Don
José María Jimeno Jurío nos deja los
mıs hermosos legados que pudiéramos desear.
Nos
deja, en primer lugar, a su hijo, Roldán Jimeno Aranguren,
su mejor representacién y, como se dice en la lengua
de los navarros, egur onenaren ezpalik gozoena, (la más
dulce astilla de la mejor madera). No hay duda de que en este
caso la transmisión generacional se ha obrado de manera
portentosa.
Jimeno
Jurío nos deja, además, una ingente y hasta
ahora no suficientemente valorada labor como historiador.
Sus infinitas horas de investigación, lectura, estudio
y clasificación de archivos históricos no tienen
precio.
Nos
deja, especialmente, una estela de inmenso amor por la cultura
y la lengua de su tierra. Vibraciones contagiosas que desde
su Artajona natal se expanden por toda Navarra; como el viol¹n
de nuestra memoria colectiva despierta en cuanto nos dejamos
abrazar por sus trabajos.
No
será fácil agradecer a José María
Jimeno Jurío tantos desvelos por su trabajo y vocación.
Su obra nos acompañarı siempre y nos recordará
que, en realidad, aquel pequeño cuerpo era todo humanidad,
tesón y capacidad de recuperación ante obstáculos
y adversidades. Como inagotables fueron sus deseos por mostrarnos
las características esenciales de la idiosincrasia
de su país.
Gaizka
Aranguren Urroz
(En nombre de NABARRALDE, Iniciativas y Promociones Culturales.)
Navarre,
3 Octubre 2002