| Gracias, ministro Montoro |
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| Salvador Cardús | |||
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Con cada Gobierno español, Dios nuestro señor da a los catalanes, como mínimo, un ministro arrogante para que nos recuerde cuál es nuestra condición de pueblo esclavo. Ahora mismo, quien hace este papel es el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Y lo hace con tanta excelencia que casi nos ha hecho olvidar los anteriores, que a su lado, parece que nunca hayan pasado de aprendices. Efectivamente, la reacción irritada de Montoro al acuerdo del miércoles del Parlamento de Cataluña para exigir un pacto fiscal con hacienda propia ha servido, en primer lugar, para demostrar su utilidad a los que nos parecía un trámite tirando a innecesario. Sí, ya sabíamos que en Madrid no les haría ninguna gracia y que nos lo recordarían. Pero que se haya molestado hasta el punto de sacar de quicio a un ministro, despreciando el Parlamento de Cataluña y acusándolo de querer engañar a quien representa, es señal de que hemos hecho bien al pasar por aquí, aunque fuera para demostrar a los que todavía tenían alguna duda que en España no hay nada que hacer. En segundo lugar, y más allá de las formas -porque mira que es maleducado este señor ministro-, están las trazas del argumento que ha sido capaz de articular en medio de las desconsideraciones. Y hay que decir que su intento de razonamiento ha sido absolutamente risible. Dice Montoro: "¿Cómo logrará salir adelante una comunidad autónoma sola?" Y, claro, es aquí donde ha delatado la profunda razón de su enojo: en realidad, la pregunta que tenía en la cabeza el ministro era: "En este momento de crisis, ¿como lo hará lo que quede de España para salir adelante?" Si acabamos de saber que, desde que existen los Fondos Europeos de Desarrollo, Cataluña ha aportado tres veces más dinero en España que todos estos fondos, ya podéis contar la mordida que daremos a la Hacienda del señor Montoro el día que lo dejamos solo. Y, por si aún faltaran más argumentos, basta con sugerir al ministro que dé un vistazo al País Vasco para comprobar que sí, que incluso una "comunidad autónoma" tres veces más pequeña que Cataluña, se puede salir sola. Pero, tercero y lo más importante de todo , más allá de las malas formas y los argumentos de pizarrín, lo que es más grave de la reacción del ministro español es su desprecio por el Parlamento y, por tanto, la exhibición impúdica de su escasísima sensibilidad democrática. Porque incluso en el supuesto idiota que nuestro Parlamento hubiera hecho una propuesta arriesgada que nos tuviera que llevar a la ruina, por encima de la discrepancia política, está el hecho de que el Parlamento de Cataluña es la expresión de la voluntad popular de los catalanes. Un Parlamento que hasta ahora ha aceptado someterse a las reglas de juego constitucionales españolas y que por tanto, desde un punto de vista jurídico, el señor Montoro debería tratar con el respeto institucional que merece cualquier cámara democrática. El interés de estar atentos a las salidas de tono de los gobiernos españoles y de sus ministros no es para hacerse mala sangre sino para saber cuál es su nivel de cultura democrática y qué papel otorgan a la nación catalana dentro de sus esquemas políticos y mentales. Y a fe de Dios que, oído el señor Montoro, tenemos prisa, mucha prisa, para salir de España por piernas. http://www.naciodigital.cat/
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