| Los mares del infierno |
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| Luigi Anselmi | |||
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Cuando los esclavos agonizaban al borde del abismo, las súplicas de Moisés ablandaron el corazón de Dios y Éste apartó las aguas del Mar Rojo, ofreciendo a su pueblo un camino seguro hacia la libertad y la esperanza. El día que te fuiste nadie ablandó, ídolo ingrato, tu corazón de piedra. Entonces un Mar Negro rodeó los confines estrechos de mi vida, convirtiéndola en una isla remota, inaccesible, capaz de esquivar siempre los mapas más precisos, los sueños más audaces de los exploradores, el infalible vuelo de las aves, la travesía ciega de los náufragos. Huir de allí también era imposible… "Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate" Del tugurio en el ángulo oscuro, con el codo clavado en la barra, empuñaba su cetro de vidrio el rey de los ebrios. -¡Ay! -pensó-, entre tanta botella ¿cuál será la guardiana del genio, la lámpara que encierra la luz maravillosa, el fuego de los dioses, el hilo de Ariadna que me conduzca al fin a través de las sombras a la próxima tasca?
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