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Sobre la política de Tecnologías de la Información del Gobierno Vasco PDF Imprimir E-mail
Patxi Igandekoa   

Un artículo publicado recientemente en DEIA con mi propio nombre me ha granjeado en lo personal algunas críticas que considero inmerecidas y me obliga, a riesgo de aburrir con explicaciones técnicas al lector, a complementar mi diatriba contra Irekia y OpenData con argumentos que expliquen adecuadamente esta postura hostil. En el mencionado artículo, titulado “Diletantes del Dato“, sostengo que el control de la información proporciona a los actuales gestores públicos un poder mucho mayor que el de los monarcas de la Antigüedad o los dictadores del siglo XX. Desearía poner un ejemplo de hasta dónde se puede llegar con la ayuda de los ordenadores y las bases de datos.

Durante los años 70 del siglo pasado el gobierno alemán utilizó una técnica de proceso de datos denominada “Rasterfahndung” (término traducible como “investigación selectiva”) para localizar terroristas de la RAF que vivían en la clandestinidad. Prescindiendo de los detalles, el método de trabajo partía de hipótesis basadas en el modo de vida de los individuos que se veían obligados a vivir en pisos francos. Era de esperar, por ejemplo, que aquellas personas tuvieran nombres falsos y se vieran obligados a realizar todos sus pagos en efectivo, ante la imposibilidad de abrir cuentas bancarias para domiciliar recibos.

El Bundeskriminalamt, bajo la dirección del legendario Horst Herold, creador de unos procedimientos de análisis que hoy aplican los departamentos policiales de todo el mundo, pidió a las diferentes compañías de servicios (agua, electricidad, teléfono, gas) que le suministraran los archivos de sus clientes. Cruzando datos y seleccionando a los abonados que realizaban pagos en metálico se logró aislar a un grupo de 120 personas que vivían en bloques residenciales con las características adecuadas para el establecimiento de pisos francos, entre ellas hallarse próximas a alguna autopista, disponibilidad de aparcamiento subterráneo y otras. En una segunda etapa se consultaron los Registros Civiles para ver cuáles de aquellas personas estaban inscritas con los mismos nombres que figuraban en los recibos de las compañías de servicios. Al final de este proceso, y después de haber eliminado todas las coincidencias, quedaron únicamente tres nombres. Uno de ellos resultó ser la identidad ficticia de Rolf Heissler, terrorista de la segunda generación de la RAF y autor del asesinato de dos policías de aduanas holandeses, quien fue detenido en Frankfurt del Main el 9 de junio de 1979.

Lo interesante es que todo esto se consiguió sin desplegar un solo efectivo -salvo en la etapa de reconocimiento final y durante el asalto a la vivienda-, sin trabajos de campo ni interrogatorios, ni análisis balísticos, ni perros de rastreo ni denuncias de la ciudadanía. Lo único que hizo falta fue un ordenador y unas cuantas cintas magnéticas. Y sucedió hace más de treinta años, en la prehistoria de las Tecnologías de la Información, antes de que existieran el modelo de bases de datos relacionales, el PC de sobremesa, la telefonía móvil o Internet.

Tras este largo preámbulo a lo que realmente voy es a la idea de que el proceso de datos tiene una importancia capital en todas las esferas de la vida moderna. Las antiguas tecnologías analógicas (fotografía, radar, televisión, radio) tenían por objeto proporcionar una imagen fiel de la realidad. La tecnología digital –o más propiamente el proceso de datos, tanto aplicado a todo lo anterior como para aplicaciones nuevas y específicas- no solo permite conseguir lo mismo sino que además nos permite interactuar con el mundo en modos inimaginables hace apenas un par de décadas: podemos literalmente ver los yacimientos arqueológicos bajo tierra, el feto humano dentro de la matriz y la grieta en el interior de un raíl de acero; podemos descifrar el código genético, quitar a la voz de Caruso las distorsiones provocadas por la bocina de las grabadoras antiguas, corregir fotografías desenfocadas y otras mil operaciones por el estilo, cuya simple enumeración debería bastar para convencer al más escéptico de que el conocimiento y dominio de las tecnologías digitales no es un simple plus de competitividad ni una floritura académica, sino la clave del éxito e incluso la supervivencia de la sociedad industrial desarrollada.

¿Ha hecho el Gobierno Vasco algo por concienciar de esto a la ciudadanía? Lamentablemente no. Toda su actividad se queda en el desarrollo de plataformas banales y poco solicitadas para la participación ciudadana y la exhibición de publicidad institucional –por no hablar del uso propagandístico de Irekia y OpenData-. Hasta la fecha la política digital de la administración López, impulsada por grupos desorganizados de internautas, liderada por personas inexpertas e impulsivas como la periodista Nagore de los Ríos o el parlamentario profesional Oscar Rodríguez y pródigamente dotada de medios por una administración vasca que no escatima el dinero cuando se trata de consolar a aquellos amiguetes que ya no podrán cruzar la puerta de los despachos y las empresas públicas antes de que se cierre para siempre, destaca por una fundamental falta de estrategia y el desenvolvimiento caótico de actividades de todo tipo: eventos, cursillos de periodismo digital, participación en congresos internacionales e incluso redacción de comentarios anónimos en blogs contra los detractores de Ajuria Enea.

Por si fuera poco, esta política de Tecnologías de la Información y plataformas abiertas falla en algo tan esencial como la preservación de los intereses de las mismas empresas a las que pretende impulsar, ya que los propios responsables de Irekia han reconocido la actividad de desarrollo directo, por parte de la administración vasca, de soluciones para la explotación de datos liberados (en este caso sobre el transporte público) haciendo la competencia a empresas privadas. La administración pública no está para eso. Su misión no consiste en actuar como promotora empresarial ni organizadora de eventos, sino en garantizar la ejecución de funciones públicas imprescindibles para el desenvolvimiento de la vida económica y social.

Una política sana en cuanto al inventario de información en poder de las administraciones públicas consiste en primer lugar en utilizarla de manera eficaz y segura para sus propios cometidos. Después, en decidir qué puede liberarse sin vulnerar las leyes de protección de datos ni atentar contra el derecho a la privacidad de los ciudadanos. Seguidamente en organizar la información en forma de tablas y bases de datos bien construidas. Y finalmente en proporcionar los interfaces adecuados para el acceso a los archivos desde Internet y otras redes públicas. Esto no quiere decir que los poderes públicos no puedan fomentar el interés por las tecnologías digitales, pero deberían hacerlo de manera coordinada y en el marco de las responsabilidades competenciales específicas de sus diversos departamentos: educación, fomento económico, investigación, justicia, seguridad interior, etc. Mi deseo particular es que el gobierno que salga de las próximas elecciones autonómicas, sea del signo que sea, tome nota de esto.

Con dicho artículo en DEIA, que me ha reportado críticas, anónimos en mi correo electrónico e incluso insultos en el apartado de comentarios del blog de cierto político influyente, son varios los que he escrito sobre el tema de la política tecnológica del ejecutivo de Patxi López. Pese a lo desenfadado del estilo y a la acritud de mis apreciaciones, mi intención no era desacreditar al socialismo vasco –bastante hace este por sí mismo-, sino exponer al lector algunas ideas, tanto personales como de sentido comun, acerca de lo que las administraciones públicas pueden hacer o no en el ámbito de una política adecuada en materia de Informática y proceso de datos. Si el Lehendakari López hiciera algo útil por impulsar las tecnologías digitales yo sería el primero en reconocerlo.

 

http://www.izaronews.info/euskadi/2012/opinion/12604