| La lengua de Barcelona |
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| Josep Lluís Carod-Rovira | |||
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Nadie duda de cuál es la lengua de París, Roma, Madrid, Londres o Berlín. Lógicamente, el francés, el italiano, el español, el inglés y el alemán. Y la simple pregunta ya provocaría sorpresa o incomprensión por parte de cualquier interlocutor. Esto, tan evidente para los demás, ¿lo es también para nosotros? Barcelona es, incuestionablemente, nuestra capital nacional, y lo es también de la lengua y la cultura catalanas. No sólo porque es ahí donde radican las industrias culturales más potentes, sino porque Barcelona es la ciudad donde hay más gente que habla catalán, en todo el mundo. Esta circunstancia, sin embargo, a menudo pasa bastante desapercibida, en todos los ámbitos. El provincianismo de parte de nuestros sectores dirigentes, no sólo de los políticos e institucionales, es sencillamente espantoso. Hay una tendencia natural a esconder la lengua, a minimizarla, a compartir todos los espacios públicos imaginables, a veces rozando el ridículo, con el castellano, como si la lengua catalana fuera poco, sola, para ocupar, plenamente, todos y cada uno de los espacios de uso y representación de un idioma. En otras palabras, lo que es visto como un gesto de normalidad en cualquier lugar, aquí no lo es. Mientras en Vilna, en Liubliana o en Copenhague el lituano, el esloveno o el danés, lenguas mucho menos habladas que la nuestra, son las lenguas distintivas de la ciudad, aquí parece como si no pudiéramos ir nunca solos, sino siempre acompañados, al igual que si fuéramos menores de edad, tuviéramos alguna discapacidad o complejo o, simplemente, nos diera vergüenza mostrarnos tal como somos ante el mundo.
No quiero referirme a lo que hacen las autoridades españolas, como la sentencia del Tribunal Supremo español contra el uso preferente del catalán en el Ayuntamiento barcelonés, ya que esto, según dicen, perjudica al castellano. No, no, ellos hacen su trabajo bien hecho, para sus intereses, y, al fin y al cabo, desde nuestro masoquismo nacional, nosotros les pagamos para que lo sigan haciendo como hasta ahora. Lo que siempre me ha parecido incomprensible es que, desde aquí y desde instituciones que deberían velar por cumplir por lo menos sus estatutos, se caiga una y otra vez, en este provincianismo 'catalanet', de tan baja autoestima nacional. Ahora resulta que Barcelona ha sido invitada al Salón del Libro de París, el próximo año. Y según se desprende de declaraciones de un altísimo responsable del Instituto que, oficialmente, proyecta en los cinco continentes la "lengua y cultura catalanas", todo hace pensar que la literatura que representará a la capital catalana no será sólo en catalán, sino también en castellano, para no "amputar-nos" (!). Será, pues, bilingüe y no monolingüe como en los precedentes anteriores de ciudades invitadas, ni plurilingüe, porque ya puestos, en Barcelona hay gente que vive y que escribe en muchas otras lenguas y algunos, incluso, ganan premios como el Goncourt. ¿Ahora resulta que el Ramon Llull se dedica a promover la literatura en castellano en el ámbito internacional? Creía que, para fin tan elevado, ya existía el Cervantes, que también pagamos nosotros.
Nada agota tanto como la defensa de las obviedades. Que la identidad de una literatura la da la lengua ya es más viejo que el ir a pie. Por eso Samuel Beckett o Eugen Ionescu pertenecen a la literatura francesa, en lo que se refiere al idioma en que escriben la obra, como Franz Kafka pertenece a la literatura alemana, sin que ello les afecte en absoluto a la nacionalidad. Como ciudadanos son irlandeses, rumanos o checos, pero por la lengua en que hacen su obra creativa pertenece a otras literaturas. Al igual que pertenecen a la literatura catalana, porque escriben en catalán, el portugués M. de Seabra, la checa M. Zgustova, el estadounidense Sam Abrams o el inglés M. Tree. En el 2013, pues, ¿Barcelona estará en París representando a la literatura catalana o bien como una ciudad española más, eso sí, bilingüe? El Punt - Avui
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