Paisajes nómadas y otras perspectivas Imprimir
Angel Rekalde   
Jueves, 26 de Octubre de 2017 13:30

Patrimonio, paisaje y globalización, una reflexión a fondo

A lo largo de los días 19, 20 y 21 de octubre celebramos en el Civican de Pamplona un simposio sobre estas cuestiones. Un documental (‘In the same boat’), una conferencia con el escritor Santiago Alba; y una jornada con diversas intervenciones. Aunque el tema de fondo era cómo se enfrenta nuestra cultura a la realidad del mundo, los conceptos de globalización y paisaje fueron las ideas más presentes en el debate.

En palabras de Alba, las personas somos carne y palabra. El problema de la historia es la distancia que existe entre el lugar donde vivimos y el sitio en que se toman las decisiones que gobiernan nuestras vidas. La globalización ha marcado el punto máximo de distancia. Hay muchas versiones en torno a la globalización; si la hay, si siempre la ha habido, o en qué momento comenzó. Probablemente el punto crítico sea el de la Primera Guerra Mundial y la aplicación del motor a los ejércitos. Hasta entonces, fueran las tropas de Alejandro, de Julio Cesar en Roma, los mongoles de Gengis Khan o las invasiones de Napoleón, la velocidad de desplazamiento de un ejército no ha cambiado en milenios. En el momento en que se le puso un motor a un camión militar, la dimensión del tiempo y la distancia se alteró para la Humanidad.

Fin del Neolítico

Hoy la historia es un tsunami; una velocidad de locura, desatada, pese a que por cientos de miles de años nuestros cuerpos están adaptados al Paleolítico. Por ello, cuando el entorno es cibernético, vivimos nuestros cuerpos como un lastre darwiniano.

S. Alba habló de la tecnología. ¿Cuál es el misterio de tanto prodigio? Un enano que innova, un sujeto individual subido a hombros de gigantes (todos los sabios-creadores-investigadores-seres humanos que le han precedido). ¿Y el turismo? En palabras de Alba, la mirada caníbal; es apropiarse de la cultura de otros sólo como objeto de consumo. Esa mirada destruye los territorios que visita y los somete a su dominio.

Con este repaso al mundo, los demás ponentes ofrecieron su visión de nuestra civilización. Amaia Apraiz habló de los bosques globalizados, aculturizados. El paisaje es el lugar del presente que habla del pasado. Hoy tenemos asentamientos postindustriales. Industrias en burbuja, como Silicom Valley. Cinturones de óxido. Gentrificación... Alberto Frías nos habló de la Euskal Hiria, en contraposición a Euskal Herria, y no la presentó como un futuro halagüeño. Marcó la distancia entre ciudades globales (N. York, Londres, Tokio...) en las que se decide; frente a Megaciudades (México CF, Lima...), en las que se malvive.

Joan Nogué describió la tensión entre lo local y lo global. El lugar es el espacio que habitamos, un escenario que inculca identidad en nuestra experiencia, en el significado que damos a lo que vivimos. El paisaje, pues, es el rostro de los lugares, los rasgos que reconocemos porque se nos hacen familiares y emotivos.

Antes eran los escritores los que buscaban paisajes para escribir sus relatos sobre ellos. Ahora son los paisajes (banales, globalizados) los que buscan autores para que les escriban. Porque esos lugares tienen cada vez menos que contar; son paisajes nómadas; es decir, decorados de jardinería o diseño, sin carácter, que se repiten, como si viajaran y los encontráramos en todos los sitios. Así pues, se establece una tensión entre la dramaturgia del paisaje y la banalidad que procura el modelo homogéneo, globalizado.

Donde hablamos del paisaje como expresión de la identidad de un pueblo, igualmente podemos referirnos a la lengua, la memoria o cualquier otra expresión del patrimonio. Fue muy significativa, a este respecto, la intervención de Paul Bilbao que coincidía en las ideas de otros ponentes; pero señalaba un cierto pesimismo en lo concerniente al euskera. La situación de la lengua no llega siquiera a estos parámetros. ‘No jugamos en esta liga. No llegamos’. Se refería a que es posible que las lenguas del mundo se vean presionadas por la globalización; pero el euskera se enfrenta a problemas mucho más cercanos; sin Estado, sin recursos, sin instrumentos propios, el primer reto proviene de los Estados que nos minorizan y ahogan.

Paisajes de frontera. Industrias en burbuja. Lugares nómadas. Bosques aculturizados... Todo un mundo.