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De nuestro pasado al presente

Jon NIKOLAS L. de ITUIÑO*

Floren Aoiz recoge en su libro " La vieja herida" la apología oficial de la conquista de Nabarra siguiendo el argumento y la pluma de uno de los letrados escogidos por el Rey Católico para la justificación histórica, jurídica y política.

El personaje central de Maquiavelo en su obra "El Príncipe", sin duda, fue Fernando de Aragón más conocido como "el Rey Católico". En la propaganda y falsificación de bulas papales presenta una y otra vez a las víctimas de la agresión, los nabarros, como un peligro potencial para la autoridad pontificia. La conquista se consideraba como un acto forzado de necesidad urgente para eliminar a los reyes de Navarra, como enemigos de la Iglesia en rebeldía contra el supremo pontífice en la Tierra.

La ocupación del territorio nabarro hasta Ultrapuertos fue "una guerra muy santa y justa" por lo que en opinión del doctor Juan López de Palacios y Rubios, Fernando el Católico decidió "que el exército de España entrase poderosamente por Navarra, tomando todos los lugares, castillos e fortalezas que para la seguridad del exército fuese necesario tomar, no haciendo daño alguno al reyno, ni a sus moradores si de voluntad y ganas se quisieran dar". Palabras y declaraciones que al clarín de rebato contra el eje del mal presente en Iraq son la constante de una guerra deseada.

En opinión de Palacios Rubios, "fue necesario entrar en dicho reyno de Navarra por fuerza de armas, por que de otra manera la dicha seguridad no se podía aver, ni alcanzar". En cada tiempo histórico los puntos de vista de la perspectiva pueden parecer distintos y lejanos pero los intereses del ambicioso acotan el horizonte.

Los argumentos, no por viejos y repetidos, continúan siendo parte del mensaje y la apología de la guerra en el presente. La amenaza de guerra contra Iraq se reviste del ropaje de los fines estratégicos del Príncipe Moderno. El eje del bien contra el mal de Bush retoma el arte político de Maquiavelo para conducir su arte militar de forma avasalladora contra el pueblo iraquí. Y lo hace como debía hacerlo Fernando el Católico, con una acción inmediata de ocupación del territorio invocando una seguridad para sus tropas invasoras.

Ante la amenaza de guerra en la región de Iraq, considerada cuna de la civilización donde se asentaron los Estados más antiguos del Sumer y Babilonia, el Príncipe Moderno impone sus condiciones para no utilizar su potencial armamentístico de destrucción masiva. Exige en nombre de una resolución de la ONU que los iraquíes abandonen cualquier esperanza y prescindan de un "profeta desarmado" como Sadam.

Los paralelismos entre nuestro pasado y el presente se mueven por los carriles de la historia donde circula la locomotora arrolladora de muchos intereses, ahora como antes. Será como siempre. Fernando el Católico conquistó Nabarra al inicio de la Edad Moderna caracterizada por el proceso de formación de una determinada voluntad colectiva bajo el "mito" de una persona: el Príncipe.

En el presente, los vientos de guerra que amenazan Iraq pueden encarnarse míticamente en un individuo concreto, Bush. Y como actuó Fernando el Católico tiene la necesidad de un procedimiento rápido y fulminante, con o sin resolución de la ONU. Las bulas siempre las consigue el vencedor. Pero la rapidez en el presente se hace más necesaria y urgente porque el clamor del mundo en la era de la información puede ser un gran peligro para el Príncipe Moderno.

A pesar de la manipulación y dirigismo en la información, el peligro de rechazo del mensaje "carismático" del bien sobre el mal se extiende; el no a la guerra empieza a movilizarse también en el primer mundo. La prepotencia del Príncipe Moderno y su exacerbación de las pasiones de los pueblos (pese al fanatismo contra la cultura musulmana y la corrosividad del individualismo occidental), la voluntad colectiva no ha llegado al aniquilamiento del sentido crítico de las personas ni de las naciones.

La restauración de Iraq sin Sadam es sólo un elemento retórico, ligado a la apología que el doctor Palacios Rubios hizo de la conquista de Nabarra "sin daño alguno al reyno, ni a sus moradores". La constante de la "civilización" aria, greco-latina que invadió el Viejo Continente, arrinconó a los "pueblos primitivos actuales", como las gentes de Euskal Herria edo Eskual Herria, y sigue vigente para los descendientes de la Roma imperial. El Príncipe Moderno debe ser, y no puede dejar de serlo, el restaurador del orden y la potencia de EEUU en el mundo. El abanderado y el organizador de nuevas fronteras moviliza su ejército para la mejor explotación de las riquezas petrolíferas, bajo el manto de una reforma intelectual y de derecho internacional.

Todo esto es lo que significará crear el terreno para un desarrollo posterior de la voluntad colectiva de los pueblos de Iraq hacia el cumplimiento de una forma superior y total de la globalización moderna. Un moderno imperialismo donde la reforma intelectual y moral introduzca los puntos concretos de un programa incorporados al derecho penal: que persiga a los vencidos y respete a los vencedores.

El carácter abstracto de la "encarnación categórica" del Príncipe Moderno, como fue la de Fernando el Católico (el Príncipe de Maquiavelo), aparece nuevamente en la reorganización del nuevo orden tan viejo como la Historia. El Estado de Nabarra era la diferencia frente al ordenamiento gótico de los caudillos que se impusieron durante la Edad Media. El Estado de la Reconquista y de las Cruzadas descendiente del "cesarismo" de Roma será de tipo "defensivo" contra los musulmanes hasta su expulsión.

En el Estado de Nabarra convivieron superando los conflictos bascos y gascones (bearneses), cristianos, musulmanes y judíos. El Estado Moderno de El Príncipe Católico y su consorte fue el restaurador del orden gótico que obligó a marcharse, expatriándose, a todos los musulmanes y judíos, arruinando una rica cultura de arte, higiene, sabiduría y conocimientos. Un proceso que tomó cuerpo en Nabarra con la implantación de los tribunales de la Inquisición; una organización impuesta a partir de la conquista de los territorios aquende los Pirineos de la Nabarra Oriental en 1512.

En el presente el Estado laico de Iraq ha formado una voluntad colectiva, que al menos en algunos aspectos ha sido creación ex novo, original. Es necesario seguir el desarrollo histórico y los gérmenes de voluntad colectiva de la conciencia activa de los pueblos instalados en la antigua Mesopotamia (la tierra entre los ríos), donde han sido protagonistas durante milenios los otros "pueblos primitivos actuales" de Oriente, para hacer un esbozo de toda la historia presente; sintético pero exacto, sin concesiones a las conveniencias geopolíticas ni geoestratégicas de la hegemonía mundial en contra del desarrollo sostenible de la mayor diversidad de pueblos y naciones.

2003 Enero

*Aparejador.
Garramune baserria (Barrika)