| Ciudades deshumanizadas |
|
|
|
| Josu Sorauren | |||
|
Parece que ni siquiera con el avance de las ciencias sociológicas, se haya llegado a una definición concreta y universalmente válida de lo que debe entenderse por ciudad. Es por lo que esta pequeña reflexión, ha de referirse a cualquier núcleo urbano que posea una cierta complejidad en equipamientos, funcionamiento y estructuras de gobierno. Porque ni siquiera la actividad agraria o industrial de una comunidad nos sirve para clasificar a un poblamiento, ya que en múltiples casos coexisten indistintamente. En Navarra tenemos claros ejemplos, Tudela, Tafalla etc... En cualquier caso, no es mi intención determinar el concepto de ciudad. Se cree que las primeras ciudades, surgen en Egipto y Mesopotamia, pero son las civilizaciones griega y romana, las que crean el modelo que se difundirá por occidente. En el renacimiento, con el desarrollo del comercio y mercantilismo, se incentivará el crecimiento de las ciudades. Se diseñarán espacios urbanos ordenados y racionales, adaptados a las necesidades de vecinos y visitantes. Eran ciudades absolutamente referenciadas, en las que el ciudadano se definía y se identificaba. Incluso muchas ciudades medievales como Carcasonne, Brujas, Tallín... -son simples ejemplos-, pueden resultarnos paradigmáticas. Y es que, con unos equipamientos urbanos tan elementales como arcáicos, resultaban mucho más humanas y habitables, que muchos monstruos urbanísticos actuales. La revolución industrial, supone un salto cualitativo inconmensurable, en lo referente a la progresiva deshumanización del ámbito urbano. Hoy día, un núcleo urbano –puede parecer una perogrullada- es el espejo y testimonio de la calidad sociopolítica de un pueblo. Sin temor a equivocarnos, podemos deducir la calidad democrática y cultural de un habitat visitando sus avenidas, barrios y entornos. Cada ciudad, es fruto de su pasado histórico, de la codicia y especulación de bancos y promotoras, de las necesidades sociales del momento y de la ideología del sistema económico en que está inscrita...etc... Esto lo percibes en el momento en que pones el pie en ciudades como Estocolmo, Helsinki o Copenhague. Son ámbitos pulcros y oxigenados, descongestionados del tráfico, sin decibelios y sobre todo sin hacinamientos de cemento y ladrillo. Espacios urbanos donde la bicicleta –no se candan-, el tranvía y en general el trasporte público están desplazando a marchas forzadas al utilitario. Pensadas y orientadas para y hacia la convivencia y el bienestar ciudadano, ofrecen en general un entorno estético, armónico y placentero. Otra cosa son nuestras ciudades, las de la globalización, caóticas, estresantes, deshumanizadas. Sin duda, un certero reflejo de la insolidaridad y de los desequilibrios sociales vigentes. El urbanismo actual, se regula según los antojos y los intereses depredadores de la oligarquía. Me llamó poderosamente la atención, al salir de los complicados recovecos isleños, la repentina vista de Helsinky. Sin esas estridencias de torres mastodónticas, ni hacinamientos inacabables de ladrillo y hormigón. Tan solo el resplandor del oro de las agujas de los templos, rompía la homogeneidad del horizonte. Nada comparable con el urbanismo de los países Mediterráneos, donde los barrios se estrujan, el cemento y el ladrillo crecen hasta perderse en el esmog, como pujando por el espacio, como robándonos el firmamento. Ciudades como Atenas, Nápoles, Madrid con sus entornos, por citar algunas, son un auténtico monumento a la inhabitabilidad, al atosigamiento, a la insensatez o según se mire a la crueldad de políticos y cementeras. El reparto del espacio y de las zonas privilegiadas según el estatus social y la capacidad financiera del ciudadano es escandaloso, cuando no una depravación. No entiendo que se pretenda vender una supuesta justicia social, cuando la vivienda de ciertos privilegiados ocupa el espacio que necesitan cien o más familias obreras. O cuando a unos cientos de metros, la gente se arremolina en inmundas chabolas. Pero bueno, no parece que estas minucias, chirríen con nuestras democráticas constituciones. Evidentemente hay infiernos como Buenos Aires, El Cairo, Delhi, Bogotá, ciudad de México –acabará, patético destino, engulléndose a si misma-... pero para hablar de éstos, la verdad, no encuentro palabras, quizás en otro momento. ¿Qué decir de las ciudades de Euskalherria? Yo diría que en general, la calidad urbana, incluso estética y por supuesto humana, se acerca más a las ciudades nórdicas, se acerca digo, pero a bastantes leguas. A partir del franquismo y hasta nuestros días, la fiebre del ladrillo nos ha generado auténticas burradas...Quizás estemos a tiempo de corregir o detener ciertos planes urbanísticos descabellados. Pero ha de ser el movimiento ciudadano quien pare este frenesí de políticos y constructores, que todos sabemos hasta donde nos ha llevado. Y es urgente urgir contención y moderación. - No te puedes descuidar –me comentaba un amigo donostiarra-, lo que hoy esta virgen, natural y con posibilidades de creación de un entorno bello, en meses entra una cementera y lo deja irreconocible. Fíjate como en dos o tres años se ha trasfigurado la marisma de Loyola. De un ecosistema natural, en un suspiro, lo han convertido en un amasijo de dormitorios, una auténtica colmena humana... ¡Como si en Donostia sobraran los parques y escasearan las viviendas!-. Bueno y ¿qué decir de Iruña?, descuidémonos y nos encementan hasta los molinos de Erreniega..., que aquí no se andan con chiquitas. Lo cierto es, que si las tendencias sociales y el crecimiento demográfico no se racionaliza correctamente, en pocos años, el ser humano va a devenir en su totalidad en ser urbanita, si realmente ya no lo es. El problema estriba, en si nuestras ciudades pueden o podrán aceptar tal reto. Si seremos capaces de dotarlas de espacios y estructuras que las hagan humanas y habitables. Y es que las políticas urbanistas actuales como poco asustan. Al menos a los que denunciamos esas urbanizaciones, que más parecen ratoneras y almacenes de seres humanos, sin más horizontes que la cocina o el dormitorio del vecino. ¿Alguien duda de que las condiciones de habitabilidad inciden directamente en el equilibrio, la alegría y la dignidad del ser humano? Mientras esta idea, no se encarne en los que manejan el cotarro político, se seguirá construyendo en aras de la rentabilidad, al precio que sea y no al servicio de la dignidad y del bienestar del ciudadano. Publicado por Nabarralde-k argitaratua
|













