Euskal
Herria ¿ Una territorialidad inexistente?
Jon
Nikolas L. de Ituiño
Las
grandes declaraciones permanecen en el frontispicio de las
instituciones de la democracia, aunque su esencia se diluya
por la acción de pequeños hombres que trabajan por borrarlas.
El presidente norteamericano W. Wilson afirmó en 1916 el ideal
supremo que satisface cualquier patriotismo: "Todo pueblo
tiene derecho a elegir la soberanía bajo la cual desea vivir".
En
el pensamiento anterior que recoge la Ilustración se
establecieron los aspectos radicaldemócratas que hacen de
la nación el sujeto de soberanía, existente con antelación
al Estado. Conforme a la teoría de los revolucionarios franceses
la nación era la verdadera fuente de la que se nutrían las
instituciones y el derecho positivo.
A
pesar de la propia ideología que recogía la expresión liberal
de aquellos revolucionarios, el apremio de sus intereses deslumbró
la realidad dando paso al Estado-nación jacobino. Para los
revolucionarios franceses el Estado representaba el poder
ejecutivo personalizado en el Rey al que negaban el carácter
de autoridad absoluta.
En
las estrechas relaciones ideológicas de los radicaldemócratas
de finales del siglo XVIII, a un lado y otro del Atlántico,
la persona del Rey como el propio Estado ocupaban en importancia
un orden secundario. Para ellos, el Estado no era ni origen
ni fin del proceso de formación nacional.
El
abate Sieyes en 1789 recogía la influencia ejercida por la
Ilustración y las doctrinas del derecho natural, así como
del contrato social, sobre los revolucionarios franceses:
"Si la nación existe, por principio de cuentas, será pues
el origen de todo.(...)Sólo de acuerdo con el derecho natural
se constituye la nación. El gobierno, en cambio, pertenece
necesariamente al terreno del derecho positivo(...). Una nación
no puede dejar de ser nación, o serlo de determinado modo
y manera . Tampoco puede una nación decidir que su voluntad
común no es ya su voluntad común..."
Para
los revolucionarios radicaldemócratas, al comienzo de la Era
Contemporánea, el Estado, o bien constituía un mal necesario
(Tom Payne), o bien un simple instrumento de la razón. Un
mecanismo, una máquina, un dispositivo posible de ser aplicado
a voluntad, de acuerdo con los requerimientos de la conveniencia
práctica, del modo y con los objetivos que se considerasen
más oportunos.
Así
lo expresaba Thomas Jefferson cuando definía el Estado como:
" Órgano, técnicamente condicionado, para realizar la voluntad
popular, en verdad un mero instrumento de la voluntad de las
gentes, sin poder propio, y casi podría decirse sin entendimiento
propio; porque la voluntad, el poder y la inteligencia pertenecen
a los individuos, al pueblo soberano, no a la maquinaria,
construida para regular sus circunstancias".
La
ignorancia de Miguel Sanz, representante de una minoría-mayoritaria
en Nabarra, en su confuso pensamiento de navarro-español,
desde su protagonismo "demócrata", está ofuscada por
el deslumbramiento de su historia. Una historia acrítica que
oculta la realidad de una Nabarra conquistada.
En
su pronunciamiento permanente contra los símbolos que integran
la conciencia nacional nabarra, el euskara es el elemento
a disolver en su navarrismo español. En consecuencia,
hace de la nación que ha dado en llamarse a sí misma EUSKAL
HERRIA, "el pueblo del euskara, la tierra del euskara" una
territorialidad inexistente.
La
existencia de Nabarra permite afirmar que, a pesar de la conquista
y desmembración occidental, la nación es anterior al Estado.
Nabarra existe desde que Garcia el Restaurador consolidó
el Estado político de Vasconia sobre el territorio acosado
en sus fronteras occidentales y orientales por Estados que
no reconocieron ni respetaron el sentimiento nacional vasco
del pueblo poseedor de la lingua navarrorum.
En
cada tiempo presente conviven realidades surgidas en distintos
tiempos históricos. El "navarrismo" de los perseguidores
del euskara corresponde a la manifestación de una realidad
evidente del nacionalismo español de conquista apoyándose
en los herederos del conde de Lerín y sus beamonteses.
Cambios
de perspectiva conllevan puntos de vista diferentes. Allí
donde Miguel Sanz acusa a la conciencia nacional de EUSKAL
HERRIA de ideología totalitaria y dogmática, cualquier persona
de bien, informada, reconoce las manifestaciones prepotentes
del totalitarismo y dogmatismo del nacionalismo español. Unas
posiciones que mantiene vivas el nacionalismo español desde
los tiempos de la conquista de Nabarra imponiéndose en una
realidad político-institucional sin derecho a consulta. Mientras,
la memoria de la comunidad vasca tiende a guardar su legado
en una relación estrecha con sus orígenes, desde la Restauración
de Nabarra como Estado político de EUSKAL HERRIA.
Garramune,
Barrika, 16 de Febrero de 2003