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PEDRO DE NAVARRA Y MIS 1700 ALZADAS

Iñaki Perurena

Son las cuatro de la mañana de hoy, lunes, 10 de febrero, y como no me puedo dormir me levanto y me pongo a escribir estas líneas.

Ayer hacía un repaso a las crónicas deportivas que distintos medios de comunicación de Euskal Herria hacían con motivo de las "6 Horas de Euskadi" y, dentro de ellas, mi intento deportivo.

Como veía que algunos de ellos no hacían mención a lo que creo parte muy importante de lo que me ha rodeado en esta, como dije al final, mi última prueba deportiva con control federativo y pruebas antidoping, que otros lo hacían a medias y otros una crónica distinta a los hechos reales, y para que no ocurra como con la historia del Reino de navarra, quiero hacer unas aclaraciones.

Yo, los días anteriores iba diciendo que tenía que ocurrir un milagro para que pudiese terminar la prueba, y creo que el milagro se produjo. Vayamos por partes.

Tras mi primera etapa como levantador de piedras pesadas, intento mil alzadas con 100 kilos. Tenía 43 años, y a media labor tuve sobrecargas lumbares y tardé cinco horas.

Cuando levanté 1313 veces tenía 44 años y tuve problemas muy serios que casi dan al traste con el intento. Tardé 6 horas y 22 minutos.

A los meses, en septiembre de 2001, tengo una rotura de menisco derecho según resonancia magnética y el doctor que me atiende precisamente no me recomienda seguir levantando piedras. Yo sigo con la piedra y el 23 de junio siguiente, el día que ganó la txapela Abel (Barriola), en una actuación delante del Hotel Handia de Orkoien, tengo rotura en el menisco izquierdo mientras intento levantar una piedra que se me cae al suelo y se rompe en varios trozos. Yo me digo: adiós, se ha terminado todo. Y dolido por la rotura, por la lesión y por otras cosas, me digo: señores del Gobierno, tranquilos, ya no puedo levantar más piedras.

Al día siguiente, hacia las 4 de la mañana, empecé a tratar de arreglar la piedra encolando los trozos rotos. Andaba apoyándome sobre un pié. Ese día y otros, Inaxio hacía las pruebas él solo, y yo por el micrófono pedía perdón por no poder actuar los dos. A los días intenté levantar la piedra de 100 kilos. Posteriormente no he levantado piedras de más pesos e intento hacer llevaderos los dolores de las rodillas. Así las cosas, no podía prepararme físicamente por los problemas de mis rodillas y peores en mi cabeza que me impedían centrarme en el entrenamiento, en el trabajo y en mi familia.

Estos nueve meses he tratado de hacer ver algo a quienes no quieren verlo.

En estas, me encuentro con que organizaciones del evento de las "6 Horas" me dicen que quieren algo para la edición 25, y yo me comprometo a probar, pues tantos buenos recuerdos me trae este lugar.

Mi familia ha visto que no he podido hacer casi ningún entrenamiento serio. Empezaba a levantar piedra pero lo dejaba porque mi mente estaba en otras cosas. Por eso digo que el milagro ha ocurrido. Vamos a ver.

He levantado las 1700 alzadas casi al ritmo de antes con 46 años, con lesiones, sin entrenar debidamente, sin preparar ni indumentaria, sin tomar suplementos alimenticios en mi preparación, y a lo largo de la prueba tomaba algo porque mis ayudantes me insistían y me decían: "así vas mal". Sin embargo terminé muy entero, y a día de hoy no tengo agujetas ni cansancio especial. En esta etapa de intentos largos he tenido problemas con los roces en las manos. Se me caía la piel, y he intentado con todo tipo de guantes deportivos. Hace tres meses compré unos de lana en una feria a un euro cada uno, y he actuado con ellos y mis manos están intactas.

En casa los últimos días se me hacía una herida del roce hacia el ombligo. Ese día se me ocurrió poner un trozo de skay y... ningún rasguño. Dos horas antes de bajar las piedras a Donostia, le dije a mi mujer, que me ha ayudado mucho en todos los sentidos: "Maite, le tienes que cambiar al chaleco el skay del hombro, porque este está muy andado". Me lo cambió y yo, por si acaso, le hice unas alzadas y vi que el hombro se enrojecía y le hice poder de nuevo el viejo. Terminé la prueba con el hombro sin ningún roce ni nada.

Para los otros intentos tenía preparados 5 pares de guantes, tres chalecos y todo en este orden. Esta vez, tres días antes, le lleve al guarnicionero del pueblo el chaleco porque estaba roto, a arreglarlo, y otro que tenía también para cambiarle una goma por si acaso.

Si todo ha sido negativo para mi preparación, he tenido del lado bueno que me he interesado por conocer la historia de Navarra más que de pasada. La historia real, no la contada a medias y cambiada. Cada día me encuentro con sorpresas negativas, y así, doy con este personaje impresionante que ha sido Pedro de Navarra. Yo tenía que creer en algo que me ayudase y, una vez más, analizo los hechos después de ocurridos. Se me invita de Madrid a participar en la Gala de los Goyas. A la vuelta voy a Simancas al lugar en el que Pedro estuvo prisionero hasta que lo mataron, y al Monasterio de Abrojo en Laguna de Duero, donde lo enterraron. Aquí le pido ayuda y perdón por ese imperdonable olvido al que le ha hechado la sinrazón, y le prometo que en mi caserío colocaré una piedra en su recuerdo. Si algo me ha ayudado en este intento ha sido esa fuerza que me daba el pensar: tengo que terminar para denunciar esto.

Yo, en mis intentos largos, he tenido la compañia de mis gentes, mis ayudantes y mis amigos.

El sábado empecé a levantar a las nueve de la mañana, y a eso de las 9.45 pido una radio. Y así me entero a las diez y poco del atentado contra Joseba, y voy escuchando su nombre y su estado. Mientras seguía levantando me decía: Esto debilita la fuerza de las verdades que quieres decir, y me pregunto, ¿a quién beneficia esto? Y me digo: esto también hay que condenar. Por eso le dediqué las 16 alzadas de más que realicé. Y dije que todos tenemos que intentar solucionar esta situación, y no dije "este problema", porque considero el problema más amplio.

Al terminar la prueba, cuando me preguntaron sobre las 1700 alzadas, y yo dije que esto era mi último intento deportivo con federación, aunque seguiría levantando piedras mientras pudiese y... Aquí no pude más y rompí a llorar. Porque lo de hoy era gracias a Pedro de Navarra y yo moralmente estaba roto por otras cosas.

Tengo que decir que Inaxio no pudo con los 263 kilos. Era lo lógico. Había demasiadas emociones para un día, para por encima de todo eso levantar los 263 kilos. Y ya los levantará muy pronto cuando vaya sólo a eso.

Otro detalle que quiero analizar: la piedra de 100 kilos me la hicieron hace 26 años. Ha recorrido cientos de plazas, miles de kilómetros, en varios vehículos. Miles y miles de alzadas. Nunca se rompió o se deterioró. De Donostia a casa con mis hijos Inaxio y Xabier, venían en nuestro furgón todas las piedras. En un frenazo pequeño volcó y se partió en dos la de 100 kilos. Ninguna otra. Alguien me diría que ya me valía con esto, como yo dije al micrófono. Dentro del velódromo y, tras dedicar a Joseba las 16 alzadas, seguí dando gracias a la organización, a las gentes que me han ayudado, a ETB por hacer llegar esas imágenes y tantas otras de nuestras cosas a nuestras gentes, que están en sus casas y las pueden entender porque están en su lengua. Y dije que no podía dar las gracias a Sanz y sus gentes, que hicieron que yo no pudiera entrenar debidamente, que hacían para que ETB no se pudiera ver en Navarra. Que celebraron un campeonato de Euskal Herria en Iruña y el ayuntamiento dijo que no se dijese la palabra Euskal Herria. Que se ha reido de mucha gente en navarra y entre ellos de Pedro de Navarra. Y prometí hacerle mi recuerdo en una piedra y darle gracias por su ayuda.

A lo mejor, los que actúan así lo hacen por ignorancia o por no querer saber, y esto, en su caso, es maldad. Que un periodista navarro me pregunte quién es ese Pedro es culpa de esto, porque ese Pedro era compañero de lucha de la familia del patrón de Navarra. Cuánto me gustaría escuchar en persona alguna conversación que hubieran tenido Ignacio de Loyola y Francisco de Javier sobre las luchas del Reino de Navarra.

Voy a terminar diciendo, de nuevo, que la muerte de Joseba debilita la fuerza de las verdades que para mi son: que Pedro de Navarra no está tan lejos de esto, o que esto es consecuencia de aquello. Que ETA tenía que estar desaparecida porque trae dolor y muerte. Mucha gente pide, pedimos, paz ya. Pero hay que preguntarse: ¿vale con que ETA desaparezca para que haya paz? ¿O es que no hay Agramonteses y Beaumonteses hoy?

2003 febrero 10