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El bacalao y las comunidades vascas del Atlántico Norte PDF Imprimir E-mail
Koldo San Sebastián   
Martes, 12 de Diciembre de 2017 14:51

Rudyard Kipling cuando, en sus Capitanes Intrépidos, habla del gran banco pesquero de Terranova, se refiere a él como el “verdadero desierto de aguas ondulantes, atormentado por los vendavales, asolado por los hielos a la deriva, marcado por la estela de los descuidados trasatlánticos y punteado por las velas de la flotilla de pesca”. Es aquí donde se pesca el bacalao. De este pez dice Mark Kurlansky que “es hermoso con motas ambarinas, como de leopardo, en el lomo verde aceitunado; tiene el vientre blanco, y una larga lista blanca fusiforme en los costados entre aquel y el lomo moteado. Son mucho más bonitos que los islandeses1”. Y, en este desierto, mientras pescaban tan hermoso pez, nació una comunidad de vascos que ha llegado hasta nuestros días y que resiste en Saint Pierre et Miquelon.

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Eustaquio Arrinda.

El 4 de mayo de 1967, fallecía en Deba Eustaquio Arrinda Aranburu, originario de Lekeitio, tenía 84 años y había pasado 55 años en la mar. Fue el primer capitán de la Pysbe (Pesquerías y Secaderos de Bacalao), la famosa compañía bacaladera, y mandó el Alfonso XIII, el Euskalerria, el Galerna, el Tramontana y el Abrego. Tenía 70 años cuando enfermó de pulmonía y fue hospitalizado en Canadá. Desde allí, comunicó su baja a la Compañía. Había hecho 54 viajes a Terranova y pocos habían pescado tanto bacalao como él2. Eso sí: su leyenda era terrible. Cuentan que, cuando se acercaba la tormenta y los barcos se alejaban en busca de aguas más tranquilas, él se quedaba en el banco a la capa. Se trata de aproar el barco a la mar y al viento, a poca máquina, para ir subiendo y bajando las olas evitando los golpes de mar que puedan poner en peligro la integridad de la embarcación. La tripulación horrorizada, muerta de miedo, esperaba lo peor. Cuando el temporal amainaba, él estaba solo durante bastante tiempo, así que pescaba todo lo que podía, llenaba las bodegas y podía irse antes que los demás a casa, o entrar en puerto para descansar. La compañía desapareció hacia 1973 y, hoy, ya no se pesca bacalao en Terranova.

La pesca del bacalao por parte de los vascos en aguas de Terranova se remonta, por lo menos, a principios del siglo XVI. Según Juan Pardo, fueron los riquísimos bancos de bacalao de Norteamérica el motor que puso en marcha el fletamento de buques cantábricos para ir a tan lejanas costas. El bacalao seco, salado o ahumado, así como la ‘raba’ o huevas saladas de dichos peces, movilizó a las primeras flotillas de naos, navíos y zabras, de entre 60 y 200 toneladas, hasta las aguas del actual Canadá3”.

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José María Busca Isusi, decía que “el hecho es que este pez ha llegado a tener una importancia económica de tal calibre que desde hace siglos constituye parte muy importante en la alimentación de los pueblos europeos. Por él y por las ballenas se han producido guerras y disputas, y durante siglos los diplomáticos han tenido que estar arreglando los constantes líos que se producían entre los pescadores de diversas nacionalidades”4.

Los cazadores de ballenas y los pescadores de bacalao coincidieron en el tiempo. Eso sí, sus singladuras se hacían en momentos diferentes: la que iba en pos de los bacalaos zarpaba a principio de primavera y regresaba en octubre. Los que salían tras las ballenas dejaban la costa en junio y regresaban en enero.

A pesar de esto, los vascos no participaron en la colonización de la Nueva Francia (Canadá) porque se trató al principio de una empresa privada y no de una cuestión de Estado. Los primeros colonos procedían de Normandía, Perche, Aunis, Poitou o Saintonge. La mayor parte de estos viene del norte del Loira. Si hubo vascos, eran tan pocos que pasaron desapercibidos. Los pescadores y marineros vascos cruzaban el Atlántico, no como colonos, sino para hacer una pequeña fortuna y regresar a casa5.  Quizá la única excepción la constituyese el fuerte de San Juan. A principios del siglo XVII, los pescadores de San Juan de Luz frecuentaban la bahía de Placentia donde tenía sus secaderos. En 1604 construyeron el fuerte que bautizaron como “San Juan”. En 1621, la Corte de París concedió patenta al bayle y al pueblo de San Juan de Luz para construir y equipar cuatro navíos para la protección de su comercio con Terranova. Sus capitanes fueron François Lohobiague, Jean d’Artetche, Martin Hirigoyen y Joachim Haristeguy. Junto a la enseña real, izaban el pabellón rojo y negro con las armas de San Juan de Luz. Se sumó a esta flotilla en “Santa-Catherine” mandada por el almirante Larralde. La escuadra vasca llegó por primera vez a Terranova en 1627.

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En 1650, el corsario Nicolás Cargot intentó capturar dos pesqueros vasco-españoles. Se encontró con que todos los vascos, franceses y españoles, salieron en su auxilio, así que Cargot, furioso, tuvo que retirarse. En 1658, ascendido a capitán de navío, regresó a Placentia como gobernador, lo que no pareció intimidar a los vascos6.

Es cierto que se hicieron notar hasta finales del siglo XVII. Gracias a Jean Claude Paronneaud, conocemos los nombres, origen y profesión de los vascos que vivieron en Norte América durante los siglos XVII y XVIII, casi todos relacionados con la mar7.

Un despacho del gobernador de Terranova, Antoine Parat, fechado en 1684, habla de la insolencia de los vascos (“ilsfontmilleinsolence”) por lo que había que castigarlos. Según parece, durante una cena a bordo de uno de los barcos, el capitán se atrevió a abofetear al gobernador (al propio Parat). Es cierto que, como resalta Monseñor Howley, para entonces los pescadores vascos ya no tenía ni la fuerza ni la influencia de antaño, perdiéndola a favor de la población francesa y bretona8.

Saint-Pierre et Miquelon

En siglo XVII, Saint-Pierre et Miquelon fue lugar de paso y abrigo de una comunidad de pescadores vascos y bretones hasta que fueron expulsados por los británicos9. Se sabe, por ejemplo, que, entre 1602 y 1611, Saint-Pierre fue la base durante la temporada de pesca para Juanes de Liçardi, que navegaba para el armador de Saint-Jean de Luz, Adam de Chibau. Después de la guerra de los Siete Años, Francia debió abandonar sus posesiones en el San Lorenzo y la isla de Cap-Breton, pero, en 1763, por el Tratado de París, le fueron devueltas Saint-Pierre et Miquelon, que los ingleses venían utilizando como base pesquera desde 1713 cuando rebautizaron Saint Pierre como Bourgway.

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El Zazpiak bat.

Durante la guerra de independencia americana, en septiembre de 1778, el contralmirante inglés Montague arrasó Saint-Pierre y expulsó a sus 1400 habitantes. En los años siguientes, se sucedieron los incidentes violentos. El 1793, el vicealmirante King encarceló a la población. El Tratado de Amiens de 1802 puso fin a este periodo10.

En 1821 se establecieron las primeras normas sobre la pesca del bacalao en las aguas francesas de Terranova que afectaron al pequeño archipiélago de Saint Pierre et Miquelon En 1827, el comisario de la marina dictó en Bayona los requisitos para los barcos que querían dedicarse a este tipo de pesca. En un principio, los armadores no estuvieron muy conformes con las artes de pesca que debían utilizar.

Aun así y en medio de no pocas dificultades, los bacaladeros vascos comenzaron a llegar a las islas. En 1817, habían llegado a Saint Pierre barcos de armadores como los Goyetche, Duhalde y Chiloco, Dibarboure, Diraçabal, Mendigain... procedentes de Baiona, Donibane Lohitzune, Hendaia, Bidart, ...

Uno de los primeros vascos en instalarse de forma permanente fue Dasconaguerre en 1829 que, al llegar, se encontró con que las instalaciones de tierra habían sido destruidas por un incendio. Luego, llegaron otros: Recour, Goyetche (1841), Lahirigoyen (1846)...11

La mayor parte de los pescadores son originarios de Guéthary, Bidart, Saint-Jean-de-Luz, Ciboure, Urrugne, Hendaye y Saint-Pée. Otros emigrantes vascos procedente del otro lado de la frontera (Fuentarrabia, Irun), y algunos llegaron incluso desde Saint-Etienne de Baïgorry. Se instalaron, sobre todo, en la isla de Saint-Pierre y, en los días de auge de la actividad pesquera, llegaron a ser 800 individuos (en temporada de pesca), mientras que los acadianos o “cadiens” se concentran en Miquelon y los normandos en la Isla de los Marinos12. La comunidad vasca contó, además, con un párroco propio llegado desde Labourd, Todo ello sin contar con la presencia durante un tiempo del administrador apostólico, Monseñor Christophe Legasse13.

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Monseñor Legasse.

En 1916, residían en Saint-Pierre, además de los marinos, vascos dedicados a otras profesiones. Este es el caso de Apestéguy (constructor), Saint-Martin Etcheverry (contable), Lafitte (herrero), Pierre Olaisola (quincallero), Charles Borthayre (quincallero),... Aquel año, algunos comercios estaban regentados por vascos: como los de la Viuda de Auguste Etcheverry (comercio), Edourd Erausquin (café y billar), Viuda de Cadet Etcheverry (Café y pensión), Viuda de Irazoqui (mercería y epicería), Jean Jaureguiberry (herrero), J.B, Legásse (panadero), Pierre Olaisola (quincallero),...14

De entre todos ellos, destaca la figura de Louis Legasse, patrón de “La Morue Francaise”, que dominó la vida política, económica, social y religiosa (ya que su hermano llegó a ser administrador apostólico de la colonia) de las islas a partir de 1890 durante la primera mitad del siglo XX15.

El padre de Legasse, Pierre, se había hundido con la Jeune Française antes de llegar a Saint-Pierre el 24 de agosto de 1873. Una violenta tempestad mandó a pique a veinte goletas, desapareciendo 201 marinos16.

Para 1890, Legasse ya era el armador más importante del archipiélago. El 17 de diciembre de 1897 fue elegido por primera vez delegado del Consejo de Colonias con sede en París, cargo que ocupó durante más de veinte años. Su fuerza estaba, precisamente, en el apoyo que recibía de la comunidad vasca organizada hasta 1902 en el Cercle de Zazpiak bat (la primera asociación vasca de América del Norte). En el momento de máxima pugna política, los oponentes dinamitaron el frontón de madera, que fue pronto reconstruido (en 1906)17.

Durante los días de la “prohibición” (ley seca) en Estados Unidos, Saint-Pierre et Miquelon fue un importante centro del contrabando de licores. Los vascos no se quedaron al margen. Los almacenes de “La Morue Francaise” (aunque los Legasse se incorporaron tarde al negocio) se llenaron de cajas de whisky, champagne, ginebra, ron... Los boyeros labortanos sustituyeron el bacalao seco por las bebidas espirituosas18.

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Louis Legasse tras el rey Alfonso XIII.

Louis Legasse quiso ampliar sus negocios pesqueros al sur del Bidasoa. Fue el principal impulsor de la PYSBE (Pesquerías y Secaderos de Bacalao de España). Al ser ciudadano francés, no podía figurar en el accionariado (lo hizo a través de testaferros) e incorporó nada menos que al rey Alfonso XIII (también a través de testaferros), lo que permitía una mayor libertad de movimientos.

En 1974 desaparecía la Pysbe19, los vasco-peninsulares siguieron pescando un tiempo en Terranova hasta los primeros años de los 198020. La pesca del bacalao en Terranova entró en declive hasta su extinción lo que afectó a las pequeñas comunidades de gallegos y vascos residentes tanto en Saint-Pierre como en San Juan de Terranova. También afectó a algunos negocios como las pensiones en las que descansaban los pescadores.

Hoy, los vascos constituyen una parte importante de la población de Saint Pierre et Miquelon. Hasta nuestros días, mantienen sus tradiciones: fiestas, frontones y banderas de Euzkadi se ven por doquier21. En Saint Pierre, tiene su sede la Asociación Zazpiak-Bat fundada en 1952 por Martin Carricart.  En junio de 2017, la Asociación fue reconocida oficialmente por el Gobierno vasco.

Gran guerra y petainismo

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Además de los conflictos internos s los que hemos hecho referencia, los vascos de este pequeño archipiélago se vieron arrastrados a los conflictos que afectaban a la metrópoli, al estallar la Gran Guerra (I Guerra Mundial), los vascos de Saint-Pierre et Miquelon también fueron movilizados. La mayoría, sirvieron en los Regimientos de Infantería Colonial. Muchos murieron en combate o desaparecieron tras ser atacados por submarinos alemanes.  Joseph Daguerre, de Saint-Pierre, cayó en el frente del Marne en 1915. Era soldado de segunda clase en el 42 Regimiento. Gabriel Oyarzabal, de Urruña pero residente en Saint-Pierre, murió en el Somme, Joseph Teletchea, de Saint Pierre, en Marne. Lucien Urdanibia, de Saint Pierre, desapareció en la mar al hundirse el barco que lo llevaba a Salónica. Fue uno de los 1.100 desaparecidos del 3er. Regimiento Colonial cuando un submarino alemán torpedeó al Provence II, un paquebote transformado en “crucero auxiliar” que transportaba tropas a los Dardanelos. También desaparecieron en el mismo suceso otros vascos como Jean Beheragaray, Duhalde, Harguindeguy...

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Dantzaris en Saint-Pierre.

Tras la ocupación nazi de Francia, las islas quedaron bajo la administración de Vichy. Al contrario de lo ocurrido en otros lugares, en un principio, la Asociación de Antiguos Combatientes se pronunciaron a favor de De Gaulle. Entre sus directivos, se encontraba Georges Daguerre. Pronto comenzaron actividades de la resistencia. Un joven vasco Ferdinand Apésteguy fue detenido por actividades en favor de la Francia libre. Como apoyo a este grupo de resistentes surgió un grupo llamado la “Cruz de la Lorena” que daba material y moral a la resistencia. Entre los miembros de esa asociación, los hermanos Olano o Pierre Olaisola. Sin embargo, los partidarios de Vichy eran más numerosos de lo que parecía.

La isla fue liberada en diciembre en 1941y la división entre gaullistas y peteinistas, con vascos en ambos lados, se mantuvo durante décadas22.

Epílogo

Los vascos se hicieron notar en Saint-Pierre desde su llegada. El 21 de enero de 1883, “pour la première fois, les Basques jouentaux «petits bâtons »23. Los dantzaris vascos siguieron recorriendo las calles de Saint-Pierre con sus makilak (petits bâtons). Bien entrado el siglo XXI, los vascos siguen bailando en Saint Pierre.

1Mark Kurlansky, El bacalao. Biografía del pez que cambió el mundo, Barcelona (1999): Península, p. 18.

2Anastasio Arrinda, Euskalerria eta Arrantza, San Sebastián (1977): Caja de Ahorros Municipal, p. 243.

3Juan Pardo, en VV. AA., El PaisVasco y el mar a través de la historia, San Sebastián (1995): Museo Naval, p.59.

4José María Busca Isusi, Alimentos y guisos en la cocina vasca, San Sebastián (1983): Txertoa, pp. 107-108.

5John Reade, John Reade, The Basques in North America, Montreal (1889): Dawson Brothers Publishers. p. 23.

6Jo Garat, La grande aventure des pêcheurs Basques, Biarritz (1998): Atlántica., p. 45.

7Jean Claude Paronnaud, Basques et Gascons en AmèriqueSeptentrionaleauxXIIe et XVIIIesiécles (2004): Centre Genéalogique des PyrénéesAtlaquintiques.

8Rt. Rev. Bishop Howley, “The Old Basque Tombstone of Placentia”, Transactions of the Royal Society of Canada. Second Series, 1902-192, Vol. VIII. Section II, p. 87.

9Jean-Pierre Andrieux, Saint-Pierre et Miquelon, Ottawa(1985): OTC Press, p. 23.

10Almanach du Centenaire, Paris (1916): Imprimerie Charles Renaudie.

11Jo Garat, Opus cit., p. 60 y ss.

12Ver E. Aubert de la Rüe, Saint-Pierre et Miquelon, Montreal (1944): L’Arbre, pp. 192-193.

13Pierre Lhande, L’EmigrationBasque, Paris (1910): NouvelleLibarire., p. 56.

14Almanach cit.

15Ferdinand Louis Legasse, Évolution economique des isles Sain Pierre et Miquelon, Paris (1936): Sirey.

16Almanachcit, p.191.

17Jean-Pierre Andrieux, Opus cit.

18Jean-Pierre Andrieux, Prohibition and St. Pierre, Lincoln (1983): W.F. Rannie Publisher/Geoff & Dorothy Robinson, It came by the boat load, 1993: Ed. de losautores.

19María Teresa Tolosa Bernardez, La pesca del bacalao en el siglo XX: en caso de la PYSBE, Itsas Memoria, Donostia-San Sebastian (2000): p.363-382.

20Javier de Aramburu, Terranova, San Sebastina (1972): Caja de Ahorros Provincial/Joseba Zulaica, Terranova. The ethos and the Luck of Deep-Sea Fishermen, Philandelphia (1981): Institute for the Study of Human Issues.

21Nelson Cazelis, Cinc siècles de peches a la morue. Terre-Neuvas & Islandais, Rennes (1997): Editions Ouest-France, p. 54.

22Douglas G. Anglin, Free French: The St. Pierre and Miquelon. Affaire of 1941, Calgary (1998). Penny Black Publishing.

23Almanachcit, p.9.

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