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Click, cambio de chip
Gabriel Ezkurdia - Analista internacional
Al igual que "todos los caminos nos llevan a Roma", todas las
variables nos llevan a la misma resolución: Euskal Herria como
nación sólo puede sobrevivir si consigue reconstruir su entidad
estatal. Así es, las proyecciones que se derivan del actual proceso
globalitario indican con nitidez que la uniformización cultural
y el aniquilación lingüística e identitaria son dos de los ejes
sobre los que se asienta la expansión del modelo neoliberal anglófono
a nivel planetario. Durante el verano de 1987, cuando las catacumbas
balcánicas se comenzaban a retorcer, nadie en su sano juicio podía
prever que sólo tres años después Eslovenia, por ejemplo, declarase
la independencia y se constituyera en Estado soberano. Rizando
el rizo, tampoco habría nadie dispuesto a pronosticar que una
década después Eslovenia sería un estado de la Unión Europea,
con el mismo rango que Alemania o Bélgica.
Eslovenia y Estonia, paradigmáticos por su tamaño, son dos ejemplos
de que la estatalidad es recuperable, y de que no han de crearse
procesos de transición inacabables, ni ver la opción como algo
vinculado al largo plazo, al patéticamente famoso "cuando estemos
preparados" o a un escenario utópico o mítico; la estatalidad
es recuperable, ¡y a corto plazo! Haced, por ejemplo, un pequeño
repaso de los cambios habidos en los mapas desde finales del siglo
XIX. En sólo 100 años, se han desecho Imperios, como el británico,
que parecían eternos; han surgido decenas de estados deriva de
"los procesos de descolonización", se han reconstituido estados
en las naciones centroeuropeas, transcaucásicas, balcánicas ¡En
poco más de cien años!
No hay duda, por ello, de que durante este siglo otros antiguos
estados recuperaran su estatus. Escocia, Flandria o los Paisös
Catalans, quizá en su versión más reduccionista del Principat,
serán entre otros, próximos estados de la Unión Europea. Todos
ellos con una historia y una legitimidad jurídica que les cobija,
con una identidad propia que les caracteriza y con una voluntad
popular que claramente apuesta por la libre disposición, la libre
disposición para volver a constituirse en estados en el siglo
XXI.
Hablamos de recuperación estatal porque ahí está el quid de la
cuestión. Los enemigos de Euskal Herria han subrayado, por activa
y por pasiva la falta de legitimidad histórica y jurídica de los
vascos para constituirse en estado. Es un mito, dicen, algo artificioso,
afirman. Nunca podríamos compararnos con Escocia o Flandes "porque
Euskal Herria nunca ha sido un estado como tal". ¿Seguro?
Navarra fue el Estado de los vascos. La Euskal Herria cultural
tuvo siempre una expresión política e institucional que ha sido
manipulada y negada por españoles y franceses sin tregua. Todo
discurso negacionista sobre los derechos de Euskal Herria como
nación, muy en boga los últimos años, cae por su propio peso desde
el momento en el que reivindiquemos nuestra propia libre disposición
a recuperar el estado, el Estado de Navarra, Vasconia, es decir,
el Estado vasco.
Un estado sojuzgado por etapas que reivindica y ejerce su libre
disposición a recuperar la estatalidad dentro del proceso europeo
de recuperación estatal de otros países en idéntica situación.
Es indiscutible que el derecho a la independencia de un estado
sojuzgado es innegociable, deriva del concepto o principio de
libre disposición, por lo que el derecho a la autodeterminación,
como instrumento democrático, condiciona la libre disposición
del estado navarro a recuperar su independencia. Pero es innegable
también que la mayoría de los conflictos y status quo prevalecientes
durante periodos históricos, transforman los conflictos y generan
una adición de variables que multiplican y complejizan las claves
de resolución y los diagnósticos que permitan procesos de recuperación
de la entidad usurpada.
En el caso navarro podemos apreciar como algunas variables, como
la de su desmembración territorial en realidades político-administrativas
diferenciadas, la evolución demográfica y sociológica, o los efectos
del transcurrir histórico, cotejan un claro escenario multivariable
de resolución, que obliga a la aplicación de claves resolutivas
derivadas del Principio de Derecho de Autodeterminación PDA
de los pueblos.
Durante años el PDA ha sido defendido desde preceptos que lo
tipificaban exclusivamente como instrumento para desarrollar los
procesos de descolonización. Una clara instrumentalización imperialista
del principio con objeto de garantizar el control postcolonial
de las respectivas metrópolis respecto de los nuevos sujetos estatales
resultantes. Pero desde 1990, los cambios habidos en el este de
Europa, han propiciado que el PDA pueda ser un instrumento válido,
de nueva caracterización, que vehiculiza los procesos de recuperación
estatal de entes o sujetos que habían visto hurtada dicha entidad.
Los procesos de los 90 han demostrado que la utilización del PDA
es un recurso pragmático que permite la aplicación posibi- lista
del originario derecho de libre disposición, inviable técnicamente
en el caso navarro por efecto de las variables transformadoras
antes descritas.
Y es en ese escenario complejo en el que las distintas estrategias
políticas han aportado en la lucha por la supervivencia. Aspectos
innegablemente positivos como una simbología identitaria acumulativa,
estructuras sociales y políticas activas, recuperación de la estima
propiaŠ pero también han creado estructuras institucionales absurdas,
artificiosas, partidarias, que han permitido el asentamiento de
la división administrativa y territorial, y son el mayor obstáculo
para la reconstitución estatal.
Hoy Euskal Herria está dividida en administraciones diferenciadas,
pero también el concepto de país está roto. La Euzkadi aranista
basada en el "Zazpiak bat" se reduce a tres provincias ahora
Euskadi; Euskal Herria emerge, ante "la Euskadi" desprestigiada,
desde la culturalidad identitaria, pero es aplastada por la partición
y la represión negacionista; y en ese maremágnum de conceptos
y proyectos se obvia nuestra verdadera estructura política histórica:
el Estado Navarro, verdadero eje político para la reconstitución
de una estructura político administrativa unificada. Un absoluto
cambio de "chip" ineludible: del "Nafarroa Euskadi da" pasemos
a ejercer el "Euskadi Nafarroa da", Nafarroa Osoa, Euskal Herria,
y la independencia estará cada día más cerca.
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