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Felipe González, señor X PDF Imprimir E-mail
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“Ya hace mucho que no estoy en el poder pero te voy a decir una cosa que a lo mejor te sorprende. Todavía no sé siquiera si hice bien o hice mal, no te estoy planteando un problema moral, porque aún no tengo la seguridad. Tuve una sola oportunidad en mi vida de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA. Antes de la caída de Bidart, en 1992, querían estropear los Juegos Olímpicos, tener una proyección universal… No sé cuánto tiempo antes, quizá en 1990 ó 1989, llegó hasta mí una información, que tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía. No se trataba de unas operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo: nuestra gente había detectado -no digo quiénes- el lugar y el día de una reunión de la cúpula de ETA en el sur de Francia. De toda la dirección. Operación que llevaban siguiendo mucho tiempo. Se localiza lugar y día, pero la posibilidad que teníamos de detenerlos era cero, estaban fuera de nuestro territorio. Y la posibilidad de que la operación la hiciera Francia en aquel momento era muy escasa. Ahora habría sido más fácil. Aunque lo hubieran detectado nuestros servicios, si se reúne la cúpula de ETA en una localidad francesa, Francia les cae encima y los detiene a todos. En aquel momento no. En aquel momento solo cabía la posibilidad de volarlos a todos juntos en la casa en la que se iban a reunir. Ni te cuento las implicaciones que tenía actuar en territorio francés, no te explico toda la literatura, pero el hecho descarnado era: existe la posibilidad de volarlos a todos y descabezarlos. La decisión es sí o no. Lo simplifico, dije: no. Y añado a esto: todavía no sé si hice lo correcto. No te estoy planteando el problema de que yo nunca lo haría por razones morales. No, no es verdad. Una de las cosas que me torturó durante las 24 horas siguientes fue cuántos asesinatos de personas inocentes podría haber ahorrado en los próximos cuatro o cinco años. Esa es la literatura. El resultado es que dije que no”. Felipe González entrevistado en El Pais por Juan José Millás.

 

FelipeX

Joxerra Bustillo

Azogeak

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A pesar de no haber sido publicada en una revista couché sino en el dominical de "El País", se trata de una entrevista pornográfica en la que Felipe González Márquez, presidente del Gobierno de España desde octubre de 1982 hasta marzo de 1996, se desnuda ante algunas espinosas cuestiones relacionadas con la guerra sucia contra ETA. El titular del diario madrileño ayer domingo lo resume a la perfección: "Tuve que decidir si se volaba a la cúpula de ETA. Dije no. Y no sé si hice lo correcto". Se trata de una confesión que viene a corroborar las viejas sospechas sobre la famosa X de los GAL que nunca se pudo discernir con pruebas en la mano. Pero hay más, ya que González señala que quién dio la orden de liberar a Segundo Marey, secuestrado por el grupo antiterrorista, fue el mismo ministro del Interior español José Barrionuevo, aunque el ex presidente, en un alarde literario, pretende disfrazar el secuestro como una detención. Para terminar de adornar la tarta, González se prodiga en alabanzas sobre sus más fieles esbirros de aquella época sangrienta, en especial del general Rodríguez Galindo, al que exculpa de todos sus pecados.

Catorce años han tenido que pasar para que el personaje que dicen asentó la democracia y la transición española se atreva a desvelar una operación que le compromete con las cloacas del Estado de forma directa. Es cierto que se contesta a sí mismo explicando que no dio autorización para la operación y ni siquiera concreta el año del suceso, pero el simple reconocimiento de que existió el proyecto de colocar una bomba en la vivienda en la que se supone que iban a reunirse los miembros de la dirección de la organización calndestina ETA, confirma lo que tantos hemos sospechado durante tanto tiempo. No hace falta hilar muy fino para deducir que agentes de los servicios secretos, de las diversas fuerzas policiales, del Ministerio del Interior y de la propia fontanería de La Moncloa tuvieron que intervenir, al menos para recabar, analizar y transmitir esa operación, así como para diseñar la acción violenta que acabaría con los militantes cualificados de ETA.

Las palabras de González Márquez no hacen sino corroborar que, al amparo de la Razón de Estado, todo vale. Todo el mundo sabe que las organizaciones armadas clandestinas utilizan la violencia, pero en este caso el Estado "democrático" la utiliza de igual manera y, por tanto se pone a su misma altura. Con el agravante de que quienes propugnan la insurreción no están comprometidos por las leyes del Estado y su entramado institucional y, en cambio, el presidente del Gobierno y sus secuaces sí que lo están. Por lo tanto, y en resumen, que es mucho más grave la utilización de la violencia por parte del Estado que de una organización insurrecta al mismo.

Estamos acostumbrados al discurso del poder en el que se traza una gruesa línea roja entre los que se autodenominan demócratas y los que ellos definen como violentos. Tras la publicación de esta entrevista, desconocemos en que lado de esa imaginaria línea se encuentra el señor González, pero parece que no estaría muy lejos de la de los violentos. Ha esperado a disfrutar de la tranquilidad de sus 68 años para comenzar a hacer públicas sus miserias en su etapa de La Moncloa. A mí personalmente me encantaría que nos la siguiese contando, aunque fuera a cuentagotas.

 

Las "dudas" de Felipe González

Editorial

Deia

El PSOE ha cerrado filas en torno al ex presidente tras afirmar que no sabe si hizo "lo correcto" al decidir no "hacer volar" a la cúpula de ETA. El resto de partidos ven demasiadas similitudes con el "señor X del GAL"

EL ex presidente Felipe González se destapó con unas revelaciones que causan estupor, tanto por la peculiar "verdad" que transmiten sobre su figura y sobre sus decisiones, como por la ausencia no ya de autocrítica sino de esa firmeza ética de la que tanto se habla y de la que no hay muestra en sus palabras. En la charla publicada en El País, González recuerda entre el cinismo, la hipocresía y una sensación de estar por encima del bien y del mal, temas como la lucha contra ETA, las actuaciones de sus subordinados Barrionuevo y Vera, el general Galindo, los fondos reservados o la corrupción. Y lo más sangrante es que, aún hoy, Felipe González sigue teniendo dudas de si hizo "lo correcto" cuando dijo que no a la propuesta de "hacer volar" a toda la cúpula de ETA que, supuestamente, estaba reunida en una casa "en el sur de Francia". Automáticamente, el ex líder socialista se ha descubierto a sí mismo al afirmar que la información sobre la reunión "tenía que llegar hasta mí por las implicaciones que tenía", ya que no se trataba "de unas operaciones ordinarias de la lucha contra el terrorismo". Eso significaría a las claras que cualquier decisión que tenía "implicaciones" durante su mandato llegaban hasta él por puro procedimiento. Ni más ni menos. Y no es baladí que bajo la presidencia de Felipe González el GAL campara a sus anchas cometiendo asesinatos y atentados en operaciones nada "ordinarias" de la lucha antiterrorista. Además, sus encendidas defensas de Barrionuevo, Vera y Galindo, no por conocidas dejan de tener su relevancia, aunque para ello llegue a echar basura en forma de sospecha sobre el ya fallecido Segundo Marey del que asegura que fue "detenido" cuando fue literalmente secuestrado aunque "lo salvó una orden de Pepe Barrionuevo", según dice. "Es que todavía hoy no se puede contar eso...", sostiene González. Es decir, que en su escala ética no está contar la verdad, sino la parte que le interesa y cuando interese. Palabras, sin duda, inaceptables en un sistema de derecho que se precie de serlo. Más allá de los consabidos secretos de Estado, el mero hecho de dudar si hizo lo correcto al no ordenar el asesinato de varios seres humanos -terroristas o no- dice mucho de él, de su Gobierno, de su modo de operar y de su partido, el PSOE. Pero éste, lejos de desautorizarle, ha arropado a su antiguo líder en una nueva demostración de flaqueza que les desautoriza para hablar de ética y de firmeza democrática.

 

 

"Felipe González ha despejado quién era el "señor X" de los GAL"

Deia

El PSOE se queda solo en su defensa después de que confesara que pudo "volar" la cúpula de ETA

El chaparrón que provocaron las declaraciones vertidas por Felipe González el pasado domingo se convirtió ayer en un auténtico monzón. Las críticas le llovieron al ex presidente español desde prácticamente todos los frentes tras confesar que, durante su estancia en La Moncloa, tuvo "una sola oportunidad de dar una orden para liquidar a toda la cúpula de ETA". Es decir, de "volarlos a todos juntos" durante una reunión que iban a mantener en el sur de Francia. Y no sólo eso, sino que, a pesar de decidir no dar esa orden, aún hoy tiene dudas sobre si hizo lo correcto.

Para el PNV está claro: Felipe González ha hecho "un abierto reconocimiento de responsabilidades en lo que al terrorismo de Estado se refiere". Así lo aseguró el presidente del GBB, Joseba Egibar, para quien el ex presidente "despeja la X del GAL y muestra abiertamente el estado de impunidad en el que se movieron los gobiernos socialistas de aquella época". En la misma línea, el presidente del ABB, Iñaki Gerenabarrena, tachó de "absolutamente impresentable" el pronunciamiento de González, que evidencia, según él, "muy poco respeto por los derechos humanos y por los procedimientos democráticos de un Estado de Derecho".

El PP sacó toda su artillería y su secretaria general, María Dolores de Cospedal, sentenció: "Ha aseverado que existió una guerra sucia, que esa guerra sucia se llevaba desde el Gobierno y que el presidente del Gobierno era el máximo responsable". Agregó que a lo largo de los últimos años "ha quedado bien claro que contra ETA no caben atajos porque los atajos son escasamente provechosos y la mayoría de las veces contraproducentes". El líder del PP gallego y presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, instó además al ex jefe del Ejecutivo a "pedir disculpas y no intentar justificar lo injustificable".

"Coherente con la ley" En esta tesitura, el PSOE se quedó ayer solo a la hora de defender a quien ha sido uno de sus líderes más importantes. El presidente del Congreso, José Bono, lo hizo apelando a la trayectoria de González, afirmando que ha sido el "mejor" jefe de Gobierno que ha tenido el Estado español "de la A hasta la X", excluyendo así la última letra del abecedario, que es la que corresponde al apellido del actual presidente, José Luis Rodríguez Zapatero.

Dando por buena la versión ofrecida en El País, el secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, valoró que González fue "totalmente coherente con la ley" en su decisión de no ordenar eliminar a la cúpula de ETA. "Aparece en el titular cuál fue su decisión cuando tuvo dudas. La respuesta que dio creo que fue totalmente coherente con la ley", insistió.

También en auxilio del creador de esta polémica salió el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida. "Para mí, el adversario no es Felipe González ni lo es el PP. Deberían darse cuenta, unos y otros, de que el adversario es ETA y dejar de manipular y de atacar utilizando a ETA unos contra los otros", aseveró, agregando que "el GAL ya se juzgó en su día". Menos magnánimos se mostraron partidos vascos como EB, cuyo portavoz de la Presidencia, Serafín Llamas, emplazó a la Fiscalía General del Estado a investigar el contenido de las declaraciones efectuadas por el ex presidente del Gobierno español, ya que "reconoce tener información" sobre los GAL.

Desde EA, se instó al PSOE a rechazar "la apología que González hace de la guerra sucia". El coordinador de Aralar, Patxi Zabaleta, valoró que el ex presidente "asume su responsabilidad directa en la guerra sucia", y la izquierda aber-tzale oficial criticó "la impunidad con la que el Estado español y sus representantes han actuado".