| ¿Aún tiene sentido una Escocia británica? |
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| Xavier Solano | |||
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En otoño de 2014, coincidiendo con el 700 aniversario de la batalla de Bannockburn -la victoria escocesa más importante en el contexto de las guerras de independencia-, los escoceses decidirán si finalizan la unión que han mantenido con los ingleses desde el 1707
Algunos historiadores señalan la historia y los cambios que ésta ha impuesto sobre los llamados pilares básicos de la unión como la principal causa de la consolidación del movimiento independentista escocés. Mientras que algunos analistas dicen que la unión ha sido lo mejor que podía haber pasado a un país que carecía de autoconfianza y que, al principio del siglo XVIII, salía de una época caracterizada por el hambre y la miseria, otras en cambio, aseguran que la unión ha sido, en términos generales, perjudicial para el país.
Escocia fue la segunda nación más rica del mundo como consecuencia de formar parte del imperio Británico, pero paradójicamente, más de dos millones de escoceses tuvieron que emigrar entre el año 1815 y la Segunda Guerra Mundial. Esto demostraría que los considerables beneficios económicos generados por la unión sólo recayeron en una minoría de la población. En cambio, como contrapartida, el país de cultura celta tuvo que ceder su independencia política, que pasó a depender de un parlamento controlado por los ingleses.
El imperio Británico
Los escoceses no pudieron hacer realidad su proyecto colonial particular de Darien, actualmente parte de Panamá, pero la unión les proporcionó el acceso a las colonias británicas. Este recurso favoreció un rebrote económico milagroso, inédito para cualquier pequeño país europeo de la época, con la excepción de Holanda.
Así, los escoceses estaban presentes en la India, Australia, Nueva Zelanda, Canadá y en las grandes extensiones territoriales en África y Asia. Además, estaban sobrerrepresentados. Entre 1850 y 1939 una tercera parte de todos los gobernadores coloniales eran escoceses, aunque éstos sólo representaban el 10% de la población de Gran Bretaña.
Intelectualmente, el Imperio también facilitó que Escocia participara en la corriente de la Ilustración. El filósofo David Hume, el primer economista moderno, Adam Smith, el poeta Robert Burns, el fundador de la sociología, Adam Ferguson, o el fundador de la geología, James Hutton, fueron algunos de los escoceses que contribuyeron a este movimiento.
La derrota de este vasto imperio es, sin duda, un elemento histórico crucial a la hora de entender el surgimiento del movimiento independentista.
La religión
La historia de Escocia, como la de muchas otras naciones, está íntimamente ligada a la religión. Escocia tiene su propia Iglesia, la presbiteriana, que conjuntamente con la Iglesia anglicana, que es la iglesia oficial de Inglaterra, conforman las dos ramas del protestantismo más importantes de Gran Bretaña.
La Iglesia de Escocia vio en la unión la oportunidad de preservar su existencia como la Iglesia nacional de Escocia. Históricamente, a un lado estaban los presbiterianos y, por otro, los católicos y los episcopalianos. Las dos facciones estaban armadas y siempre a punto para rebelarse si el rey se mostraba favorable a la otra facción.
Los presbiterianos ganaron la batalla política al conseguir aprobar una ley que estipulaba que la Iglesia escocesa debía permanecer presbiteriana, como mínimo, mientras durara la unión. Cuarenta años después, también ganaron la batalla militar cuando en la batalla de Culloden, los jacobitas, que eran los católicos y episcopalianos, fueron derrotados. Sin embargo, en 1801, con la anexión de Irlanda a la unión, hubo una inmigración masiva de irlandeses en Escocia que reavivó el conflicto.
Con el tiempo, sin embargo, las razones religiosas para defender la unión han ido desapareciendo. Primero de todo, por la secularización. También porque el sector católico escocés ahora es más proclive a la independencia. Otra razón es por la desaparición de las comunidades protestantes de clase trabajadora, que históricamente tendían a conceder el voto a los conservadores. Finalmente por la llegada de prácticas religiosas de otros lugares del mundo que no tienen una posición definida sobre la posible independencia escocesa.
Un antiguo enemigo común
El proteccionismo que ofrecía el mercado británico es otro de los factores que, con el paso del tiempo, ha dejado de tener sentido. Con la globalización y la creación de la Unión Europea los escoceses disfrutan de un mercado mucho más amplio para su industria. Ahora, la necesidad de una marina real para defender el comercio escocés es por completo irrelevante.
Otro elemento que ha mantenido unidos a los británicos ha sido la existencia de un enemigo común, como lo fueron, por ejemplo, los franceses, que en la nueva Europa han pasado a ser socios, los alemanes en las guerras mundiales, que fueron vencidos, o el imperio Soviético, que se desintegró.
Otros factores unionistas importantes que han desaparecido o que han perdido relevancia son el poder de la monarquía, que ahora ya sólo tiene un papel simbólico; la actitud de parte de las élites escocesas, que no acaban de estar suficientemente convencidas de la conveniencia de Escocia dentro de la unión, o el Parlamento y el Gobierno británico, que, con la creación del Parlamento y el Gobierno de Escocia, han perdido el monopolio en la esfera pública.
Así pues, llegados a este punto, no resulta extraño que muchos escoceses de hoy en día se pregunten qué sentido tiene continuar formando parte del Reino Unido. Sin embargo, hay voces que discrepan. Estas advierten que el Reino Unido no se encuentra en una situación de peligro de desintegración, o por lo menos, a corto plazo. Y es que el Reino Unido todavía mantiene algunos elementos atractivos que garantizan su unidad, como los hábitos, la tradición, la inercia de pertenecer a una misma comunidad política durante tanto tiempo, la cultura común, unos mismos valores, la BBC, la lengua, las relaciones familiares y, sobre todo, la lucha por volver a vivir momentos de prosperidad.
¿Tiene sentido todavía el Reino Unido para algunos de sus ciudadanos? Pronto la historia nos sacará de dudas.
CRONOLOGÍA - Historia de Escocia
1.- 843 - Primer rey de una Escocia unida 2.- 1290 - Escocia es invadida por el rey Eduardo I de Inglaterra 3.- De 1296 al 1357 - Guerras escocesas de independencia 4.- 1603 - Unión de coronas (un rey, dos naciones) 5.- 1707 - Tratado de la Unión. Nacimiento del Reino Unido 6.- 1979 - Referéndum para una asamblea para Escocia 7.- 1997 - Referéndum por un parlamento escocés 8.- 1999 - Constitución del Parlamento de Escocia 9.- 2014 - Referéndum de independencia
Este artículo se ha publicado en el número 116 de la revista SÀPIENS (mayo 2012)
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