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Alarde militar en Irun PDF Imprimir E-mail
Eneko del Castillo   
Martes, 27 de Junio de 2017 19:44

Después de la invasión castellana de Navarra en 1512 se produjeron varios intentos de recuperación que terminaron con la fatídica derrota en Noain. Los supervivientes de aquella batalla, bajo el mando del mariscal Pedro de Navarra recuperaron varias fortalezas para el legítimo rey de Navarra Enrique II “el Sangüesino”.

El 30 de junio de 1522, día de San Marcial, los señores Labortanos de Urtubia y Senper conducían sus tropas desde la fortaleza navarra de Hondarribia hacia Irun, donde acampaban tropas españolas. El objetivo: tomar el castillo de Behobia.

La batalla, se basó en el factor sorpresa y la diferencia de fuerzas que proporcionaba la caballería. Según Moret, “se hizo creer al enemigo que el ejército imperial pasaría por el camino Real, entre Errenteria y Oiartzun, mientras las tropas se dirigieron a Irun por el valle de Alzubi de Legarra, subiendo la caballería silenciosamente al alto”. Las tropas navarras cayeron en la trampa, al creer su espalda quedaba protegida por las rocas del monte San Marcial.

Entre los muertos destaca la figura de Johan Remíriz de Baquedano, héroe de la resistencia navarra, que en palabras del historiador Joseba Asirón, encabezó la revuelta de Estella en octubre de 1512, fue hecho prisionero en la intentona legitimista de 1516, venció a los castellanos en la batalla de Zegarrain en mayo de 1521 y participó en la desgraciada batalla de Noain, y posteriormente en la toma de Hondarribia a manos franco-navarras. Johan no encontró la justicia ni después de muerto, y todavía en 1539 su desgraciada viuda pleiteaba por recuperar la casa y los bienes de su difunto marido. En cualquier otro país, personas del talante de Johan Remíriz de Baquedano gozarían de prestigio y reconocimiento público, pero en la Navarra del siglo XXI es, todavía hoy, un perfecto desconocido.

Según la crónica de los vencedores el señor de Senper fue hecho prisionero al principio de la confrontación. Más tarde atacaron el campamento donde se encontraban los mercenarios alemanes al servicio del rey de Navarra. Estos fueron cañoneados y atacados por su retaguardia quedándoles la bajada al llano como única salida. Tras quedar indefensos, los soldados imperiales se ensañaron con ellos y otros se ahogaron en el Bidasoa, al intentar escapar.

Fue una victoria castellana señalada, aunque no por la dureza de los ataques ni por el número de combatientes muertos que fue muy escaso por ambas partes. Se trata de una de las escaramuzas previas a las tomas de los castillos de Amaiur (19 de julio de 1522) y Hondarribia (25 de marzo de 1524).

El alarde de Irun recuerda este capítulo de nuestra historia, aunque mal intencionadamente se ha hecho entender a la población que vencieron a un ejército francés, cuando realmente eran tropas navarras y gasconas.

Las monarquías española y francesa siempre nos han utilizado para agredirse mutuamente. En 1659, tras las conquistas de 1512-1524 por parte española y en 1620 por parte francesa, fijaron la frontera de sus estados a lo largo de los montes Pirineos, dividiendo a Navarra en dos, tal como reconoce el tratado de límites vigente hoy desde 1856.

Son muy numerosos los intentos que desde entonces se han dado, por parte de Irun y Hondarribia, para retornar a Navarra. Se realizaron gestiones entre los años 1638 al 1655, durante las cuales dejaron de asistir a las Juntas Generales de Gipuzkoa. Se trató en las Cortes de Navarra, de nuevo, en 1702, 1743-1744, y 1754. Finalmente se reincorporaron a Navarra el 26 de septiembre de 1805, pero el rey español Fernando VII decidió entregarlas a Gipuzkoa en 1814. Pese a todo los intentos continuaron en 1936 pero las autoridades franquistas de nuevo lo impidieron.