Sarrera Egunekoa Fiestas de la juventud, entre cuernos y orgías…
Fiestas de la juventud, entre cuernos y orgías… PDF fitxategia Print E-posta
Josu Sorauren   

Tags: Josu Sorauren



He de reconocer que entre nuestras villas nabarras meridionales y las septentrionales, me atengo a los programas, hay matices. Mas que matices, diría yo diferencias considerables. En las meridionales, prácticamente los guiones festivos mantienen una línea bastante similar.

He recorrido seis o siete programas. Este sería el arquetipo de las fiestas de la juventud de algunos pueblos riberos: viernes, 24.oo.- Cohete anuciador y "velada" de Rock. 3.oo.- Sandwichada y calimocho "para todos". Tras despejar las respectivas monas, el sábado: 15,00.- Calderete popular, vino, guindillas… a cargo del ayuntamiento… y Rock. 18,30.- Encierro de reses bravas. 20,00.- (para los que se han quedado ayunos de vaca), toro mecánico. 20,30.- Torico de fuego (para adiestramiento de los peques, no nos vaya a fallar la raza…) 1,00 a 3,00.- Más Rock. Domingo: (no olvidemos que éstas son tan sólo fiestas de la juventud, no las patronales. Ésas duran ocho días) Campeonato de lanzamiento de algo (rabiosa, pozal, picaraza, sarde, etc.) 18,00.- Encierro de reses bravas. 21.00.- Torico de fuego.

Puedo testificar y testifico que el guión reflejado es reiterativo.

En las villas septentrionales de nuestra tierra -se puede constatar-, predominan más actividades como el deporte (insistentemente el rural) y las danzas tradicionales.

Yo no dudo de que la presencia del vacuno bravo en nuestras fiestas sea en cierto modo un referente. Y lo es de tal modo que me atrevería a asegurar que, sin él, muchos de nuestros pueblos no sabrían como "quemar" tantas horas de ocio que genera una semana de fiestas.

-Es lo único que anima a la gente a salir de los bares y de sus casas -me decía, un alcalde- . Lo que según he podido comprobar, no es del todo cierto. Ha habido otro tipo de espectáculos que han concitado igualmente a la ciudadanía. Pero la inercia…

Añadamos a esto el factor económico, a tenor de las ganaderías que han pululado en esto últimos años.

Otra cosa es qué tipo de diversión, de enriquecimiento humano e incluso de aportación lúdica, ofrecen tales espectáculos "taurinos". Tal vez puedan aportar "cierto entretenimiento", quizás. Muchos lo ponen en duda. En el caso en que los animales fueran tratados con respeto y en limpia carrera, puede.

Uno está harto de comprobar los rostros tediosos del personal. El jolgorio, diríamos el clímax, surge cuando la res "s´esmorrilla", recibe unos buenos varetazos hasta teñirle el anca de sangre, se descuerna, o se enciende hasta quebrarse los belfos. En ese preciso momento a las personas mas sensibles y civilizadas se les encoge el alma, la turbamulta se despierta, aplaude, ruje… Es como si el pobre bicho fuera el demonio.

Las preguntas son obvias. ¿Que puede anidar en el alma de unas personas que de tal forma celebran el desquiciamiento de un animal inocente? Es algo que uno no acaba de entender. Si la res resulta pacífica, "sosa", le llueven toda suerte objetos; si es brava la tientan hasta reventarla.

¿Y que decir del aspecto pedagógico de la fiesta? ¿Por qué ha de estar reñido el aspecto lúdico y festivo con el educativo? ¿No han nacido los grandes valores de la cultura, el teatro, la danza, el canto… del espíritu festivo del ser humano?

Por eso es tan preocupante que en unas fiestas de la juventud financiadas con dinero público no se fomente ni la cultura propia (el rock por supuesto está bien si música y mensaje son dignos; pero, todo Rock y música industrial…) ni otros aspectos más humanos o mínimamente estéticos. Claro que hoy día toda estética en las fiestas de nuestros pueblos parece que se va reduciendo al montaje de las procesiones.

Evidentemente con sólo la movida vacuna no se arman unas fiestas populares. Está el otro aspecto, al que sin tapujos hay que denominarlo orgiástico.

Evidentemente, que un ayuntamiento promueva comidas populares y regadas con un vino más o menos peleón vale en la medida que eso fomente la unión y las buenas relaciones del paisanaje (que tampoco de no ser así pasa nada, al menos los fondos públicos contribuyen a que la vecindad pase un buen rato).

Hay cosas, no obstante, en los programas, que no son de recibo, tratándose de unas fiestas de la juventud. Ésta, si su mente (o su moral) se lo tolera, puede ponerse ciega hasta que el cuerpo aguante, "es libre". Pero que un ayuntamiento financie pócimas (es lo que con todo respeto opino) tan nocivas, trotonas y rompedoras como el calimocho, pues uno alucina. En otro programa, (¿qué no habrá por ahí?), las entidades públicas financiaban todos los ingredientes (algunos bien potentes) para la fabricación de sangría.

Nadie es quién para ir por ahí de moralista. No lo pretendo. Simplemente intento constatar, y creo que algunos coincidirán conmigo, la pérdida no sólo de modales sino de profundos valores que acontece en nuestras manifestaciones festivas. Y que resulta más preocupante que esto suceda con la colaboración del dinero y de las entidades públicas.

Nuestras fiestas se globalizan con una tendencia hacia el desmadre colectivo, hacia la despersonalización cultural y hacia una carencia total de valores estéticos. Pura cutrez.

Pero por el momento, parece que a nuestros políticos, o a los poderes fácticos, no parece que les preocupe. Incluso cabría pensar, por su modo de actuar, que esta situación o la promueven o la permiten. Una sádica forma de engatusar y despersonalizar a los pueblos, muy apta para sus intereses centralistas y "globalizadores". Lo que sea, antes de que surjan cualquier tipo de fiestas reivindicativas, bien sea de una cultura, o de temas sociales y políticos…


Añade esta entrada a tu red social preferida / Zabaldu
Del.icio.us! Mixx! Free and Open Source Software News Google! Live! Facebook! StumbleUpon! TwitThis Joomla Free PHP