Llorando
por Navarra
Iñaki
Perurena (Leitza)
No
estaría de más, pero sería muy largo titular este artículo
como "Las tristezas de un navarro euskaldun no españolista
ni euzkadiano". Las tristezas son por todo lo que le ha ocurrido
a Navarra desde que fue conquistada y su sistema de defensa
destruido con la demolición de sus castillos. Es ahí donde
empieza la segunda parte de su historia, como si se tratase
de una cuesta abajo que a día de hoy sigue perdiendo altura
a niveles poco imaginados. En esta etapa hay dos fuegos en
continua lucha; uno que trata de mantener su identidad y otro
que intenta diluir y difuminar todo lo que hay de auténtico.
Cuando
en nuestros recorridos, ahora padre e hijo, en compañía de
las piedras, pasamos por lugares como Arbaiun, Otsondo o Barazar
para llegar a Otsagabia, Atarratze o Zeanuri, por ejemplo,
hay momentos en que mi corazón empieza a latir más fuerte
y mi mente viaja a épocas anteriores, y en pocos segundos
llego a la prehistoria, a los tiempos de la haiz-kora, haitz-urra
o haiz-toa, y ese sello imborrable y maravilloso del euskara
cubre con su manto montes, ríos, pueblos y caminos, y perdura
a conquistas, leyes y fronteras. Siento una emoción especial
al llegar a Zuberoa y pasar por Maule recordando una noche
pasada en un castillo-posada de los muchos que siguen en pié
en esa zona, y por un momento siento tristeza por todos los
castillos que tiraron en otras zonas, De vuelta a casa, al
cruzar el cartel de Comunidad Foral en la frontera actual
de Navarra, pienso que entro en un museo donde todavía se
puede apreciar algo de lo que fue.
Antes
de llegar a Otsondo, en Amaiur, en pleno verano, los turistas
observan las pruebas de perros pastor y el levantamiento de
piedras. Al entrar al pueblo no puedo evitar que mi mente
empiece a viajar. Amaiur fue un intento heroico por defender
lo propio. Luchas posteriores fueron por lo mismo. Hace 100
años se dejó constancia de lo que Navarra quería defender
con el Monumento a los Fueros. No estaría de más leer lo que
se grabó alrededor del mismo en varias placas o escritos y
ser conscientes de que, a día de hoy, todavía no ha sido inaugurado
oficialmente.
En
1922 Navarra rinde un homenaje a los mártires de Amaiur y
levanta un monumento en el lugar de los hechos, mientras alguna
voz los llama traidores. A los pocos años, mientras Navarra,
casi en su totalidad, se inclina por un Estatuto vasco conjunto
para las cuatro provincias, una bomba destruye el monumento
de Amaiur. Llama poderosamente la atención que la prensa no
diese cuenta de este hecho en dos días, y en algún diario
en segunda página.
Ya
por estas fechas hay tendencias como navarristas, españolistas
o aranistas que adquieren trazos más fuertes. Términos como
vascón, navarro o euskaldun, Euskal Herria, Navarra, España
o Euskadi manejados a conveniencia están rematando la tarea
de difuminar, confundir y mezclar de tal manera que, en un
futuro, se considere peligroso intentar buscar la identidad.
Cuando
leo un artículo del presidente Sanz, "100 años de historia
y libertad en Navarra", no me queda más remedio que preguntar
dónde existe esa Navarra que yo no conozco, pues la que yo
veo está marcada por aspiraciones de libertad no lograda,
con dictaduras, guerras y muertes que, por desgracia, llegan
hasta estos días. Y precisamente estos días que tenemos que
convivir con la palabra "guerra" en todo momento no nos queda
más remedio que analizar. ¿Qué se consigue con las guerras?
Ocupación y sometimiento sí, pero ¿paz?... Creo que la historia
de nuestro pueblo es un claro ejemplo de ello.
Estas
tierras y sus gentes, con su lengua y su forma de vida, es
Euskal Herria, que cuando empezó a formar una estructura política
creó el Reino de Pamplona, luego de Navarra, más tarde conquistado
por Castilla; y lo que viene después es el diluir y difuminar.
Lo que siempre ha estado claro es que Navarra siempre ha querido
ser Navarra.
Ese
diluir y difuminar ha dado su fruto, y lo que se autodenomina
navarrismo es españolismo, y hoy, las gentes del gobierno
y muchos medios de información hacen una valoración del euskara
y de nuestra cultura que harían llorar a aquellos navarros
que en 1878 fundaron la Asociación Éuskara con el lema Zazpiak
Bat; o a las gentes que fundaron Eusko Ikaskuntza en 1918.
Y esta dinámica de actuación desde distintos frentes hace
que la gente se manifieste contra el cierre de Egunkaria como
si se tratase de otra Gamazada más.
Creo
que todos deberíamos hacer un esfuerzo. Al menos hacernos
preguntas e intentar responderlas; y para eso tenemos que
conocer la historia contada por los que dijeron que los que
lucharon en Amaiur eran unos traidores, y también la de los
que dijeron que eran unos mártires.
Sé
que hay mucha gente más preparada que yo para hablar de todo
esto, y que mi visión puede ser rebatida con otros argumentos,
pero pienso que no es bueno estar escuchando sólo lo que uno
mismo dice, y menos cuando nadie es dueño de la verdad absoluta.
Sé por experiencia que no todas las piedras se levantan al
primer intento, y que records inimaginables se pueden conseguir
si se entrena con un convencimiento.
A
veces, cuando me viene la idea de que Navarra ha tenido demasiados
salvadores, me entran ganas de llorar. Luego, me digo que
hay que llorar por los muertos, pero que Navarra está viva
y sanará.
10
marzo 2003