nuevos medios. A la ilegalización de formaciones políticas no se puede contestar con la creación de otras nuevas, semejantes a las ilegalizadas. Hay que crear las condiciones para que la arbitrariedad totalitaria de nuestros ocupantes no pueda seguir ejerciéndose impunemente. Eso sólo lo garantiza nuestra (re)constitución en Estado. Todos nuestros esfuerzos se deben concentrar en la elaboración de una estrategia que nos conduzca efectivamente a este fin.

Las imperiosas necesidades del momento actual sólo tendrán una respuesta democrática, es decir. no aniquiladora de nuestra realidad, mediante nuestra constitución como sujeto político real en el juego de intereses mundial. Y esto significa tener un Estado como el de los portugueses, españoles, franceses y demás naciones europeas.

En cualquier caso, no es suficiente con haber tenido un Estado y haber sido privados del mismo mediante largos y dolorosos procesos de conquista. Tampoco basta con la necesidad objetiva de constituirnos actualmente en una realidad estatal para garantizar nuestra supervivencia y permitir nuestro aporte solidario a la construcción de un planeta más equilibrado y justo. Es imprescindible que nuestra sociedad tome conciencia de todo ello. Es necesario llevar al ánimo de nuestra sociedad la convicción de que la solución a los problemas crónicos que padecemos, pasa por la recuperación por los ciudadanos de la soberanía de su Estado. Hay que transmitir la convicción de que nuestra solidaridad sólo se expresará con toda su potencia si nuestra personalidad es reconocida a nivel internacional como sujeto de derecho en el concierto de países del mundo.

Nuestra liberación y (re)constitución como Estado requiere de una práctica política muy precisa. La capacidad y poder de nuestros estados dominantes no permite por mucho tiempo la "experimentación", el método de "prueba y error". En la actual situación estamos en el filo de la navaja. En la última etapa histórica hemos hecho demasiadas "pruebas" erróneas. Y el tiempo se agota.

La ignorancia del colonizado debe ser reemplazada por el conocimiento pleno de nuestra rica e integradora realidad histórica. El autoodio generado por la acomplejante e insidiosa propaganda de nuestros ocupantes será sustituido entonces por la autoestima. La autoestima generalizada será un buen caldo de cultivo para el imprescindible debate democrático que conduzca a la concreción de la estrategia política necesaria para lograr nuestra emancipación y nos permita volver con la frente alta y nuestra personalidad garantizada a la palestra europea y planetaria.

El domingo, día 29 de junio, nos volveremos a reunir en Salinas de Galar, homenajeando a los navarros que dieron su vida en el intento de recuperar la independencia arrebatada por la conquista castellana. Nuestra presencia allí recoge su testigo de manera que en el conflicto que hasta hoy continúa, logremos la victoria que ellos no vieron.

Junio 2003