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Demasiadas banderas
Iñaki Perurena
El hecho insólito de que por unas horas la ikurriña haya estado
expuesta en la hasta ahora casa cuartel de Leitza es lo que me
ha impulsado a escribir este artículo.
Es evidente que de las cuatro banderas que se ven en Leitza
la ikurriña es la conflictiva. En imágenes del ayuntamiento de
hace no muchos años se ve sólo una, la española.
Aunque hay quien dice que lo mío es mitología y no historia,
creo que son dos cosas distintas que no conviene confundir. Veamos
cómo entran en juego los cuatro símbolos.
Los eúskaros desarrollaron en estas tierras un idioma -HIZKERA-,
y una forma de ser IZAKERA y educar HEZIKERA. Lucharon y se aliaron
con otras gentes para defender lo suyo.
La derrota de Carlomagno en Orreaga el año 778 y las tensiones
de la época pusieron en marcha una estructura que llegó a ser
el Reino de Nabarra.
Los usos y costumbres que eran la base de las leyes del reino
o los fueros eran herencia directa de la forma de entender la
vida por los Euskaldunes: IZAKERA.
Sancho el Sabio, el que llamó al euskara Lingua Navarrorum,
dio su fuero a Leitza. Su bandera es la de casa y no crea conflictos
ni confusiones.
Los euskaldunes, a los que otros pueblos llamaron vascones y
nabarros, tenían su símbolo y su propia estructura de gobierno,
respetada en Europa. La ambición Castellana en 1200 quitó un trozo
de Nabarra tras sitiar durante 9 meses la plaza de Vitoria-Gasteiz
y ordenó derribar fortalezas Nabarras de esta zona que en adelante
se hizo llamar Castilla. A eso algunos llamaron "voluntaria
entrega".
Más de tres siglos después una supuesta bula del Papa sirvió
al Rey Católico para meter sus tropas en Iruñea y la "incorporación"
o "feliz incorporación" a Castilla fue en palabras de escritores
Nabarros de hace 100 y 200 años vergonzosa y deplorable.
Se ordenó derribar los castillos y defensas, pues los Nabarros
seguían luchando. Un 30 de junio de 1521 mataron a miles de nabarros
y gascones en Noain, cifra escalofriante para la reducida población
de aquella época; incluso se planteó deportar a todos los Nabarros
a tierras lejanas y traer castellanos para repoblar las tierras
vascas.
Los monarcas que sucedieron al Católico testamentaron que si
se creía que había que devolver estas tierras a sus soberanos
así se hiciese, dudando así de la legitimidad de la conquista
castellana.
En el transcurso de etapas posteriores las promesas de los tiempos
de conquista no se cumplieron y el pueblo se rebeló pidiendo las
libertades perdidas.
Consecuencia de lo acontecido en 1200 y 1512 es que el símbolo
-la bandera- de todos los vascos pasó a ser la de la actual Navarra,
y los símbolos castellanos ocuparon estos lugares. La preocupación
de cómo lo propio se iba cambiando por lo que venía impuesto desde
fuera hace que surjan movimientos como la Asociación Eúskara a
finales del siglo XIX. Por esas fechas, un hombre que vivió de
cerca el enfrentamiento de Nabarra con el poder central ideó un
modelo de patria a su manera y con su bandera, la ikurriña. Y
las dictaduras del siglo XX y sus actuaciones para con lo vasco
hicieron que el pueblo tomase la ikurriña como su emblema. A día
de hoy el empeño por anular lo eúskaro es evidente, y también
sus logros. ¿Cómo un euskaldun puede quedarse tranquilo al escuchar
lo de "país vasco y navarra"? ¿Es que han bastado unos pocos años
para tirar al olvido lo que se ha sido? ¿Cómo un presidente de
Gobierno puede tener la desvergüenza de decir "más España, más
fueros", si lo uno ha sido la negación de lo otro. ¿Un emigrante
que llega a estas tierras y se queda a vivir, con qué se encuentra
para identificarse con lo propio de la tierra? Si la narración
de la conquista de Nabarra que nos hicieron aprender a través
de los libros de texto dista de la realidad, también lo es la
imagen que tertulianos, columnistas y políticos dan del problema
actual: aquí hay una banda de terroristas que mata y quiere la
independencia o separación o ruptura con España, por lo cual,
todo el que se plantee, pregunte o piense algo parecido es igual
a ellos. Como si hace 100, 200 ó 300 años no se pidiese lo mismo.
No una separación, sino la unión de lo que se separó.
Aquí no ha habido nada que construir sino reconstruir lo que
nuestros antepasados hicieron y las ambiciones castellanas rompieron;
claro que aquí hay mucha gente que no se siente vasca o no le
interesa el pasado, pero eso no quita su existencia. La pregunta
es: ¿estas tierras y sus gentes tenemos derecho a recuperar lo
que se nos arrebató a la fuerza en contra de una voluntad manifestada
día a día?
Si las cosas fueran como empezaron a ser y fueron, en Leitza
tendría que haber y habría dos banderas: la que fue de todos los
vascos y la de Leitza.
2003-09-16
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