| ¿Y si Euskalherria fuera soberana? |
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| Josu Sorauren | |||
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Las utopías son realizables. Según Mannheim, muchos órdenes de vida históricamente existentes, se transforman en una realidad distinta más humana y congruente, aunque previamente fuera considerada utópica. En pocos años, utopías o ficciones como las de Tomás Moro o Julio Verne, por citar algunas, se vieron total o parcialmente concretadas. Y con frecuencia, la resolución parcial de una utopía, ya en sí misma puede significar un cambio histórico definitivo. La soberanía de Euskalherría, integrada en un mundo y en un entorno tan definido como el europeo, evidentemente no nos situaría en un mundo paradisíaco. No vamos a ser tan ingenuos, como para ignorar las insoslayables interdependencias políticas, económicas y políticas. Ni siquiera las propias contradicciones, fobias y rencores, que tras siglos de inmisericorde opresión, se han generado en las entrañas de nuestro pueblo. Pero, por soñar o ser utópicos que no quede. El alma y la fisonomía de nuestro pueblo, sin duda nada tendrían que ver con Pues soñemos... El primer movimiento, quizás no fuera el más trascendental, pero sí el más apoteósico. Y es que uno ya está hasta el rabo de la txapela del pesebre tertuliano. Son más fatuos y ególatras que Fray Gerundio de Campazas. La verdad, procuro ignorarlos. Pero no sé si por malsana curiosidad o por masoquismo he de acabar topándome con ellos. Pues eso, el primer movimiento de ficha... Que a un servidor, le resultaría como un orgasmo telúrico, que desde nuestra soberanía pudiéramos enjaular todos los graznidos de los legionarios y mercenarios de la pluma. Ellos y todos sus congéneres, los linchadores mediáticos, serían democráticamente trincados. ¡Todos “Ad galeras”! Y el siguiente y sin perder ripio, desterrar a todos esos medios de información que tratan de descerebrarnos. Y crear una TV libre, objetiva, sin basuras, más culta pedagógica y humana, no mediatizada por el político de turno. Por soñar... Así mismo, y con las primeras bocanadas de liberación, al carecer ya de finalidad, propondría a los españoles la reconversión de la audiencia nacional en un garito de tahúres, y a sus actuales titulares, en sus anfitriones, “laddermans”, crupieres, etc. A ¿Qué haríamos con la conferencia episcopal de Una vez satisfechos estos inconfesables instintos y con las gaitas más templadas, la tarea sería ardua, pero sin duda reconfortante... Se hablaría de democracia participativa, dominio de los propios recursos, estamentos independientes, ya se sabe lo del legislativo, ejecutivo, judicial -sin tribunales especiales, bastaría la independencia del juez natural-. El nuevo estado, insisto por hoy “utópico”, se denominaría, ni más ni menos, república del estado vasco de Navarra. Hoy día en que las democracias, se basan, o deberían hacerlo, en los derechos y en la igualdad de todos los ciudadanos, mantener monarquías ya resultaría irracional, cuando no ignominioso. Y es verdad. Es que los vascos, a lo largo de la historia, ya hemos colmado el cupo de soportar reyes, prosapias y alcurnias, privilegios y toda esa casta de musgones y parásitos. Pero sin duda, y ya metidos en fundamento, lo realmente perentorio sería “reculturizar” a los propios vascos, acercándoles a su lengua, a sus raíces, a su historia evidenciando las profundas tergiversaciones históricas, del invasor- colonizador... Inculturizar -término eclesiástico donde los haya-, sin ningún tipo de imposición, a los ciudadanos de la nueva Euskalherria libre, que sin ser vascos opten por ella. Son demasiados siglos de aculturación española. Son demasiadas afrentas contra nuestro pueblo, cuyas heridas habrá que restañar para poder vivir en paz con la vecindad. Se me ocurre que quizás para facilitar esta labor y no desairar en demasía a los nuevos convecinos de allende el Ebro, podríamos mandarles a los Urkullus, Imaces, y ¿porqué no?, a Miguel el corellano. Ya han dado suficientes muestras de lo cómodos y plenos que se sienten en aquellas latitudes. ¡Ala, a cortejar y cautivar a los españolitos! Nuestra república no tendría más mugas que las derivadas del respeto y de la obediencia de nuestra nueva constitución, un auténtico “aggiornamiento” de nuestro sistema foral, al que nunca renunció nuestro pueblo. Ni ejércitos ni legiones, algo que no sería tan utópico, si pensamos en países, por citar algunos como Islandia, Costa Rica etc... Siempre podríamos recurrir a pactos, convenios internacionales y otras alternativas más pacifistas... Se que habrá, quien sarcástico, se carcajee. ¡Que gente tan belicosa como los vascos, nos vengan de pacifistas! ¡Ya tiene bemoles! Mire señor mío, de belicosos nada de nada. Nunca hemos ido por ahí de conquistadores, de genocidas o de invasores. Claro que hemos peleado. Recurran a una historia veraz y verán que nuestras luchas solo han tratado de defender y preservar nuestro estado e instituciones. En defender como tantas veces lo hemos expresado nuestra, “aitaren etxea”. En eso ha consistido toda nuestra belicosidad. Lo de ETA, equivocada o disparatada, que cada uno piense lo que quiera, una modalidad de defensa que muchos vascos no compartimos, pero que tiene su explicación. Pero sin duda, una de las grandes ventajas de un estado soberano, es la capacidad de gestionar y crear su propio espacio educativo. Un sistema educativo igualitario, público, solidario y al alcance de todos los ciudadanos. Y ya puestos a soñar y con la idea de que las utopías, cuando trascienden las puras ideologías (Mannhein) pueden realizarse, puesto que siendo soberanos manejaríamos nuestros propios recursos, ¿por qué no aspirar a una sanidad pública modélica? Estaría en nuestras manos, no en las decisiones del funcionario ministerial de turno, siempre ávido en el recorte de los dineros vascos.... Los que si se quedarían al pairo, son ciertos sindicatos que dormitan o vegetan en nuestros lares, pero que su alma y cazo, sistemáticamente, trapichean en la corte. Porque lo de los sindicatos españoles, ya es escandaloso. No es que no se enfrenten a este capitalismo salvaje y destructivo que esta atomizando y expoliando a la clase obrera. Son el mejor gendarme que ha encontrado la oligarquía para seguir imponiendo sus fechorías y frenar las aspiraciones justas del proletariado. Evidentemente, no es mi propósito hacer un diseño institucional de una futura Vasconia libre. Para eso existen otros mecanismos, mentes más doctas, y la expresión de la ciudadanía. Son simples sugerencias a las que cabría añadir otras muchas, para el día en que nuestro pueblo, haga realidad esta utopía. Hasta hora, la violencia institucional de los estados -judicial, mediática y sobre todo policial-, quizás la más violenta y la causa de las otras violencias, impera sobre la fuerza de la razón. El citado Mannheim, asegura sin embargo que, al final, la dialéctica de la razón por la que son, como en estos días, encarcelados los más comprometidos patriotas vascos, suele alcanzar sus objetivos. Es esta razón, la que nos motiva, para gritar incansablemente su mensaje, y por supuesto porque creemos en su eficacia y virtualidad. De no ser así, nos dedicaríamos al parto de juegos líricos, tan glamurosos como estúpidos sobre el sexo de los ángeles. Pero en Euskalherría, no estamos para retóricas neutras y casquivanas. Hoy, ante esta vulneración de los derechos humanos que nos está cayendo, es el tiempo del compromiso, de la denuncia y de la solidaridad. Publicado por Nabarralde-k argitaratua
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