| ¿Brotes verdes? |
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| Mikel Sorauren | |||
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Es obligado mirar hacia atrás a los decenios que han seguido tras la caída del muro de Berlín. Muchos saludaron en ese hecho el final de El Socialismo real de Lo cierto es que nos encontramos inmersos en una de las grandes crisis del sistema. Es difícil, por el momento, predecir su desarrollo. Ignoramos si nos encontramos ante un momento clave del Capitalismo que pueda concluir en una debacle generalizada. No obstante, no está de más que consideremos que es momento de profundos cambios. No nos resulta posible apartar de nuestro horizonte el fantasma de la crisis de 1929. Las dimensiones de las convulsiones financieras que estamos viviendo, la reducción de la producción, el aumento del paro son hoy aspectos de mayor entidad en términos absolutos que en esa fecha fatídica del sistema. Hasta el momento la crisis ha sido contenida. Los grupos económicos y sus dirigentes, que se han mostrado tan prepotentes hasta que ha sido inevitable reconocer la realidad de la crisis, no han opuesto la mínima resistencia a la intervención de los Estados en la operación de salvamento de los grandes consorcios financieros. Los defensores a ultranza del…”laissez faire”… dejándose salvar por el Estado a quien dicen odiar ¡Como si el Estado no fuera cosa suya! Pero es obligado atender antes que a nadie a las finanzas ¿Qué vamos a hacer en caso contrario los demás, si los bancos se hunden? Hacia las instituciones financieras, principales responsables de la crisis que han echado sobre nuestras espaldas, se han dirigido cantidades de dinero público en una dimensión que provoca el mareo del ciudadano normal, acostumbrado a una nómina limitada. Esta es la gran verdad del Capitalismo, el egoísmo depredador del animal salvaje siempre al acecho. Los banqueros que presumen de beneficios cuando el conjunto de la economía se viene abajo, han utilizado el dinero público para salvaguardar sus intereses. No han tenido el decoro de ocultar su ambición y, a la vista de todos, han pretendido continuar con sus planteamientos de saqueo. Durante cierto tiempo ha dado la impresión de que se podía corregir la crisis. Las administraciones públicas vienen realizando los mayores esfuerzos, para anular los efectos más temidos. Han utilizado el conjunto de los recursos del tesoro público para ayudar a las empresas y particulares, estimulando el consumo. El derrumbe de la economía no ha alcanzado –nos quieren hacer creer- las dimensiones que se temían. Permanentemente se han mencionado los brotes verdes, se ha insistido en que se ha tocado fondo, mientras se repiten las fechas en las que -se presume- volverá el crecimiento. La ciudadanía mira con ansiedad al futuro inmediato y…más allá. Pero los brotes verdes no se desarrollan. Tal vez los observadores se han confundido y han pensado encontrar síntomas de recuperación en lo que no eran, sino resistencias más sólidas de las economías fuertes al peso de los factores de la crisis misma. Las economías europeas menos sólidas se tambalean. Los gobiernos buscan evitar el pánico con independencia de la realidad que tienen ante sus ojos, intentando ocultárnosla. Al final la realidad aflora en toda su crudeza. No es ya el paro o las quiebras las que asustan a la ciudadanía, sino la constatación de que los propios pilares del Estado se resquebrajan. El presupuesto público flojea, como resultado de la caída de la actividad económica, no se ven remedios para hacer frente al déficit ¿Cómo atender a las crecientes necesidades de los parados, mantener la seguridad social, hacer frente a inversiones imprescindibles para que funcione el aparato económico? Entonces… ¿Quién se va a salvar? La crisis afecta primero a los más débiles, Grecia, Portugal… España… ¿Soportarán En 1929 únicamente los países occidentales fueron afectados por la crisis; el mundo afro-asiático no contaba. Hoy es en Asia donde aparece la fortaleza. Tal vez la secuela de mayor trascendencia de esta crisis sea la reafirmación de los asiáticos como nuevos dominadores del Planeta en el terreno económico…y político. Se han revelado más flexibles frente al doctrinarismo neoliberal de Occidente ¿Iniciativa privada?… ¡sí! ¿Mercado libre?… ¡Ya veremos! ¿Sistema parlamentario? ¡Las cosas pueden hacerse de muchas maneras! A fin de cuentas a Occidente le ha favorecido la existencia en el Tercer Mundo de regímenes autoritarios. La explotación de los obreros, el despilfarro de recursos naturales, la contaminación fueron los factores en los que apoyó Occidente su progreso ¿Por qué debe ser ahora China quien tenga que condicionar su expansión económica al cuidado de unos elementos que los occidentales descuidaron tanto? Lo cierto es que no se barrunta la salida. Ya no son los indicadores económicos los que han de ser mirados como una premonición de lo que puede suceder. La realidad cotidiana golpea inclemente a parados, personas de cortos salarios. Lo peor es el aumento constante de estos sectores sociales. Todos nos encontramos afectados en mayor o menor medida por estos problemas. Es posible que no percibamos como nuestros los problemas de los otros, pero la vida social se resiente como resultado de las carencias de los menos favorecidos. La economía colectiva no puede ser entendida, sino como una construcción en la que participamos todos. El liberalismo histórico -hoy su nieto el neoliberalismo- pretenden que el triunfo individual en este terreno es la constatación del valor y capacidad de contribución al bienestar general de cada persona. Cada uno se encuentra en el lugar en donde el mercado le ha colocado ¿De quién es entonces la responsabilidad de las crisis? ¿De quienes no trabajan lo suficiente? Más sensato es acusar a quienes se creen con méritos porque la suerte –y otras mil circunstancias que les han rodeado sin merito alguno les permiten salir beneficiados de la situación.
Publicado por Nabarralde-k argitaratua
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