Inicio Catalunya Lluís Llach: '¿Cómo nos frenará el Estado? ¿Qué disparate hará? Y después, ¿cómo lo arreglará?'

Lluís Llach: '¿Cómo nos frenará el Estado? ¿Qué disparate hará? Y después, ¿cómo lo arreglará?' PDF Imprimir E-mail
Pere Cardús   
Miércoles, 02 de Agosto de 2017 20:30

Entrevista al diputado de Juntos por el Sí a dos meses del referéndum: Parece que se ha abierto la tapa de la cloaca y que sale un Estado policial'

Es la voz de la conciencia independentista. Con la vida resuelta y proyectos de emprendedor y de solidario en marcha, Lluís Llach habría podido mirar hacia otro lado y no haberse envuelto en un proceso que todo el mundo sabía que exigiría sacrificios personales. Al frente de la lista por Girona de Juntos por el Sí y asumiendo un papel de hombre-vaselina dentro del grupo parlamentario, son pocos los que no reconocen el papel decisivo de Llach desde el 27-S hasta ahora que las cosas empiezan a ir de verdad. Hablar con Llach es como poner el termómetro. El tono de voz, la mirada y el gesto son muy diferentes cuando las cosas van de soslayo y cuando las cosas están encauzadas. Ahora nos encontramos en una de estas segundas situaciones. A dos meses del ejercicio definitivo de la autodeterminación, Llach ve pocas posibilidades de que el Estado español consiga detener, aunque sea provisionalmente, la voluntad democrática de los catalanes. Unos cuantos días de vacaciones en Senegal para hacer el seguimiento de los proyectos que hace su fundación y algunos ratos de lectura debajo de unos cocoteros permitirán al excantante coger aire y renovar ideas para las semanas más decisivas de la historia reciente de Cataluña. Veamos qué nos cuenta:

 

-Parece que las cosas ya van más en serio. La tensión sube de nivel.

-Yo diría que hemos ido quemando las etapas de una manera conveniente. Tocaba lo que tocaba en cada momento. Fue el momento de la negociación de la investidura, el de la reanudación, momentos delicados como el del no al presupuesto... Y esto se superó gracias a un reflejo republicano y a la inteligencia del presidente. Las dificultades han sido transformadas en pasos adelante significativos. También hubo ese momento tan interesante del pacto por el referéndum. Hemos ido haciendo las etapas con todas las dificultades que implicaba un temporal como el que pasamos, pero de manera gradual y lógica. A pesar de las dificultades, los obstáculos y las transversalidades extremas de toda la gente que participa en el proceso, estamos donde debemos estar. Ciertamente, hemos llegado al momento crucial y definitivo. Y se ha hecho en el tiempo que se había prometido. Si quitamos el período previo a la investidura y el paro del presupuesto, estamos en los famosos dieciocho meses.

 

-La cuestión de los dieciocho meses ha sido un debate de cuatro gatos, ¿no?

-Estos cuatro gatos deben estar todos dentro del parlamento. Porque yo, en cada pleno, les escucho decir que somos unos mentirosos porque hace más de dieciocho meses... Los gatos están todos aquí dentro. Y yo los escucho y me justifico.

 

-De esos gatos parlamentarios, ¿los que le sabrán peor son los de izquierdas que no acompañan en un momento como el actual?

-Sí. Lo siento. Y he de mantener una posición crítica con ellos. Pero al mismo tiempo también entiendo que la única manera de mejorar la situación es dar la mano, abrir los brazos y esperar que las empatías que se puedan ir creando durante estos meses que quedan sean suficientemente fuertes para tener mejores resultados. Si miramos atrás, hace dos o tres meses, esta izquierda afirmaba que no participaría en ningún referéndum que no fuera pactado. Dentro de este mundo hay postulados muy diversos. Se ve claramente con el grupo de Cataluña Sí se Puede. Yo creo que hay tres. Y hay quien dice que llegan a ser cinco visiones diferentes.

 

-Varias familias y tendencias...

-Pero una gente que se define como republicana y soberanista, ante los desafíos y de los embates que recibimos, sinceramente, pienso que no se podrán mantener en la indefinición. Estos días de interrogatorios de la Guardia Civil pensaba que habría twitts que mostrarían la indignación de la gente más significativa de este sector. Especialmente con el caso de Joan Ignasi Elena, que había presidido una mesa participativa en la que ellos estaban sentados. Para mí, esto es grave y fastidioso. Pero tengo la esperanza de que la evolución que harán durante estos dos meses que quedan les llevará a apoyar el referéndum del 1 de octubre. Han pasado del 'no iremos a ningún referéndum que no sea pactado' al 'referéndum efectivo', al 'referéndum-movilización', y al 'referéndum no vinculante'...

 

-Confía en que esta evolución acabe bien.

-Espero que las bases y los dirigentes de este sector de la izquierda entiendan que el 1 de octubre nos jugaremos mucho más que la independencia. Si no se hace el referéndum, habrá perdido la democracia. Y la calidad democrática del Estado quedará bajo mínimos. Como republicanos, soberanistas y activistas sociales, deberían participar. Si es vinculante o no, no lo podemos decir ni ellos ni nosotros. Que sea vinculante dependerá de la participación y de la gente.

 

-Hay gente que todavía duda que se pueda hacer el referéndum. ¿Lo entiende?

-Lo cierto es que tenemos un adversario temible. Siempre que se le han planteado situaciones similares y ha sido ante dilemas como 'el antes roja que rota', el Estado español ha respondido de muy mala manera. En las circunstancias actuales, la respuesta habitual le es muy difícil al Estado español. El Estado español lo tiene muy difícil para pararnos. Y nosotros no somos conscientes de eso. Lo imaginamos siempre omnipotente. Y el Estado español no es omnipotente. Haremos todo lo que se pueda hacer para que se haga. Y el Estado allá él. ¿Me entiendes? A mí, especular sobre qué puede hacer o dejar de hacer... Ya lo hará. Estoy convencido de que lo haremos porque tenemos las herramientas para poder hacerlo. Y tenemos una cámara parlamentaria con una mayoría absoluta elegida para hacer esto. No tenemos que sufrir por las urnas, que estarán en su sitio. Las papeletas, también. Todo estará y se podrá votar. ¿El Estado? Sí. Existe y es poderosísimo. Que hagan. Que hagan.

 

-El próximo paso decisivo será la aprobación de la ley del referéndum en el parlamento. ¿Será el punto de no retorno?

-Claro. Supongo que cuando aprobemos esta ley el Estado español se enfadará mucho. Pero, escucha, ya decidirá qué quiere hacer. Nosotros, a lo nuestro. Decidiremos y haremos valer los principios democráticos. Qué debe hacer el Estado español cuando nosotros aprobemos la ley, es su problema. No es nuestro problema. El nuestro es cómo contestamos después. Pero ahora no hay que discutir todo esto. El Estado español que haga lo que quiera y que sepa que será responsable de sus actos. Será responsable ante la comunidad europea e internacional, ante nosotros y ante los demócratas españoles. Que también existen.

 

-¿Quiere decir que no puede hacer cualquier cosa?

-Un nuevo Erdogan en el sur de Europa no será tolerado. Y no va nada de acuerdo con la tendencia de una Europa que está en vías de renovación. ¿Cómo hará para parar con parámetros democráticos un proceso que proviene de un aliento democrático de la calle? ¿Cómo lo hará? ¿Qué disparate puede hacer? Y después, este disparate, ¿cómo lo arreglará? ¿Qué estado de sitio quiere imponer? ¿Y las elecciones posteriores? ¿Cuántos seremos los que nos querremos marchar de España después de un estado de sitio? El Estado debe ser muy prudente y debe medir bien sus actos.

 

-La vía que han tomado es la de individualizar la amenaza y la represión.

-El miedo. Quieren individualizar el miedo. Y creo que quieren demostrar que pueden dar miedo de verdad. Cuando ellos colectivizan la amenaza diciendo que perseguirán a los voluntarios, lo cierto es que se ríen desde aquí hasta Berlín. Si el Estado no quiere salir de los parámetros democráticos mínimos, ¿cómo pretende hacer algo así? Pero es cierto que juegan la carta del miedo, y de manera muy terca. Diría que con casos como el interrogatorio de Joan Ignasi Elena han hecho un exceso que pagarán caro. Esto no se puede justificar de ninguna manera. Con Joan Ignasi Elena, portavoz del Pacto Nacional por el Referéndum, entramos en otra historia.

 

-¿Qué historia?

-Quizá entramos en un nuevo Estado policial. Es un Estado que hasta ahora conocíamos por las cloacas que nos habían enseñado los documentales y las investigaciones. En este parlamento hemos oído disparates muy grandes. Por ejemplo, hemos escuchado el testimonio de un periodista que nos pidió que alguien lo denunciara. Esto es muy impresionante. El señor Bayo [periodista de Público que ha investigado la operación Cataluña] pidió que alguien lo denunciara porque era la manera de que las pruebas que él tenía fueran aceptadas por un juez. Hasta ahora no se han aceptado estas pruebas. Todo esto estaba en un ámbito de cloacas, medio secreto, pero ahora ya parece que se ha abierto la tapa y que sale un Estado policial. Yo tengo setenta años y todo me recuerda un Estado policial. Y eso no hace más que llenarnos de razones.

 

-Esta represión individualizada, ¿le preocupa, en su caso?

-Yo estoy a punto de estirar la pata. Esto tiene más valor cuando tienes cuarenta años, treinta, cincuenta... Pero a los setenta... Oye, ¿qué quieres hacer?

 

-Pero si tocan el patrimonio, es de los más ricos del parlamento...

-Sí... Bueno, ¡me hicieron el más rico de Europa!

 

-Pareció que entraba en la lista de Forbes.

-Sí, sí... Ha, ha, ha. No sé cuántos ceros de más me pusieron. Llamé a mi gente y les pregunté si era verdad: '¿Cómo es que no lo noto?'

 

-Bromas aparte, ¿no ha pensado en esta posible represión?

-Yo he pensado en ello. He pensado cómo me podía tocar el recibirlo. Incluso, he hecho mis provisiones. He cogido las pastillas que necesito, etc. Pero mi caso no sería el más grave. Hay gente que tiene criaturas y acepta esta responsabilidad en posiciones de mucha más trascendencia. Yo diría que en el grupo parlamentario hay preocupación, pero no hay miedo. Ya lo sabíamos. Y si alguien no puede encarar la situación, lo hemos hablado siempre. No pasa nada. Es muy comprensible que haya situaciones personales que no sean tan fáciles como la mía. Entre los que dieron el paso al lado, los había que tenían problemas personales graves pero querían ser leales a su compromiso, y dijeron: 'Si quieres que continúe, lo haré, pero me pasa esto...' Todo el mundo sabe que se la juega. Lo sabíamos desde el principio y aceptamos esta responsabilidad. Y ahora estamos en el momento en que vemos las consecuencias que tienen nuestros actos parlamentarios o de gobierno.

 

-¿Pero no le ha sorprendido que algunos consejeros no hayan hecho esta reflexión hasta hace cuatro días?

-Es cierto que todo habría sido más fácil si hubiera pasado antes. Pero se ha hecho ahora. De repente, las circunstancias han comenzado a aparecer. Yo hubiera deseado que todo esto hubiera pasado uno o dos meses antes. Pero las cosas siempre tienen más de una mirada. Y ha sido importante que este mensaje de firmeza se haya expresado en el momento que el Estado español parecía más inflamado. Ante este miedo, el gobierno ha contestado con más firmeza. Esto también es importante como mensaje. Los que predicamos por el país hemos notado que este mensaje de determinación ha llegado bien.

 

-¿Qué estado de ánimo encuentra por el país?

-Te lo diré con una frase. Y es la frase que lo resume todo. He estado dando vueltas por el país durante un año. Y la pregunta siempre era '¿qué haréis?'. Y ahora es '¿qué debemos hacer?'. Ya está. Esta es la pregunta que me hacen por todas partes. Tengo que decir que en esta campaña que hemos organizado las asistencias son multitudinarias. Hace unos meses me enviaban a mí a todas partes porque llenaba los sitios. Pero ahora ya no es necesario. Cuando un diputado va a un pueblo, el local se llena. La gente está muy interesada.

 

-¿Hay ambiente de 'la hora de la verdad'?

-Entre la gente que nos viene a escuchar, seguro. Y yo diría que ha habido un revivir de la gente que se moviliza.

 

-¿El Once de Septiembre es decisivo?

-Será muy importante. Ostras. Creo que, de todos los que hemos hecho, este será el más importante. La gente que no lo dude. El Once de Septiembre es la gran escenografía que verá el mundo. Podemos demostrar que esto no es una aventura política de cuatro Maquiavelo. Quedará claro que es la voluntad de la mayoría de un país. Será el estallido mayor. Estaremos en plena aprobación de la ley del referéndum y de todo lo que pueda pasar después. Es importantísimo.

 

-Dicen que ha cogido un papel político decisivo en el parlamento. Que parece un político de vocación. ¿Todavía tiene ganas de cerrar bien esta etapa?

-Lo de la ley de la transitoriedad va conmigo, tú. Yo soy transitorio absoluto. No. No, no, no... Estoy apasionado. Porque el objetivo es apasionante y es un acto de coherencia con una trayectoria vital y de activismo. No sé cuando empezó. Quizás cuando yo tenía veinte años. Poder estar aquí, en este momento, tratando de ayudar a hacerlo posible es un honor. La gracia de esto de Juntos por el Sí es que hemos sabido hacerlo de modo que cada uno tuviera su manera de participar desde una cierta humildad. Yo lo llamo la mentalidad Muriel Casals. Acaso es una de las enseñanzas que nos dejó aquella mujer. Estamos aquí para hacer un trabajo. Y hay que saber qué capacidades tiene cada uno para ponerlas al servicio del proyecto común.

 

-¿Y cuáles son las suyas?

-Cuando al principio dije que había venido a hacer de florero, la gente se escandalizó. Pero es mi trabajo. Y un florero debe dar buen olor y se debe poder presentar ante la gente. Y debe decir 'mirad qué colores más bonitos' y 'qué piropos tengo por aquí y qué piropos tengo por ahí'. He hecho esto durante mucho tiempo. Pero esto también lo han hecho Germà Bel, Josep Maria Forné, Carmina Castellví, Anna Caula... Cada uno se ha preguntado para qué servía. Y esto quiere decir que cada uno ha encontrado un lugar. La valoración de mi servicio la deberá hacer la otra gente. Si he servido, estoy encantado.

 

-Tengo entendido que ha hecho algo más que de florero...

-Bueno. Por ejemplo, en el momento de entrar aquí, yo entendí que mi obligación era ayudar mucho a la gente de Convergencia. Lo entendí así. Si me limitaba a entrar en un grupo transversal para quedarme en el lugar de donde yo venía, no tenía ningún interés. El interés era intentar comprender y ayudar a la gente que quizás no era exactamente de mi cuerda ideológica. Y tal vez la gente me aceptó porque era una persona más o menos conocida como cantante y hubo una empatía. Vi que podía ser útil haciendo esto y me he dedicado a ello de todo corazón. Los primeros días cogí a Jordi Turull y a Marta Rovira y les dije: 'Yo para los trabajos de comisión serviré bien poco si no se habla de arreglos musicales'. Pero, para evitar la desconexión con los electores y activistas de Juntos por el Sí, me ofrecí a recorrer el país.

 

-¿Hará unos días de vacaciones?

-¡Sí! Poquitas, pero me han dado permiso para ir a Senegal unos días. Porque lo he pedido, casi lo he implorado. Cuando se hacen estas trabajitos en el mundo africano, te han de ver. Es imprescindible. He podido ir cada tres o cada seis meses. Tengo unos amigos que van cuando yo no puedo. Y la presencia es una manera de demostrar el compromiso de continuar trabajando. Así, la gente no se desanima y piensa que los gastos estarán cubiertos y que estás detrás del proyecto. Todo esto es importante. Aparte, ver de repente dos cocoteros... Será la mejor 'chaise longue' de psicólogo que pueda tener.

 

-¿Funcionan y tienen buenos resultados, los proyectos de la fundación en Senegal?

-Tengo dos o tres muy bonitos. Lo que me hace más ilusión, quizá porque ha sido una sorpresa, es lo que hicimos con Àngels Navarro y Ramón Muntaner. Hicimos una biblioteca con el nombre de Nelson Mandela. No teníamos claro si tendría suficiente aceptación y si daría servicio. Y hay sobresaturación de asistencia. Nos llena y nos anima mucho. Después tenemos un programa de computadoras para las escuelas. Ha sido muy difícil porque no ha habido electricidad hasta este año en un liceo de ochocientos alumnos. Ahora planificamos hacer un aula informática más importante. Y luego, algo que ha sido muy bonito, es que la gente me ha hecho servir de excusa a mí o a mi fundación para hacer cosas.

 

-¿Como ahora qué?

-Por ejemplo, en el ámbito médico se han hecho cosas muy bonitas. Una vez un grupo de estudiantes de Blanquerna vinieron a masajear a los abuelos y las abuelas. Vinieron fisioterapeutas. Y, oye, me arreglaron medio pueblo. Ahora hemos hecho un estudio de campo sobre la diabetes. Teníamos mucho miedo porque la gente toma mucho azúcar con el té y come arroz refinado con el almidón y todo eso. Nos hemos llevado una sorpresa porque las tasas son aceptables.

 

-¿Y aquellas barcas?

-No nos ha funcionado muy bien el proyecto de los cayucos. Fue la primera gran motivación. Fue muy difícil, pero tirábamos adelante. Y cuando parecía que empezábamos a funcionar, pasó un temporal que hundió una de las dos embarcaciones. Y el hecho de que hubiera dos cayucos era importantísimo porque con uno solo no se puede capitalizar. Y eso nos truncó todo el proyecto. Y yo ya no tengo dinero para hacer otro. Debería ser con la colaboración de más gente. Sólo tenemos una piragua, que empleará a doce personas. Son doce familias. ¡Bastante!. Pero no es el proyecto emblemático que teníamos pensado. Queríamos hacer del símbolo de la desgracia de tantos muertos un símbolo de trabajo, de trabajo y de futuro.

 

-¿Los catalanes pueden colaborar de alguna manera con estos proyectos? ¿Hay una cuenta para ingresar dinero?

-Sí. Tenemos una página web un poco abandonada. En ella están las indicaciones para hacerlo. Ya hay gente que nos da dinero. Pero la gente tiene muchas dificultades. Y vamos avanzando. Lo vamos logrando. Lo más importante sería poder estar allí. Hay una persona de manera permanente. Es un activista fantástico. Un muchacho que hizo el intento de venir aquí con una barca de más de doscientos hombres y mujeres. En aquel viaje murieron ochenta. Él sabe perfectamente porque está allí en la fundación. Se debe estar allá.

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