Sarrera
Tengo 5 años y soy español... PDF fitxategia Print E-posta
Josu Sorauren   

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Transfondo y mucha miga y cierta dosis de veneno. Es la razón, por la que a mi entender, y no sin probable suspicacia, recojo la anécdota.

En funciones de aiton-amonak, paseábamos con nuestra pequeña sorgina por un parque de Iruña.

Ya el día anterior, nuestra neskatxo había congeniado con una tocaya. Fue un cierto aire protector, incontenible extroversión, simples ganas de jugar... quizás una amalgama de todo ello. Pues eso, que la tocayita se encariñó con nuestra biloba. Uno, que a veces se desternilla o se desmadeja para entender el euskera de su nieta, se sorprendía, por la naturalidad con que ambas neskas se relacionaban.

Pero no divaguemos.

Allí andaban las dos mocosuelas, txirrista gora, txirrista behera. Se les acercó un mutiko, potolito, con carita de luna llena, que en principio se quedó algo indeciso. Luego con cierto aire altanero, y así de botepronto, intervino, como desentumeciendo la lengua.

- Yo soy español y se inglés y castellano...

Al ver que las niñas se quedaban algo cortadas. Mi señora, dulcificó en extremo el tono de su voz.

- Eso está muy bien. Estas niñas son vascas y hablan vasco, inglés y castellano.

Enseguida intentó congraciarse con el bravo españolito.

- How old are you?

La criatura quedó algo perpleja, momento en que aprovechó la amiguita de mi sorgiña para mostrar su infantil facundia.

- Nik bost urte baditut...

- Yo se contar en inglés -ufano el pive-, one, two, three, four, five, six, seven... seven...

Y no arrancaba y Haizea, nuestra amiguita, como ayudándole...

- Eight, nine, ten, eleven, twelve...

- Geldi, geldi, ia badakigu zein azkarra zaren, Haizea.- Medió mi señora intentando suavizar la pequeña escaramuza cultural.

Veía, como el chavalillo - de cinco o seis años no más-, se enfundaba y se arrugaba por momentos.

Esbozando un rictus de pucherito, el mocito volvió la mirada como buscando cobijo.

Al parecer, su padre no había permanecido extraño a la jugada. Se acercó, lo asió enérgicamente de la muñeca y sin mediar palabra lo medio arrastró con agrios modales.

Al pasar cerca del banco en que un servidor ojeaba el periódico, le oí mascullar...

- ¡ Etarras de mierda, ni que sean niños, siempre con su puta política!

Me solivianté, la verdad. Pero sin duda, la fuerza de la costumbre, tantos años soportando sin rechistar, la mentira, la impostura y el cinismo oficial, pues como que me cosieron al banco.

Porque la verdad, que el niño en cuestión se considerase, a edad tan temprana español, podía entenderlo perfectamente. Ni más ni menos, era por lo que tuvimos que pasar -como lo más natural- los de nuestra generación.

No fue nada baladí el lavado de cerebro que nos impuso el sistema educativo franquista. Ardua tarea, la que tuvimos que acometer en aras de la desintoxicación. La que muchos coetáneos nuestros por ignorancia o pasividad nunca emprendieron ni emprenderán.

¡Tanta tergiversación, tanto sarcasmo, tantos fustazos, para reverenciar, desde los godos hasta Franco, a déspotas criminales y villanos, enemigos acérrimos y destructores de Euskalherria!

Es poco desahogarse contra el maldito Wamba, contra un rufián como el Cid o contra personajes tan endiosados y brutales como el falsario o el enano franquista... por citar algunos de los que fueron y evitando los que todavía son...

¿Podrá España reparar alguna vez, el sufrimiento, la intoxicación y la desesperación que sembró y siembra sobre Euskalherria?

No odio al niño en cuestión. ¿Que culpa tiene del fanatismo, ignorancia y alienación de su padre?

Además, la anécdota me ofrecía otra vertiente más positiva. El hecho de que mucha gente se vea impelida a reafirmar su españolidad, implica que en el contexto sociopolítico, -y después de todo lo que está cayendo y de tantos lustros de represión-, se están dando otras respuestas. Y esto, al menos en la Iruña de hace algunas décadas, resultaba impensable. El que no se estimula es porque no quiere.

Es evidente. ¿Por qué demonios se puede uno identificar como español y no como vasco o catalán o celta, si llegara el caso?

¿El orgullo de sentirse español?

Días atrás oía al señor Gabilondo, oráculo y vaca sagrada de la progresía sociata: "La forma de conducir la crisis, no sólo por el estado sino por todas las fuerzas fácticas, refleja que España -su amada España-, es un país de tercera clase..."

Daba a entender, esta prestigiosa figura, que la falta de planificación, la cortedad de los economistas oficiales y autonómicos y sobre todo... sobre todo, -en esto coincido absolutamente con él- la picaresca, envenenan el estado español.

Lo que el omnipotente periodista no analizaba, era la posición del estado español en el contexto internacional, en las prácticas democráticas. Tema, que sistemáticamente o disfraza o evita. Probablemente, no es ningún ingenuo, no pasaría del cuarto nivel.

No debe ignorar que, en este terreno, las mañas franquistas de los franquistas del PP, imperan, remitiéndonos a muchos ciudadanos, sobre todo en el tratamiento de la cuestión vasca, a los tiempos más álgidos del Movimiento. Y sobre todo, quizás, porque sus compinches del PSOE, se han pasado con armas y bagajes al regazo pepero.

Pues eso, en resumidas cuentas, que si cualquier ciudadano, con legítimo orgullo, puede proclamarse español, que me expliquen, en nombre de que derecho humano, ley o principio, uno no puede presentarse como simplemente vasco, catalán o Saharahui... Y sobre todo, porque nadie ha de sentirse ofendido, por tal afirmación.

Publicado por Nabarraldek argitaratua



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